Manolito, Quique, Moncho y Álvaro. Pop para el mundo desde Baiona. Primero fue Como un maldito guisante, un tratado del mejor hacer acústico que a muchos llevó en la dirección de los Beatles y del pop británico de los 60. Culebra es su continuación, un segundo álbum que los sitúa de nuevo en la primera división, ahora con presencia eléctrica y con un ojo también en el pop británico más reciente. El día 12 lo presentan en Caldas dentro del Festival Cultura Quente.
“Éramos
unos jóvenes realmente serios,” comenta Jeff Tweedy, sobre él mismo y Jay
Farrar, los principales compositores en Uncle Tupelo. “Queríamos escribircanciones sobre cosas en las que creyéramos, sobre cosas que tuvieran
que ver con nuestras vidas. Evidentemente, pormuy pequeño que fuera nuestro universo, eso era todo lo que estaba a
nuestra disposición. Así que nos centramos en las únicas cosas que conocíamos
para escribir sobre ellas.”
“Escribir sobre lo que conoces. Desde luego es el consejo más básico
que se les da a los jóvenes compositores y, probablemente, sea el mejor. Lo que
no se dice, y el verdadero problema, es lo difícil que es escribir sobre lo que
conoces,” comenta Jay Farrar, la otra mitad compositora del grupo que existió
entre 1988 y 1994. “Más difícil aún es si tienes poco más que veinte años
y estás buscando un propósito a lo que haces.”
Irónicamente, el otro problema con tal consejo es que no comprende la
creatividad que otra gente ha puesto en hablar de lo que conocen, de forma que
otra gente pueda hacerlo también. En los dos primeros discos de Uncle Tupelo
–No Depression (1990) y Still Feel Gone (1991)- Jay Farrar
-guitarra- y Jeff Tweedy -bajo- inventaron un lugar llamado Belleville,
Illinois, que curiosamente es el lugar a cincuenta kilómetros de St. Louis en
el que ellos y el batería Mike Heirdon crecieron. Como el Nueva York de Lou
Reed o el Asbury Park de Bruce Springsteen, Belleville era, a la vez, un lugar
real e imaginario, en el que todo el mundo podía entrar, incluso aunque nunca
hubieran pasado por allí.
Ya desde el principio había algo en su música. Retomaron la energía
del punk, como demuestra, por ejemplo, su tema “Graveyard Shit”, pero, al
mismo tiempo, el country de canciones como “Screen Door” demostraban que tenían
un espectro más amplio que el de sus contemporáneos. En esta última cantaban:
“No nos importa lo que sucede más allá de la puerta. Todo lo que hacemos es
sentarnos en el porche y tocar nuestras canciones. A veces vienen los amigos y
se nos unen.”
No es de extrañar que hoy la escena del country alternativo -Ryan Adams,
Lambchop- los tenga por precursores. Aquel primer disco, No Depression,
tenía el título de una canción de la Carter Family, la legendaria familia del
country. “Crecí en un entorno familiar en la que, diariamente, había
muestras de respeto por la música de raíces,” reconoce Jeff Tweedy. “Mis
amigos querían conocer esa música y tocarla. En esa parte del país está por
todos lados. Es algo así como si la Cámara de Comercio te regalara los discos
de Johnny Cash. Por esa razón la rechacé al principio. Pero, de repente, me
sentí muy atraído por la oscuridad de esas canciones. Recuerdo que en algún
momento descubrí que daban mucho más miedo que cualquiera de la banda heavy más
bruta.”
Después de aquellos dos discos, imbuidos por la energía de dos jóvenes
intentando darse a conocer, llego el momento de la reflexión y de sacar la vena
folk. Contactaron con Peter Buck de R.E.M. y en cinco días grabaron quince
canciones acústicas, March 16-20, 1992. “Fue nuestra cima. Habíamos
hecho dos discos que reflejaban nuestro sonido en directo. Cuando editamos el
tercero, tan desnudo como podía ser, sabíamos que podía enfrentarse a
cualquier otro disco que anduviera por ahí,” dice Jeff. “De hecho, es un
disco ajeno a su tiempo, que suena igual que cualquier disco del Dylan de los 60
o que uno de ahora mismo. No puedes decir cuándo fue grabado.”
La madurez como compositor de Tweedy, teniendo en cuenta que el grupo había
empezado como algo de Farrar, los condujo a los primeros problemas. “Empecé a
la sombra de Jay,” reconoce Jeff. “Trabajé duro para conseguir que mi
material pudiese situarse a su altura. No hubiese cantado si él no me hubiera
empujado a hacerlo. Se negó a cantar mis canciones. Así que era ya una situación
de igualdad, en la que los dos componíamos canciones para el grupo en el que
habíamos crecido. Cuando yo cogí confianza, la dinámica cambió.”
La grabación del último álbum, después de que el batería que servía
de puente entre los dos los abandonara, marcó el principio del fin. El contrato
con la división de una multinacional les empujó a grabar Anodyne (1993),
su último y cuarto disco, en directo en el estudio, para no sufrir
intromisiones.
Acto seguido, Jeff anunció su marcha del grupo. “Intentamos que fuera
amistoso, pero no podía ser. El hecho de que compusiéramos por separado y
compartiéramos un grupo para grabar las canciones fue la principal causa de la
separación. Habíamos decidido compartir los créditos de la composición en
los discos, como los Beatles y The Clash, aunque deberíamos habernos dado
cuenta que ellos también acabaron así,” explica Jay.
Ahora queda su legado y una enorme influencia en otros grupos. El mejor
ejemplo es la revista No Depression, que, tomando el título de su primer
disco, se ha convertido en la Biblia del country alternativo. Jeff formó Wilco
y Jay hizo lo propio con Son Volt, dos grupos también ya clásicos.
Ahora se reeditan todos sus discos, con canciones extra, y un
recopilatorio,89-93: An
Anthology (Sony). “Básicamente, estoy feliz de que se le haya dado otra
oportunidad a nuestras canciones,” confiesa Jay. “Para mí,” dice Jeff,
“es como ver un álbum de fotos. Me sorprende que haya estado en un grupo que
genera el mismo tipo de culto que muchos de los grupos que he amado.”