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SHOTTA

Shotta, hecho, es fácil

 

Comenzó con su hermano Tote King en un disco acreditado a ambos cuando casi no alcanzaba la mayoría de edad. Después, en el 2004 llegaría su debut, La selva, al que seguiría una época de inestabilidad. Ahora, perfectamente asentado como una de las mayores realidades del hip hop en castellano, llega su segundo disco, Sangre.

 

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ULTRASÓNICA

MEJORES DISCOS DE LOS 90


THE LEMONHEADS: It’s A Shame About Ray (Atlantic-DRO, 92)

 

            Habría que resituar a Boston como la gran ciudad del pop-rock de los 90. Sólo por haber engendrado en sus calles a los Pixies ya sería suficiente mérito. También de allí surgieron The Breeders, Buffalo Tom, Throwing Muses o The Lemonheads.  

            Seattle tuvo su importancia en el reciclado del rock más correoso, entonces llamado grunge, pero su estela se apagó en el mismo momento en que Kurt Cobain se pegó un tiro. Las razones por las que Nirvana se llevaron toda la atención y otros grupos como los Pixies no, se escapan a toda lógica, cuando la obra y la trayectoria de estos últimos fue modélica. Tal vez se trate de estar en el momento justo en el lugar preciso. 

            Pues bien, ni los Pixies ni The Lemonheads cumplieron con este requisito. Ambas bandas fueron adelantadas de la escena hard-core. En el caso de The Lemonheads, más exactamente de la escena pop-core, ya que tenía un oído especial para las melodías pop como dejó perfectamente demostrado con y después de It’s A Shame About Ray

            Fue en este disco en el que Evan Dando supo condensar mejor la prisa de sus manos y el ritmo de sus pies al tocar y botar, con el pop que tenía alojado en el subconsciente de su cabeza. A partir de ahí se convirtió en un icono pop para las fans del rock independiente, al menos en el mundo anglosajón, y sus siguientes discos, todos con grandes canciones, no volvieron a acertar en la diana considerados en su conjunto: por ello es tan recomendable, también, su colección final de singles. 

            Lo mejor de It’s A Shame About Ray radica en haber sabido combinar como muy pocos discos lo mejor de lo que se conoce como power pop: guitarras y melodía en sus escasos veintinueve minutos. Durante la década en la que se editó, tan sólo un escaso ramillete de discos se le pueden comparar: Bandwagonesque de Teenage Fanclub, Girlfriend de Matthew Sweet o Copper Blue de Sugar. 

            Tal vez la clave estuviera en que, al contrario que los cuatro discos que le habían precedido, Evan Dando se había hecho con el control del grupo, quedándose solo y contando únicamente con la colaboración ocasional de su antiguo batería Dave Ryan y de la ex-Blake Babies Juliana Hatfield. Sus demonios interiores, hasta entonces expuestos a través de una capa de distorsión, encontraron una nueva brisa impulsada por el sol, aunque, si uno se aventuraba a atisbar debajo, se podía intuir esa cara siniestra. Canciones como “My Drug Buddy” son las que Gram Parsons, de estar aún vivo, le gustaría recrear todas las noches en su karaoke privado. 

Recomendado en una línea similar: 

Girlfriend de Matthew Sweet (1992)

Xavier Valiño