The Spinto Band, qué potencia tiene la música barata
Antes de “Oh Mandy” prácticamente no existían. Tuvo que ser aquella mandolina la que los situara en el primer plano del pop reciente, aunque antes ya habían editado varios discos, hoy buscados, que autoeditaron y distribuyeron, como nos cuentasu vocalista Thomas Hughes, entre amigos y familiares. Ahora, tras el éxito de Nice And Nicely Done, presentan Moonwink.
Enjuto
y demacrado, a sus 28 años, Richard Ashcroft parece el mismo que encabezaba The
Verve, pero sólo exteriormente. Porque, después de tomar «algunas decisiones
importantes, he cambiado. Me metí demasiados productos químicos que me
hicieron perder el control de algunas partes de mi cabeza. Pertenezco a esa
generación para la que la música llegó con todo el kit completo: los discos y
las drogas. Haga lo que haga, mi percepción de las cosas estará distorsionada
para siempre. Como digo en el álbum, he visto el diablo. Pasé por terribles
abismos y sobreviví. Pero, para seguir haciendo música, debía cambiar de vida
y tener estabilidad. No podía seguir intoxicándome. Mi mujer ha sido muy
importante. Estética y musicalmente, me enseñó muchas cosas que nunca hubiera
conocido quedándome en un grupo de rock o entre mis amigos. Me convertí en un
mejor marido y espero ser un buen padre. Ya no quiero sufrir ataques de ansiedad
como antes, quiero ver un poco más la belleza. Ahora únicamente tomo marihuana».
A1
frente de The Verve escribió una historia conflictiva y heroica, adscrita al
guión más tópico del pop escrito por sus valedores Oasis. Después de todo,
ellos también surgieron en un barrio obrero de una ciudad anónima (Wigan) al
norte de Inglaterra. Y, durante un tiempo, Richard compartió escándalos y
correrías con Noel Gallagher, que incluso llegó a dedicarle una de sus mejores
canciones, “Cast No Shadow”.
Arrogancia
megalómana, uso y abuso de drogas, choque de egos. También canciones hermosas,
amargas y épicas como “Drugs Don't Work”, “Lucky Man” o el célebre
“Bitter Sweet Simphony”. Gran música pop, fruto de un pasado convulso
-Richard perdió a su padre a los 11 añosy tuvo una adolescencia problemática- que llevó a Ashcroft y a su grupo
al éxito planetario tras vender más de siete millones de copias de su último
disco, Urban Hymns.
Con aquellos himnos urbanos, The Verve escribió, paradójicamente, su epitafio,
tras una primera disolución temporal en 1995. Una defunción certificada en
abril de 1999, pero que ya era oficiosa a raíz de los cacareados
enfrentamientos entre Richard y el guitarrista y compositor Nick McCabe.
Así
que, liberado de las presiones que impone permanecer en un grupo convulso en el
ojo del huracán del pop británico, Ashcroft ha vuelto a resucitar por segunda
vez en tres años. Y su lapso silencioso de reflexión personal ha desembocado
en Alone With Everybody, un disco de sabor agridulce, fruto de su
incorregible melancolía y su plácida existencia con la mujer que, hace tres años,
le daba su primer hijo, la ex teclista de Spiritualized y actual manager del
cantante, Kate Radley.
Alone
With Everybody
es el resultado de pensar que su voz, su instinto para la composición y los
arreglos estaban, de alguna manera, soterrados por el marcado perfil de su
grupo. «Necesitaba un entorno sereno, estar rodeado de gente positiva, que me
permitiera llegar adonde quiero. Necesitaba que. mi música reflejara todo lo
que me conmueve. El nombre The Verve estaba demasiado marcado por la melancolía.
Nuestra música estaba condenada a ser pesada, trágica. Me limitaba mucho
nuestra reputación».
En
su debut como solista, Ashcroft conserva sus señas de identidad, aunque sus
nuevas canciones postergan las cuerdas y la psicodelia de The Verve a favor de
una suerte de rock agridulce de vocación clásica y sabor americano.
“A
veces escucho las canciones del disco con los ojos cerrados y es como si
escuchara gospel. Siempre me gustaron esas músicas tradicionales americanas,
sobre todo el country, pero también la psicodelia de la costa oeste. Funkadelic,
el soul, Burt Bacharach, Glen Campbell, Scott Walker, Dennis Wilson y Gene
Clarke han sido influencias muy importantes en mi trabajo. Me demostraron que
uno puede salir de grupos tan importantes como los Byrds o Beach Boys y hacer
una música personal”.
Richard Ashcroft ya no exhibe la desmedida arrogancia que le llevó a describir
su último álbum como el de la mejor banda del mundo. Además se siente más
relajado. «Me siento liberado, feliz. Esto no es un regreso, porque no quiero
volver donde estaba antes. Además, me molesta ser siempre como el ave fénix,
que renace de sus cenizas. He tenido, por fin, la oportunidad de construir algo
a largo plazo. El día que anuncié la separación de The Verve ya tenía
grabada una parte del disco. Mantener el grupo hubiera sido así poco realista,
un verdadero desastre. Había demasiados problemas personales. Empezamos a los
16 años, compartiendo un sueño común. Cuando lo logramos, salieron a la
superficie todas esas cosas que no nos dijimos al principio”.