Tras cinco álbumes, sabemos ya lo que se puede esperar de un disco de Chemical Brothers. Y Tom Rowlands y Ed Simons saben mejor cómo hacerlos. “Hemos encontrado nuestra forma de trabajar”, declara Tom. “Y eso significar tener nuestro propio estudio y experimentar durante meses y meses, luego colaborar con gente cuando tenemos algo que nos emociona. Todavía nos divertimos mucho entrando en el estudio. Todavía lo vemos como un lugar asombroso donde algo mágico puede suceder”.
Puede que no sorprenda tanto, pero All That You Can Leave Behind
encierra algunas buenas canciones. De todas formas, y una vez terminada la etapa
de experimentar, lo de U 2 se puede convertir en algo parecido a lo de los
Rolling Stones: discos con alguna canción apetecible, giras, homenajes... Sólo
que Bono tiene preparada una buena retórica para demostrar que intentan huir de
ello.
- La grabación de All
That You Can Leave Behind ha vuelto a ser difícil, ¿no?
- Fue dura en ocasiones. Hubo muchos
momentos oscuros. Decidimos grabar en Dublín, así que, tras cada jornada,
tienes que volver a casa y tratar también con esa gotera en el techo. Nuestros
productores pensaban que interfería en el trabajo. Más tarde nos robaron un
ordenador portátil con las letras. Pero en los últimos seis meses las cosas
fueron mejor, todo el mundo estaba de buen humor y parecía que le estábamos
ganando a las canciones. Las voces, que queríamos que sonasen de una forma muy
concreta, empezaron a sonar bien.
- ¿Suele suceder siempre
así?
-
Puede decirse que sí. O tal vez sea la edad. No me sorprende lo terrible que
puede ser el mundo, pero tengo que acordarme de prestar atención a las cosas
hermosas. Una ola que rompe, un árbol hermoso, respirar, comer, hacer el amor,
correr por una carretera, tocar un acorde y saber cuál va a ser el siguiente...
- ¿Tenéis por fin la
sensación de que es un disco acabado?
- Sí,
algo que no pensamos de Pop. Nos quedamos frustrados porque, por ejemplo, “Staring At The
Sun” hubiese sido un single increíble de tener un mes más de tiempo para
grabar. En las entrevistas nos preguntaban por el disco y no sabíamos qué
decir. Al principio de la gira, la primera noche, sentí miedo real, algo que no
pasó antes, por no saber qué iba a suceder, hasta el punto de que el sudor hacía
muy difícil seguir.
- ¿Hay en este disco una
intención de recuperar algo del pasado?
-
Sé la dificultad de recuperar el terreno que hemos perdido. No fue por
estupidez o ineptitud, sino porque queríamos experimentar con otras cosas.
Seguimos nuestros instintos y seguiremos así. Pero todo ha cambiado. Las cosas
eran como muy estables. Editábamos discos y tenían éxito. De repente, la música
pop se ha hecho demasiado grande. Todo el paisaje ha cambiado y los retos también.
-
Parece que todo es más simple ahora, en cuanto al sonido y la producción. ¿También
en los sentimientos de las canciones?
-
Bueno, mis emociones más simples me desaniman. Escribo canciones sobre grandes
ideas y aspiraciones, y admiro a gente como Martin Luther King o John Hume,
gente pacífica, pero yo soy capaz de agredir brutalmente. Es un instinto
natural que tengo que controlar, pero que es parte de mí, lo que me ha hecho
muy diplomático. Tengo la diplomacia de un psicópata, ja, ja... Sólo
ocasionalmente he pegado a algún paparazzi. De lo que hablo es de una rabia más
profunda.
- ¿Te preocupa?
-
Es importante describir tus demonios para poder tratar con ellos. Tengo una
parte de mí que quiere escapar de todo lo que se llamaría responsabilidades.
Pero tengo otra más fuerte que me lleva directamente a hacerme cargo de todo.
Cuando estoy trabajando todo eso sale. Y en casa: la canción “Kite” sale de
ahí,de un día que intenté jugar
al padre perfecto y llevé a mis hijos a jugar con una cometa. Cuando se cayó
me dijeron que querían ir a jugar con los video-juegos. ¿No es cruel?
-
¿Qué reto hay en este álbum?
-
El rock se ha vuelto vago y siempre ha sido así desde que éramos pequeños. No
me interesa vivir de premios y avances de mis derechos. Para mí se trata de músicay es una gran lucha. Perderla no va con nosotros. La ruta obvia para
nosotros sería la mediocridad, las ventas de un grupo de culto y vivir del
pasado. Nos lo planteamos como si fuese nuestro primer disco. Se trata de verso,
estribillo y otra vez el estribillo por si alguien se había despistado. A ver cómo
se mejora eso.
- ¿Alguna vez os habéis
sentido por encima de los demás?
- Muchas veces. La fama es algo estúpido, pero creo que hemos escapado
de lo peor. Aún así, puedes ser culpable de una cierta pereza mental,
esperando que te dejen entrar en sitios, y ahí es cuando empieza... Después
vienen la culpa y la odiosa relación entre la fama y la envidia. Es humano
querer ser delgado y hermoso. Pero cuando lo consigues, ¿qué puedes hacer? Lo
peor es creer que tienes suerte porque eres especial. Lo que tienes es un don,
que se te da en custodia. Si puedes cantar y describir las cosas con tu voz, lo
que ganas te lo mereces, pero no tanto.
- ¿Y os sentís viejos?
- Es
algo que discutimos mucho. Somos hombres y qué vamos a hacer. ¿Teñirnos el
pelo? Va en serio, estamos luchando por nuestras vidas y que no nos dejen de
lado. No queremos que la gente diga: “¡Oh, esos tipos viejos...!
- Otros grupos os piden
consejos, ¿no?
-
Lo que más nos preguntan es por qué seguimos en un grupo, si la gente crece y
les cuesta tratar con las fricciones, por lo que empiezan carreras en solitario.
Pero la fricción es una señal de estar vivo. Los que dejan a sus grupos se
encuentran en los camerinos con empleados: más dinero pero menos diversión, lo
que no es un trato apetecible... Los que continúan juntos son un milagro. Los
grupos desafían la gravedad y lo instintos básicos humanos. Como la necesidad
de independencia o el deseo de que les digan que lo dejen cuando pasan de los
30.
-
Mira a Radiohead, que casi se separan por el orden de los temas de su último
disco.
-
Eso está bien, por el orden de los temas sí, pero no por los ingresos de los
derechos de autor.
-
¿Y el consejo que le das a los otros grupos?
-
Que sólo se cambien de casa cuando editan un disco en directo.