Unos quince años, cinco discos de larga duración, un álbum de versiones, varios EPs, muchas giras por toda la Península… Y, sin embargo, en la primera división del pop estatal casi nunca se ha tenido en cuenta a Niños Mutantes, por elementos ajenos al grupo. Puede que todo cambie con su nuevo álbum, Todo es el momento, que, de nuevo, presentan en directo con una larga gira.
El dúo folk-rock más famoso de los 60, Paul Simon y Art Garfunkel, firmó
una serie de discos imprescindibles de aquellos años, empapados de armonías
agradables y entonadas guitarras acústicas y eléctricas que se combinaban con
la aguda pluma de Paul Simon. Siempre habitaron el extremo más pulido del
espectro del folk-rock y, por ello, fueron a veces criticados por su falta de
sustancia. Muchos incluso creen que Paul Simon, tanto como cantante como
compositor, no llegó a florecer verdaderamente hasta que comenzó su exitosa
carrera en solitario en los años 70.
Lo mejor de la producción de Simon & Garfunkel puede situarse
tranquilamente al lado de lo mejor de Paul Simon, y está claro que el dúo fue
progresando musicalmente a lo largo de sus cinco discos, desde las más
limitadas producciones folk-rock de sus comienzos hasta los arreglos de
influencias latinas y gospel que no eran más que un anticipo del eclecticismo
de Simon en sus álbumes en solitario.
Evidentemente, una carrera se construye avanzando sobre un pasado, que,
en el caso de Simon & Garfunkel, poco podía aventurar lo que llegarían a
ser. Una década antes de su primer disco, lo que hacían no era más que emular
a los Everly Brothers -ahora homenajeados con su presencia en el concierto que
recoje este disco en directo-, con una actitud más juvenil si cabe aún, convirtiendo
en algo más asequible los logros ya conseguidos por estos con anterioridad. Y
no es que los Everly Brothers fueran la imagen de la revolución o de la
experimentación.
Como Tom y Jerry tuvieron un pequeño éxito, “Hey Schoolgirl”,
producto de la época en la que fue grabado, justo cuando los imitadores de
Elvis Presley dirigidos a un público adolescente se hacían con el
mercado.
Sus sucesivos intentos no llegaron a ninguna parte. Incluso se separaron,
y Paul Simon lo intentó como compositor y ocasional intérprete bajo distintas
encarnaciones. En el momento en que retomaron su colaboración, ambos estaban ya
bajo la influencia del folk -muy en boga entonces gracias a, sobre todo, Bob
Dylan-, aunque conservaban el instinto pop de Simon.
Su primer disco con el nombre de Simon y Garfunkel, Wednesday Morning
3 A.M., del 64, pasó desapercibido. Fue el también productor de Bob Dylan,
Tom Wilson, que había sido decisivo en la reconversión eléctrica del bardo de
Minessota, el que retomó una canción de aquel debut, “Sounds Of Silence”
para embellecerla con guitarra eléctrica, bajo y batería.
A partir de ahí, con el single encaramándose a las listas, meses después
de haber renunciado a seguir juntos, Simon & Garfunkel decidieron continuar
y vivieron sus cuatro años de celebridad, siendo visitantes asiduos de las
listas de éxitos con algunas de las mejores canciones folk-rock de la época,
incluyendo “Homeward Bound”, “I’m A Rock” o “A Hazy Shade Of Winter”.
Los primeros discos del dúo eran un tanto erráticos, pero fueron
ganando entidad al tiempo que Paul Simon agudizaba sus composiciones y al mismo
tiempo que ambos se fueron aventurando y encontrando más cómodos en el
estudio. Su ejecución de las canciones era tan pulcra que les costó encontrar
su lugar en la era psicodélica, justo los años en los que editaron sus cinco
discos.
No eran elgrupo más rebelde, pero consiguieron hallar un camino para que sus
canciones llegaran a diferentes segmentos de la audiencia pop y rock y a varios
grupos de edad, no únicamente a los adolescentes, sin comprometer en absoluto
su música. Parsley, Sage, Rosemary and Thyme, a finales del 66, fue su
primer disco consistente. Bookends, en el 68, que combinaba singles
previos con material nuevo, reflejaba su creciente madurez. Una de sus
canciones, “Mrs. Robinson”, se convirtió en uno de los emblemas de la
recordada generación de aquel año, debido sobre todo a la repercusión
alcanzada por ser incluida en la banda sonora de la película El graduado.
La sorpresa llegó cuando la colaboración entre ambos empezó a decaer a
finales de la década. Nada extraño si tenemos en cuenta que habían
permanecido juntos la mayor parte de sus carreras y que ya habían disfrutado
con anterioridad de periodos en solitario para explorar sus propios límites.
Paul Simon se sentía limitado al trabajar siempre con el mismo colaborador y
Art Garfunkel, que no escribía prácticamente nada del material en común
-aunque hay que tener en cuenta que parte del atractivo del dúo estaba en su
voz de tenor alto-, se sentía ensombrecido por el talento compositor de su
compañero.
Su último álbum en estudio, Bridge Over Troubled Waters, además
de ser su mayor éxito, se mostraba como el más ambicioso musicalmente de toda
su trayectoria: por allí se dejaban caer percusiones tormentosas, arreglos
orquestales diseñados con gusto en cortes como “The Boxer” o “El Condor
Pasa” y los primeros pasos en el territorio de los ritmos latinos en
“Cecilia”.
Desde entonces, tan sólo reuniones como el single de 1975 “My Little
Town”, el concierto de 1981 en Central Park o la más reciente gira del 2003,
la que sirve de base al material recogido en este doble compacto Old Friends,
Live On Stage, ayudan a recordar aquellas canciones y a hacer más evidente
que parte de su mérito estuvo en haber recogido como pocos el tenor reflexivo
de aquellos años.