Forma parte de Hello Cuca, pero vamos a tener que empezar a pensar en ella de otra manera. Ahora, tras dejar atrás la huerta murciana por Madrid, Lidia presenta un primer disco Lidia Damunt en la Isla de las Bufandas (Lucinda Records) que surge de las horas muertas en trabajos basura y de su devoción por los sonidos del country y el rockabilly y que presenta en directo allá donde le dejan con una guitarra y una pandereta pegada al tobillo.
CAMPUS GALICIA ARTICULO STUDIO ONE: LA ENORME PREHISTORIA DEL REGGAE
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CAMPUS GALICIA ARTICULO STUDIO ONE: LA ENORME PREHISTORIA DEL REGGAE
La
enorme prehistoria del reggae
Studio
One Story (K
Industria)
En
estos días, el rock y el pop tienden a ceñirse a su propio libro de estilo.
Los artistas pop se forman con un esquema muy claro, asegurándose de darle al público
exactamente lo que quieren. Los grupos de rock persiguen parecer normales; no
talentos salvajes, sino chicos corrientes que casualmente se comportan dentro de
las convenciones. Así, al público nunca le llega un sobresalto brusco, ni
tampoco una sorpresa agradable.
En
estas circunstancias, es difícil no juzgar la música jamaicana con la mejor de
las opiniones. En contraste con el estrecho campo de miras de la música de hoy
en día, Jamaica siempre ha dado una oportunidad a las personalidades más atípicas.
Es el país que inventó el género de las versiones, o sea, la edición de
distintas grabaciones de artistas muy diversos basados todos ellos en la misma
canción original, y también el país en el que el productor Glen Brown editó
numerosos singles con las etiquetas cambiadas deliberadamente. Sólo en Jamaica
se puede creer que una cantante como Lady Saw pudiera tener un gran éxito con
una canción que hablaba de las propiedades de un laxante local, por poner uno
de tantos ejemplos.
El
particular mundo de la industria musical de Jamaica impregna la historia del
Studio One. La compañía de discos más celebrada de su historia tuvo un equipo
tan extraño como ajustado a su filosofía: el prodigioso teclista Jackie Mittoo
llegaba a las sesiones de grabación de riguroso uniforme, y la hermana Ignatius
Davies convirtió su reformatorio de la capital Kingston en la mayor academia
musical de la isla -de la que Studio One se nutriría para formar su propia
banda para las sesiones en el estudio-.
Y
en el centro de todo estaba el máximo responsable, Clement “Sir Coxsone”
Dodd, quien en 30 años inventó más trucos musicales que ningún otro
productor. Dirigió el equipo de sonido más exitoso de la isla, supervisó el
nacimiento del ska y el reggae y abrió un estudio por el que
pasaron todos los músicos notables de la isla. Bob Marley incluso vivió en él.
Como
era habitual en Jamaica, el éxito de Clement Dodd parecía surgir de una
aparente anarquía. Encontraba nuevos talentos en las caóticas audiciones
semanales que organizaba: era tanta la gente que se pasaba por el estudio los
domingos por la tarde que los rumores hablaban de que allí sucedía algo muy
distinto, y la policía lo tenía permanentemente controlado. Conviene
recordar que Studio One Records fue el principal sello discográfico de Jamaica,
en el que empezaron su carrera cientos de artistas, desde Bob Marley a The
Skatalites, de Horace Andy a Peter Tosh.
Tal
y como reconoce el experto Steve Barrow, autor de la “Guía Rough Guide del reggae”,
los pinchadiscos jamaicanos fueron los precursores del rap: aquellos
discos en los que Count Machuki divagaba sobre los sonidos de la banda montada
por Clemente Coxsone viajarían hasta el Bronx a través de Kool Herc, un
jamaicano que se dedicaba a pincharlos en las calles de Nueva York. Allí los
primeros b-boys utilizaron aquellos sonidos para cantar encima, con lo
que nació el hip-hop. De esta forma, los ritmos que habían surgido de
las calles de Kingston se extenderían hasta conquistar el mundo.
Aquellos
discos que salían del Studio One cambiaron la música pop para siempre, pero,
como sucede habitualmente en la música jamaicana, intentar darle un sentido a
lo que realmente sucedía es una tarea desagradecida. Así que la edición de un
disco resumiendo la historia del Studio One es un hecho sin precedentes. Studio
One Story continua
el trabajo empezado con otros recopilatorios anteriores -Studio One Rockers,
Studio One Soul y Studio One Roots-.
En
este caso, Studio One Story, distribuido aquí por K Industria Cultural,
además del disco compacto, incluye un libreto de
92 páginas cuidadosamente escrito e ilustrado, con todo lujo de detalles sobre
la historia del sello y de la música jamaicana, junto con un DVD de cuatro
horas que contiene imágenes en sepia y blanco y negro, en el que se recogen
diversas sesiones de los músicos en el estudio y entrevistas con algunos de los
históricos que alguna vez pasaron por allí: Ken Booth, Skatalites, Lone Ranger,
Sylvan Morris, Alton Ellis, Dennis Alcapone...
Por
necesidad, el compacto es más selectivo que definitivo. Sus grandes diferencias
de estilo, que van desde el rhythm & blues de Theo Beckford al dancehall
de Dennis Alcapone, son inmensas, pero no hay un solo tema prescindible. Cada
corte muestra lo que en él hubo de invención. Sin ir más lejos, en “Love
Bump”, de DJ Lone Ranger, que ya tiene 20 años de antigüedad, se puede
escuchar al Shaggy de hoy en día. Alton Ellis, por su parte, canta suavemente
sobre un sonido que reaparecería años más tarde para convertirse en un número
uno como “Uptown Top Ranking” en las voces de Althia And Donna.
Evidentemente,
una colección así no puede intentar resumir en unos 16 temas la historia del
Studio One. Sin embargo, el intento no desmerece. Además, sus 16 cortes son
incuestionables. “Guns Of Navarone”, de The Skatalites, aparece en su mezcla
original, sin los retoques que posteriormente se le añadieron. Algo similar
ocurre con “Dancing Mood”, de Delroy Wilson, en la que se respeta la grabación
de la voz original, y no la remezcla que apareció después en tantas
recopilaciones. Si a eso se le añade la primera toma de “Deceleration Of
Rights”, de The Abyssinians, “I'm Still In Love”, de The Altons, y otros
clásicos de Jackie Mittoo, The Heptones, Dennis Al Capone y Larry Marshall, está
claro que no hay la más mínima posibilidad de equivocarse.