Afincados en el Área de la Bahía de San Francisco, Rupa & the April Fishes componen música que desafía cualquier clasificación. Su álbum debut, eXtraOrdinary rendition, deja al descubierto influencias de la chanson francesa, el tango argentino, el swing gitano, el folk estadounidense, las cumbias latinas eincluso las ragas indias.
CAMPUS GALICIA MEJORES DISCOS DE LOS 90 P J HARVEY TO BRING YOU MY LOVE
Escrito por Administrator
CAMPUS GALICIA MEJORES DISCOS DE LOS 90 P J HARVEY TO BRING YOU MY LOVE
P
J HARVEY: To Bring You My Love (Island – Mercury, 95)
Aún hoy provoca una sonrisa
condescendiente pensar que To Bring YouMy Love fue presentado por algunos como el álbum accesible de P J
Harvey. Sería por su sonido, minimalista pero menos agresivo, porque lo que
eran los textos... Ya, ya, así que el primer single “Down By The Water” era
una cruda balada sobre una suicidio por ahogamiento. Y el resto del disco no
hablaba más que de conductores que buscan prostitutas desde su coche,
encuentros satánicos, embarazos escalofriantes, sexo compulsivo, llanto sin fin
e imprecaciones suplicantes al Señor que está ahí arriba.
Está claro que, al menos, To Bring
You My Love no se dedicaba a destrozarnos el sistema nervioso sin respiro
tal y como habían hecho sus dos primeros discos, Dry
y Rid Of Me –álbum este último
que tuvo réplica en la colección de maquetas aún más desnudas 4-Track Demos-, todos ellos discos tan crudos que ni su propia
autora podía escuchar seguidos en su integridad. Tampoco conseguía que The
Holy Bible de los Manic Street Preachers, uno de los discos más duros jamás
grabado, pareciese ligero en comparación como había sucedido con los
anteriores. Ni tampoco lograba aniquilar al oyente con napalm a los pocos
minutos de empezar su escucha. No, pero nadie puede decir que fuera
reconfortante o que mostrase alguna luz al final del camino en el desolador
panorama de una discografía imprescindible.
El paisaje cáustico y monocromático de Rid
Of Me, en el que la autora hacía un relato desolador de la vida en el mismo
momento de una ruptura, sin importarle en absoluto lo perturbadoras que pudieran
llegar a ser sus imágenes, sugería que P J Harvey estaba llegando a un callejón
sin salida. Por suerte, no estaba más que preparando el camino para el
siguiente paso. Para su tercer disco auténtico, Polly Jean reclutó a una
formación enteramente nueva, y dio el proverbial paso de gigante hacia la
grandeza. Todavía seguía siendo ella sin duda alguna –sensible, melódica,
abrasiva y encarada-, pero los medios utilizados para conseguir el resultado
ampliaron su campo de acción.
Sobre su omnipresente voz inmensa y su guitarra serrada, la producción salvaje
del disco enviaba los instrumentos agolpados en la mezcla a ángulos
insospechados –juega con el botón del balance y lo comprenderás-. Aún así,
las canciones parecían haber sido destripadas hasta su mínima esencia, sin
emplear a menudo más que un riff de blues esquelético, interpretado tanto a la
guitarra como al bajo, y una base de órgano con apariencia de canto fúnebre
que ayudaban a componer un ambiente cargado de presentimientos y tensión. Tal
vez con la excepción de Kurt Cobain, ningún otro artista de los 90 castigó su
psique tanto como P J Harvey en este disco angustioso y, a la vez, hermoso.