Bienvenidos aFunplex, el primer disco del siglo XXI de los B-52s. “Es rock & roll sexy y potente, con el ritmo y volumen subidos hasta el rosa fuerte”, declara el guitarrista Keith Strickland. Once canciones nuevas y frescas, confeccionadas por la revolucionaria banda que colocó a la ciudad de Athens,Georgia (EEUU) en el mapa musical internacional a finales de los años 70 y que conquistó el mundo con sus inteligentes ganchos con desparpajo, su enfoque no-convencional en el arte de hacer música y su original estilo. “Funplex suena a nosotros, pero actualizado”, añade Fred Schneider. “Son los B-52s ahora, o quince años desde ahora”.
Después
de triunfar a principios de los 80, vino una época en la que a Simple Minds se
les veía como dinosaurios del rock. Jim Kerr reconoce en esta entrevista que lo
pasó mal. Su nuevo disco Cry, que presentan esta semana en nuestro
Estado, muestra indicios de recuperación.
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¿Qué ha pasado durante estos últimos años? ¿Es Cry un disco del que
estáis satisfechos?
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Desde el punto de vista creativo, no siempre quedamos satisfechos con los
resultados. Hace como tres años que no editamos un disco y que no tocamos en
directo. En consecuencia, hemos tenido la oportunidad de experimentar lo que es
la vida diaria y de examinar las cosas con calma. Estoy contento de que seaasí, porque eso es lo que nos ha conducido a lo que somos ahora. Aunque
en esos periodos de inactividad te miras mucho al espejo y la verdad es que eso
no me gusta mucho. Durante un año, más o menos, perdí la confianza en mí
mismo. Hoy en día se habla demasiado de la depresión, pero fue algo así. Era
como si tuviera que empezar de nuevo, como si tuviera que reducir las cosas a lo
básico. Es la única ocasión que me ha pasado en la vida.
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¿Hay algo que lamentes de esa etapa?
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Comparado a mucha gente, no tengo nada que objetar. Las cosas han sido siempre
sencillas para mí. Pero no se trata de eso. Supongo que se trata de enfrentarse
a ser un adulto. Hasta ahora hemos pasado por muchas cosas y, en los últimos
tiempos, me hacía las grandes preguntas. Estoy contento de ver que, tal y como
vino, se fue. Y creo que el hecho de ser músico y una persona creativa ayuda
bastante, en el sentido de que puedes encontrar compañía en ese hecho.
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Ahora está más claro que nunca que Simple Minds es un dúo.
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Siempre hemos asociado Simple Minds con un grupo de teclados, y cuando, a
mediados de los 90, nos dimos cuenta de que no había un teclista, fue como un
mazazo. Tuvimos que aceptar que, después de haber empezado el grupo Charlie
Burchill y yo hace mucho tiempo, y después de ver como mucha gente entraba y
salía del grupo, todo volvía a reducirse a Charlie y yo: un guitarrista y un
cantante. Así que nos dimos cuenta de que no sólo teníamos que tocar con
guitarras, sino que teníamos que ser creativos, hacerlas sonar diferente.
Sentimos que teníamos que deshacernos del bagaje que la tradición de un grupo
había puesto en nosotros. En los 80 nos fue bien, pero no vas a estar siempre
recordando los viejos tiempos. Una vez conseguido eso, hemos vuelto al trabajo
con los teclados, como en nuestro nuevo disco, contando con productores
italianos o con Vince Clark.
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¿Cómo es el trabajo en conjunto?
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Cuando trabajamos juntos, tenemos las mejores conversaciones y discusiones.
Hemos llegado al punto en el que tenemos una idea y escuchamos las palabras, así
que miramos en nuestras libretas y, habitualmente, encontramos algo allí que
coincide justo con esa idea.
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¿Qué sentido tiene hoy el grupo y qué os hace seguir?
Se
ha acabado un periodo de mil años, y dicen que en momentos así hay muchas
turbulencias y excitación, pero también miedo y confusión. Así que, ¿dónde
encajamos nosotros? Creo que nadie tiene la respuesta, pero esta en algún lugar
por ahí arriba, y creo también que mi edad se refleja en las canciones. Ya no
soy joven, aunque tampoco me siento viejo, pero estoy en una etapa difícil de
mi vida. Hay una gran incertidumbre, que es también excitante. El futuro es
algo precario. La gente cree que a partir de esta edad todo va cuesta abajo, y
hay muchas evidencias para sostener tal opinión. A mí me parece que vas a otro
lugar, que tiene que haber otro estado de la consciencia. No es que tenga
secretos o un mapa especial. Lo que todavía me atrae son las preguntas que
todavía hay que hacerse, las canciones que hay que escribir, la vida que hay
que vivir. La búsqueda no me cansa en absoluto.
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¿En algún momento estuvo el grupo en entredicho?
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Hubo algún momento en el que sentimos que nos quedábamos sin inspiración. Es
asombroso como, cuando sucede algo así, no te das cuenta hasta que paras y das
un paso atrás.
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¿Cuál fue el remedio?
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Tirarse al mar de cabeza sin saber nadar y evitar todos los puntos de
referencia, tanto al grabar, como al dar conciertos, como las reuniones de
negocios. Todo debe quedar en suspenso, de forma que lo único en que te debes
concentrar es en hacer música de nuevo. Pasaron tres años y nos encontramos
con un montón de música. Y este disco es una parte de eso. Estamos muy
contentos de una buena parte, ya que refleja como nos sentimos ahora.
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¿También es distinta la forma de componer?
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Componer canciones es algo que se nos hizo más complicado con el tiempo. Todavía
lo vemos como un puzzle. No hay ningún libro que te diga cómo componer y,
mucho menos aún, una canción de Simple Minds. Así que tuvimos que mantener
nuestro interés muy alto.
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¿Qué reflejo hay de tus relaciones con Chrissie Hynde o Patsy Kensit en las
canciones?
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No me gusta entrar en esas cosas. Tengo el mejor trabajo del mundo, me pagan
como a un rey por disfrutar de lo que hago. Pero siempre hay una inseguridad.
Hay cosas de las que te arrepientes. Pero el más grande antídoto siempre es,
desde luego, la música.