Andrés Calamaro, estéreos camboyanos, tools vaticanos y próximos posibles
Son 12 años en los que ha habido de todo. Son 12 años esperando un disco con canciones nuevas compuestas por él, desde El salmón. Y aquí está. Aquí y ahora. La lengua popular tiene lo que muchos habían esperado durante este tiempo, aunque parte de lo que se compuso durante estos años permanezca inédito, quién sabe si para siempre. Andrés Calamaro se ha preocupado de hacer pública su visión de su nuevo disco a través de camisetasparatodos.com.
Sin lugar a dudas, los recientes rumores sobre el regreso de Van Morrison
lo que intentaban era atraer la atención de antiguos seguidores perdidos por el
camino. Una vuelta a la forma de antaño, decían, citando el título de su
nuevo disco, Back On Top-De nuevo en la cima- como la
mejor de las pruebas. Otros hablaban de la recuperación de la atmósfera
enrarecida de Astral Weeks y de los
arreglos de viento de su etapa más aclamada, la de mediados de los 70.
Puede que estas campañas funcionen, aunque si hay algo claro es que el
león de Belfast no está detrás de ellas: él deja caer su música de vez en
cuando y que los demás dispongan, a poder ser sin hacer demasiado ruido.
Incluso una declaración tan rotunda -y acertada- como la que da nombre al álbum
se ve atemperada por versos amargamente sardónicos como los que incluye la
canción que lo titula (“¿Qué puedes hacer cuando llegas a la cima y ya no
tienes ya ningún sitio al que ir?”).
En esta ocasión, la sección de viento queda en las manos del reputado
saxofonista Pee Wee Ellis, mientras que el alabado Fiachra Trench es quien
aporta los redoblados arreglos de cuerda. De esta forma George Ivan se ve libre
para continuar su viaje como sufridor peregrino del blues, que va marcando sus
pasos con su propia cruz por un estrecho camino que le lleva del prodigio bucólico
al relato de la amarga experiencia con el negocio musical.
El Van Morrison de Astral Weeks
nunca hubiera escrito algo tan conscientemente quejumbroso como “New Biography”
ni tan violento como el vapuleo descrito en el climático “Golden Autumn Day”.
Lleva ya demasiado tiempo siguiendo su propio rumbo, con tanta insistencia que
ya es demasiado tarde como para volver al principio y empezar de nuevo.
Elglosario de influencias (Ray
Charles, Sam Cooke, John Lee Hooker) y nombres recurrentes (William Blake, Mary
Shelley, Chet Baker, The Chieftains) proporcionan puntos de referencia
fidedignos, sobre los que ha construido un mundo particular tan reconocible,
para el que el inmovilismo o la retirada nunca han sido opciones a considerar,
convirtiéndose en una de las odiseas musicales más resolutas y
resplandecientes de las últimas tres décadas.
“Going Down Geneva”, el corte que abre Back
On Top, es una comienzo arisco y seco, una declaración de intenciones en la
que la guitarra serrada de Mick Green cabalga sobre un boogie desvergonzado mientras que un Van Morrison que pasa mucho
tiempo en la carretera declara sentirse lejos de casa, haciendo sonar toda una
tormenta en su armónica (un grito huracanado que reaparece de vez en cuando a
lo largo de todo el disco), al tiempo que se pregunta “cómo es posible que
todo esto haya llegado tan lejos”.
Las dos joyas gemelas del álbum –“Philosopher’s Stone” e “In
The Midnight”- le siguen. Se trata de material irrebatible: la primera, una
valoración aguda y mordaz del don de los artistas (“Ni siquiera mis amigos
saben que mi trabajo es convertir el plomo en oro”) y la segunda, el hermoso y
controlado relato lleno de soul de un agonizante revés emocional, con un órgano
humeante, la sentimental guitarra de Mick Green y la poderosa voz de Van
Morrison, tan robusta y tierna como siempre.
A lo largo de todo el disco, Mick Green se revela como uno de los tesoros
mejor guardados de la música actual, mientras que la voz en falsetto que
habitualmente pone Brian Kennedy, una intrusión demasiado relevante en los últimos
discos y en las recientes giras, ha sido relegada a un papel secundario,
conservando su característico juego de contrapunto con la sequedad ronca del
maestro.
Incluso la composición de Van Morrison ha recuperado la urgencia que se
había echado de menos en los últimos años. “High Summer” puede ser la más
fascinante manifestación de Lucifer en el legado del blues moderno, en la que
Van Morrison descubre que el diablo no anda sino en el hombre corriente. Y
“Precious Time” es una optimista melodía de gospel que podría situarse a
la altura de clásicos como “Bright Side Of The Road”, aunque en este caso
se contrapone a un cierto aire de oscuro realismo.
Tanto en esta canción como en “Golden Autumn Day” parece que Van
Morrison se ha dejado imbuir de la inspiración de su socio en la carretera Bob
Dylan y de su celebrado último disco, Time
Out Of Mind, al evocar un fatalismo que de alguna forma consigue mostrarse
edificante. Así que no estamos ante el viejo Van de nuevo, sino que es el
actual en la cima de su propio juego, algo que añorábamos desde su Hymns To The Silence al principio de la década. ¿Quién, sino,
podría hacerlo de otra forma?