Habría pocos argumentos, si es que los hubiera, para negar que Mary J. Blige es una de las cantantes soul más consistentes de nuestro tiempo. La prueba es sus discos y los quince años que lleva en activo. Desde su debut en 1992, partiendo del ya clásico What's The 411 y a lo largo de todo su recorrido hasta llegar a The Breakthrough del 2005, Mary J. Blige ha ayudado a redefinir el R&B, y lo que es aún más importante, lo ha logrado siendo una artista que usa su don para elevar espíritus, para influenciar experiencias vitales y para llevar su corazón, su alma y su verdad a todos aquellos que la quieran escuchar.
El
2001 fue su año: Starsailor tuvieron dos singles de éxito, concretamente
“Fever” y el colosal “Good Souls”, sin haber editado aún un disco de
larga duración. Casi al mismo tiempo ofrecieron su primera gira británica,
fueron invitados a tocar con los
Manic Street Preachers y
grabaron, por fin, su álbum de debut. Su éxito meteórico ha sido
sorprendente, aunque no imprevisto. Simplemente saben
cómo conectar
con la
gente.
Después
de todo el despliegue, llega la hora de enfrentarse al resto del mundo. “Es
posible que Starsailor haya comenzado el año siendo uno de los nuevos
grupos más comentados en todos lados, pero creo que hemos sabido soportar
las
presiones sin darles ninguna importancia, y en los últimos meses
parece que nuestra música,
por muy primeriza que sea, ha
empezado a sintonizar con más gente, aunque ello no nos evite declaraciones en
contra de gente como Mogwai”, explica James Walsh, líder de la banda.
No
es difícil entender su éxito. Escucharles
por primera
vez es una experiencia absolutamente intensa. La franqueza y el poder melódico
de sus canciones ocultan
su verdadera juventud. El impacto de su música es similar al experimentado al
escuchar a otras bandas intensas por primera
vez, aunque lo suyo no lleve las guitarras eléctricas a la máxima
electricidad. Sus canciones,
historias de amor, esperanza y redención enmarcadas
por la
voz acrobática de
James Walsh, combinan ingenuidad con una
tremenda sofisticación
que recuerda al Neil Young de principios de los 70 y, sobre todo, tanto a Tim
Buckley como a su hijo Jeff.
Este
cuarteto del noroeste
de Gran Bretaña -Chorley, para ser más
exactos-, bautizado con
el nombre d un maravilloso disco de Tim Buckley, Starsailor,
gira en tomo al extraordinario talento
compositivo del joven Wa1sh, de 21 años. En una época en que se ha convertido
en un tópico
ser calificado
de artista post-Buckley, Walsh
ha retrocedido hasta las propias raíces y ha dado
con al
menos una docena de
temas de una cruda claridad emocional.
¿De
dónde le viene la fijación con el malogrado cantante? “Hace unos dos años, recuerdo
haber leído
una entrevista con un
grupo que
admitía la influencia de Jeff
Buckley”, recuerda
Walsh, “así que fui y
me compré este disco y vi que era
mil veces mejor que
todo lo que oía por aquel entonces. A partir de ahí,
empecé a escuchar a Tim Buckley, Neil Young y Van Morrison. Nuestra música no
se basa sólo en él, simplemente
actuó de
catalizador. Gracias a su música encontré a alguien con capacidad para
conmoverme de veras, y me di cuenta
de que
eso era exactamente lo que yo
quería hacer”.
Para
Walsh, fue la
revelación tanto tiempo esperada. Obsesionado
por la
música y un tanto solitario, creció
sintiéndose apartado de
las actitudes más masculinas de
sus compañeros del colegio y de su grupo social inmediato. “Siempre buscaba
algo más.
En el colegio me veían como un
bicho raro”, confiesa. “La gente pensaba
que era
demasiado sensible, pero simplemente me cuestionaba las cosas. Todo el mundo
parecía estar envuelto
en un cinismo que yo nunca tuve y
sigo sin tener.”
Para
canalizar sus
sentimientos, empezó a tocar el piano a los 12, y a los 14 ya
estaba componiendo temas y se pasaba todo
el día devorando cualquier cosa de la prensa musical.
Pero hasta que no llegó al conservatorio de música de Wigan
y conoció a
James Stelfox (bajo) y Ben Byrne
(batería) sus canciones no empezaron a cobrar fondo
y forma.
“Simplemente quería hacer
algo que fuera realmente natural y dijera algo acerca de quién eres y de cómo
te sientes, que no fuera sólo ruido. Hay gente que va de bares
y se emborracha y otra que
escribe libros; ésta es mi forma de expresarme.”
La
última pieza del rompecabezas quedó colocada con la llegada del teclista Barry
Westhead a principios del 2000. Con un
sonido más sobrio y
una visión clara del enfoque del grupo,
señaló el comienzo de un ascenso meteórico. “En abril del 2000 dimos
nuestro primer concierto
en el Heavenly Social de Londres. Cuando regresamos a principios de julio, unos
días después
de
Glastonbury, las discográficas ya estaban intentando hacerse con nosotros. Tres
meses después, nos decidimos por una
de esas compañías -EMI
Chrysalis, en concreto- y fue entonces
cuando comenzó la verdadera locura.”
“Después
de unos primeros meses del 2001 frenéticos, nos sentimos aliviados cuando por
fin llegó
el momento de empezar a grabar nuestro debut”. El trabajo comenzó
en mayo, cuando la banda se
encerró durante seis semanas junto al productor Steve Osborne, que ya había
trabajado con ellos en “Good Souls”. Esta experiencia les hizo
recordar por qué
habían formado el grupo. “Estábamos
como en una cápsula”, sonríe Walsh echando la vista atrás. “Somos tal
como éramos
cuando tocábamos en Warrington, no nos hemos contaminado por
todo lo
que ha pasado. Trabajar en los estudios Rockfield
fue un poco
como
cuando The Band grababa en Woodstock.
Se aislaron
de la música moderna y lograron algo con lo que se veía que todos
disfrutaban tocando.
Lo mismo nos ha ocurrido a
nosotros...”
El
resultado de su esfuerzo es Love Is Here, un sensacional álbum de debut
que desarrolla el sonido de Starsailor considerablemente.
“En cuanto a la visión global del disco”, explica Walsh,
“queríamos que fuera
algo entre Grace de Jeff Buckley y Harvest de Neil Young, un disco
con un sonido muy vivo, pero con
sutiles toques acústicos
por encima.
Hemos hecho algunos
experimentos raros en el disco: en
algunos temas aparecen guitarras de extraños sonidos
y atmósferas a lo Potishead. No queríamos hacer nada demasiado retro.”
“Love
Is Here” es el tema central del disco. Es una canción animada y positiva.
Queríamos hacer algo que se percibiera como hippioso
porque parece que
todo lo que circula últimamente tiene un toque de cinismo. Es nuestra forma de
ver las cosas.” Y es precisamente su honradez y franqueza lo que diferencia a
Starsailor de sus coetáneos. Love Is Here es ya un disco para el
recuerdo.