Afincados en el Área de la Bahía de San Francisco, Rupa & the April Fishes componen música que desafía cualquier clasificación. Su álbum debut, eXtraOrdinary rendition, deja al descubierto influencias de la chanson francesa, el tango argentino, el swing gitano, el folk estadounidense, las cumbias latinas eincluso las ragas indias.
Al contrario de la creencia popular, no todas las versiones del sueño
americano pasan por alcanzar un poder que aplaste al mundo, una férrea -y
falsa- salud y una larga línea de gente que sólo piensa en adularte a la
puerta de tu casa. Hay otra fantasía igualmente perversa, pero mucho más romántica
que predica la idea de la escapada, de salir volando de la ciudad y construirse
un reino propio en los amplios espacios abiertos de América; una desesperada
carrera espiritual hacia la soledad y la libertad.
Es un sueño que, trasladado al Manifiesto Destino, llevó a muchos
colonos europeos en un largo recorrido hacia el oeste, hasta que llegaron al Pacífico
o bien se quedaron en el camino, se volvieron locos e inventaron California. Y
ése es el sueño que yace en la médula de Deserter’s
Songs, el grandioso cuarto álbum de Mercury Rev.
Con sus relaciones personales convertidas en un callejón sin salida y su
grupo fragmentándose alrededor de él, Deserter’s
Songs es el documento de la escapada de Jonathan Donahue, la cabeza visible
de Mercury Rev: música de grandiosidad descarada que saca a la luz crisis
personales a una escala enorme, sazonadas con imágenes de grandes cielos húmedos
y océanos desbocados, de autopistas y líneas de ferrocarril que se extienden más
allá del horizonte visible.
Deserter’s Songs resulta ser
una fantástica banda sonora para un sueño del tipo Alicia
en el país de las maravillas: una mezcla de instrumentación ecléctica
(vientos, cuerdas,órganos, flautas, etc.), orquestas submarinas y estrafalarias nanas que
conducen a la fantasía. Antes lo habían intentado artistas de los 60 como los
Beach Boys o Van Dyke Parks, de-construyendo la realidad a través de prismas
favorecidos por la experimentación con las sustancias químicas y los arreglos
orquestales. Aquella estética de un Las Vegas lisérgico murió con los 70,
pero Mercury Rev recobraron un soplo de su cadáver a finales de los 90.
“Ése amplio mar azul que se no puede cruzar, que no se puede
escalar”, canta un Jonathan Donahue lleno de respeto en “Holes”, haciendo
suyas las infinitas posibilidades que un mundo tan enorme y hermoso le ofrece
para perderse, al tiempo que demuestra que la música puede ser épica en su
concepción y en la práctica sin sonar pomposa, ni falsamente mística, ni
hinchada con lugares comunes y clichés. Esta vez, Mercury Rev colocaron y
celebraron el mapa de la Gran Música
–al igual que sus colegas The Flaming Lips doce meses después-. ¿Y el
resultado? Un clásico moderno.