Aquí están. Las preguntas que muchos nunca se atrevieron a preguntarle o, ni tan siquiera, a imaginarse. En las manos de sus fans, Bunbury se muestra como es. Sin más. Sin más intermediarios que la coordinación de Las Líneas del Kaos. Directamente de sus seguidores a su escritorio, por las preguntas discurren tanto su etapa en solitario como su primera aventura con Héroes del Silencio.
Rebobinemos hasta octubre del 97. Los días en que peligró el futuro de
REM, la banda que supo convertirse en el mejor grupo para todos los públicos
sin dejarse su integridad en el camino. Diecisiete años después de su formación
en Athens (Georgia), el batería Mike Mills comunicó su deseo de abandonar,
dilapidando meses de trabajo en la gestación del decimocuarto trabajo de la
formación, Up.
En
medio de la crisis, salieron del atolladero completando aquel estimable disco de
corte experimental, denso y un punto tecnológico con el que reaccionaron contra
las claves de su popularidad. Refundados como trío, los nuevos REM no
recordaban siquiera levemente a la banda que fuera el epítome del rock
americano de los ochenta. Tampoco al grupo que encaró la pasada década
triunfando en todo el globo con Losing my religion, sin por ello dejar de ser un
modelo de actitud para varias generaciones de bandas alternativas.
Aunque sus ventas recientes no están a la altura de su millonario
contrato discográfico –más de 11.000 millones–, REM siguen sin ceder a
presiones comerciales. Podría parecerlo ante su nuevo sencillo, Imitation of
life (puro REM), pero el resto de su nuevo álbum –Reveal– devuelve a una
banda que busca la redención en la recuperación de su propia identidad.
Ejercicio de frescura
Renacidos
como grupo al uso con la ayuda de viejos asalariados de lujo como Joey Waronker
(Beck), Scott McCauhgey (Young Fresh Fellows) y Ken Stringfellow (Posies), se
han marcado un ejercicio de frescura desde la fidelidad a las esencias de unos
dinosaurios en buena forma, pese a esas dos décadas de andadura.
Grabado
en Vancouver, Dublin, Miami y Athens, Reveal es un disco luminoso y, a la vez,
meditativo. Un trabajo abrillantado con delicados arreglos de cuerdas y metales,
melodías y sutiles cajas de ritmos sobre la formación clásica de guitarra,
bajo y batería. Todo al servicio tanto de canciones «luminosas y veraniegas»
(Stipe habla así de Beachball o de ese plagio velado a los Beach Boys que es
Summer turns to high), como a tupidas piezas etéreas a medio tiempo o
reflexiones campestres de tono enigmático y descreído.
- ¿Qué habéis tratado de revelar con
Reveal?
- Michael Stipe: No hay un mensaje concreto. En Up, éramos tres tíos trabajando en un
disco; ahora somos de nuevo una banda. Nuestra intención principal era ir más
allá como grupo de lo que habíamos hecho en las actuaciones. Quería que
pareciera un disco de verano, el típico álbum que puedes ponerlo como acompañamiento
de fondo y que nunca tienes ganas de cambiar. Música que escuchas casi sin
darte cuenta de que está ahí. Las canciones son más concisas. Con el último
álbum, lo hicimos lo mejor que pudimos, pero ahora es cuando hemos podido
levantar la voz de nuevo, musicalmente hablando. Hemos grabado tocando juntos en
el estudio, y ello le ha dado al disco un aire más cálido y cercano.
- Peter Buck: Acabábamos de finalizar la última gira con Joey (Waronker), Scott (McCaughey)
y Ken (Stringfellow) y nos sentíamos como un auténtico grupo. Son el tipo de tíos
con los que te puedes encerrar en un estudio a componer. Hubo una comunicación
muy natural, ya que nos conocemos desde hace mucho Con Scott tocamos desde el 85
y a Ken le conozco desde hace más de diez años. Desde el principio, tuvimos el
tipo de canciones que queríamos para este disco. Eso le ha dado la unidad que
quizá Up no tenía.
- ¿Tan traumático fue el abandono de
Bill Berry? ¿Pensasteis en la separación de REM?
- P. B.:
Teníamos una banda desde siempre y todo cambió de un día para otro. Up se
grabó en medio de un pequeño caos, pero nunca llegué e pensar en una separación.
La música me seguía apasionando y no estaba dispuesto a irme a casa sin tratar
de buscar una solución.
