Con nombre de baloncestista lituano, lo que comenzó como un proyecto nacido de las cenizas de El Niño Gusano y de otras bandas zaragozanas como Pulmón, Big City o Caracols, llega hasta su tercer disco, Esta vida pide otra (atención especial a uno de los títulos más afortunados de los últimos años).
En este nuevo álbum, el grupo cambia de sello discográfico (de Grabaciones en el mar a Limbo Starr), asienta su formación (Sergio Vinadé y Sebas Puente a las guitarras y voces, Edu Baos al bajo y Alfonso Luna a la batería) y trae canciones más eléctricas y melódicas a la vez. Sebas nos presenta su disco antes de iniciar su nueva gira.
Desde
mediados de los 70, Nueva York no había visto la eclosión de un grupo como The
Strokes. Son ya 25 años desde que aparecieron, al mismo tiempo, los Ramones,
Blondie, Talking Heads o Television, Puede que Sonic Youth fuera, a principios
de los 80, el último grupo relevante de la ciudad. Hasta que aparecieron The
Strokes, el grupo más importante del 2001, con, también, el disco más
relevante del año, Is This It.
Todos en
el grupo vienen de familias acomodadas, lo que les ha granjeado alguna crítica
de falta de autenticidad. Es cierto que Julian Casablancas es hijo del fundador
de una cadena de escuelas para modelos o que Albert Hammond Jr. es el hijo del
cantante del mismo nombre de los 60 –también compositor para Julio Iglesias-.
Pero lo que The Strokes tienen, y para eso no cuenta el origen, es actitud y
grandes canciones.
Julian
Casablancas, Nick Valensi y Fabrizio Moretti se conocieron en el instituto a
mediados de los 90, compartiendo una obsesión desmedida por la música. “No sé
si éramos los rebeldes, pero si había un grupo de gente popular allí, no éramos
nosotros,” dice Casablancas. "Simplemente nos dedicábamos a tocar música.
La experiencia en la escuela no fue nada gratificante. Además, sólo nos teníamos
a nosotros mismos como amigos.”
El trío empezó
a componer cuando se les unió el bajista Nikolai Fraiture, un amigo de
Casablancas, y Albert Hammond, Jr., nacido en Los Angeles y a quien Casablancas
conoció en una escuela suiza a la que su padre lo envió para enderezar su
rumbo, aunque lo único que consiguió fue aumentar su sed de rock’n’roll.
Desde el
principio, Casablancas fue el líder y el compositor principal, dando cuenta de
los habituales deseos adolescentes. "Ya escribía buenas canciones antes de
que se diera cuenta de lo que estaba haciendo, cuando sólo sabía tocar un
acorde,” dice Valensi. “Puede asimilar diversas influencias, escuchar algo,
tomar lo que es bueno y dejar lo malo. Puede escuchar a los Beach Boys y dejar
de lado su faceta amable y tomar sólo la progresión de los acordes o esas
melodías inigualables."
Evidentemente,
en su sonido hay ecos de la historia de su ciudad, de Televisión a los New York
Dolls. Pero, sobre todo, esta el ritmo insistente y urgente de The Velvet
Underground, con Lou Reed al frente. “Cuando tenía 13 o 14 años, mi hermano
me compró un disco de The Velvet Underground y me enamoró,” dice Casablancas.
“Ha sido nuestra gran influencia. Son los únicos en los que los cinco
reconocemos a una gran banda.”
“Si te digo
la verdad, que nos comparen a The Velvet Underground, los Stooges de Iggy Pop y
gente así es un honor al que no se le puede poner queja alguna,” dice Moretti.
“Pero si escuchas nuestro disco, las influencias son muchas y diferentes.
Supongo que cuando vienes de Nueva York hay algo que se refleja en la música:
no en las notas o en los textos, sino algo de su energía.”
“No es que
intentáramos escribir algo así. Las copias no duran. Fue justo lo contrario,
que las canciones ya escritas, con buenas melodías, y hechas con rabia, nos
recordaban a gente de los 70. Cosas como Limp Bizkit o Korn no tienen nada para
nosotros,” dice Albert Hammond Jr. “Son falsos, como meterle esteroides a tu
cuerpo."
En realidad, el
éxito repentino del grupo se debe a tres años de trabajo constante y a
dar conciertos durante meses. Sólo cuandoGeoff Travis, responsable del influyente sello independiente Rough Trade,
escuchó su maqueta tuvieron un contrato. “Después de escucharlos durante 15
segundos me propuse editarlo. Lo que me decidió es lo que todos ven ahora en
ellos: la habilidad para escribir canciones de un compositor de primera y una música
que es una mezcla del rock’n’roll en estado primitivo con la sofisticación
de la sociedad de hoy en día: como dijo Jean Renoir, lo primitivo y lo
sofisticado.”
Pero fueron,
sobre todo, los medios británicos los que los respaldaron desde el principio.
“Les gustan los chicos blancos que tocan rock’n’roll,” explica
Casablancas.Después de numerosas
ofertas, firmaron con RCA en los Estados Unidos. “Fueron los únicos que no se
echaron atrás cuando les dijimos que nunca haríamos un video. La idea de hacer
playback me parecía algo retrasado. Sin embargo, no nos importa tocar en
directo delante de las cámaras, como se hacía antes en programas tipo el de Ed
Sullivan.”
Para la grabación
de su disco, la idea fue capturar digitalmente la esencia de su rock de directo.
“Fue como una pesadilla. He leído entrevistas en la que los músicos se
quejan de que dar conciertos es duro. Para mí,” dice Casablancas, “estar de
gira es como estar de vacaciones: conoces ciudades y, además, das conciertos.
¡Es un sueño hecho realidad! Pero grabar fue doloroso: me chupó el alma. Teníamos
muy poco tiempo, así que nos concentramos 10 horas al día durante mes y medio
hastas las 5 o 6 de la mañana, intentando centrarnos en cada nota. Nunca me he
sentido tan cansado como cuando acabamos el disco.”
No hay que
temer, ya que el resultado se traduce en el mejor disco editado en Nueva York en
dos décadas. Lo demás, poco importa. “El arte y el negocio están muy enmarañados.
No me preocupa dónde encajamos en el negocio. Creo que estamos en algún lugar
en el medio, entre la escena hardcore y la música comercial y melódica.
Y ahí es donde queremos estar. Creo que todos los artistas buenos estuvieron a
medio camino entre lo comercial y lo intelectual." Julian Casablancas hace
una pausa y continúa. “Pero no me gusta hablar de esto. Lo que me gustaría
ahora es irnos a tomar unas cervezas.”