- M. S.:
Quizá los demás opinen otra cosa, pero sentí que el grupo se acababa. Tenía
la sensación de que íbamos a grabar un gran disco y, de repente, Bill anunció
que se iba, las relaciones se enturbiaron y todo se volvió confuso. No es algo
de lo que me guste hablar. Me resulta embarazoso, me siento como el típico
rockero contando al Rolling Stone problemas y terapias que a nadie le interesan.
Por fortuna, descubrimos que nuestra amistad es lo que sostiene el trabajo de
toda una vida.
- ¿Que ha inspirado esos textos tan escépticos
¿Hay alguna sensación concreta que hayáis tratado de abordar en Reveal?
-
M.S. Dejé de pensar y me dejé llevar; creo que esa es la forma más pura de
expresión. Es como compuse alguna de las canciones más conocidas de REM. Al
menos ocho de las canciones están hechas así: me he guiado por mi instinto más
que nunca. Escribo de cosas íntimas pero que reflejan las inquietudes
espirituales . Creo que ese escepticismo es un equilibrio entre lo real y lo
irreal, entre el idealismo y el cinismo. Un equilibrio que entronca con la vieja
separación entre el cuerpo, la mente y el espíritu.
- Con vuestros últimos discos habéis
perdido a muchos de vuestros viejos fans. ¿Tratáis de recuperarlos volviendo a
un sonido más clásico?
- P. B.: No veo este disco como una rectificación, sino como un paso adelante.
No es un álbum fácil, pero estoy muy contento con su sonido. Perdemos fans con
cada álbum, pero también ganamos otros nuevos. Puede que tenga un sonido más
clásico y melódico, pero hemos utilizado también mucha tecnología actual. La
misma que Puff Daddy, pero de otra manera. Me gustan todos esos aparatos
antiguos, tengo una habitación llena de esos juguetes. A veces me preguntan de
dónde he sacado un sonido y les contesto que de un cacharro que compré de
segunda mano por 99 pavos.
- M. S.:
Las ideas que manejo para una canción no siempre tienen que ver con el pop típico.
Trato de llevar las ideas al límite y eso me conduce a veces al terreno más
experimental. Oigo música electrónica y lo que ahora hacen grupos que admiro
como Radiohead, pero, como banda, tratamos de evolucionar sin perder nuestras señas
de identidad.
- Hay temas casi folkies, como Turns to
High o She wants to be, que recuerdan vuestro pasado independiente.
- M. S.:
Sí, hay algunas canciones lentas y algo lánguidas. Es inevitable que en
nuestras canciones haya elementos de nuestros primeros discos, pero no es algo
consciente, ya que tratamos de ir siempre todo lo lejos que podemos sin mirar
nunca atrás. Nuestros últimos discos reflejan lo que somos ahora, pero supongo
que tenemos un estilo.
Contra la
rutina
- El primer single es algo confuso, más
rápido y pegadizo que el resto del disco.
- P. B.:
Es la única canción con el típico sonido REM. Ni siquiera la íbamos a meter,
porque no queríamos hacer un disco con el sonido de siempre, pero la compañía
la escuchó, les encantó y decidieron sacarla como single. Tuvimos que cortarla
porque, originalmente, duraba más de seis minutos. Mi favorita es un tema muy
poco popular. Saturn Return; tiene unas melodías muy hermosas. Creo que
representa muy bien a los Rem de 2001.
- Habéis tocado ya estas canciones en
directo. ¿Cómo las ha recibido el público?
- M.S.:
La reacción ha sido muy buena, sobre todo, teniendo en cuenta que no es un
disco fácil. Es un desafío poner enfrente del público canciones en las que
has estado trabajando aislado durante año y medio. Cambia por completo tu
perspectiva.
- ¿Vais a salir de gira este año?
-
P.B.:
Nos encanta tocar en directo, pero es agotador y cada vez más complicado. Una
gira larga es un compromiso para nosotros. Hemos ido echando raíces con el paso
del tiempo. Hicimos muchas giras en los ochenta, así que en los últimos
tiempos hemos decidido no meternos en tantas. Nos gusta que nuestros conciertos
sean algo especial y no podemos estar girando con cada disco; todo se volvería
demasiado rutinario.
- ¿Cuál es el secreto para tener un
gran contrato discográfico y hacer al mismo tiempo discos para una amplia minoría?
- M. S.: No puedes pensar en la gente cuando compones. Tienes que abstraerte.
Si lo que la gente de 19 años quiere es lo que suena en la radio, yo no voy a dárselo.
Intentamos hacer el disco perfecto y todavía no lo hemos conseguido.