Corría el año 2001 cuando Charades comenzaron su andadura en Madrid por iniciativa de Isa (Bilbao), María (Barcelona), Coki (Ponferrada) y Guille (Madrid). Su primer trabajo fue The Only One (H-Records, 2004), un EP de cuatro temas a medio camino entre el garage y el pop guitarrero con el que consiguieron llamar la atención del prestigioso sello estadounidense Kill Rock Stars, que incluyó al grupo en el disco recopilatorio Tracks And Fields (2004) junto a bandas y artistas de la talla de Sonic Youth, Gossip, Decemberists o Billy Childish.
Tras registrar un segundo EP que no llegó a ver la luz, Charades lanzaron When Shinning Blue (Corea Discos, 2006) primer disco grande, producido por Santi García, que presentaron a lo largo y ancho de la geografía española actuando en festivales como PopXiriaPop y Primavera Sound. En el verano de 2007, después de un año de arduo trabajo y continuos conciertos, Charades se reencontraron con Santi García listos para grabar su segundo LP. Tras fichar por el veterano sello BCore, aparece En ningún lugar, una nueva colección de canciones que muestra la vibrante evolución de un grupo en continuo e inspirado crecimiento, con el que el grupo se adentra en senderos más envolventes, complejos y, de alguna forma, maduros.
Cuando
Malcom McLaren, que había sido manager de los New York Dolls, y la diseñadora
vanguardista Vivienne Westwood decidieron crear un grupo de rock, lo primero que
hicieron fue abrir una tienda de moda llamada Sex. Pensaban que un nombre polémico
atraería a los inadaptados de la zona. En el momento en que John Lydon cruzó
el umbral, sabían que no se habían equivocado.
Parece
irónico que los Sex Pistols, conocidos sobre todo por sus proclamas
antisistema, surgieran de la misma forma programada que grupos para adolescentes
como las Spice Girls o los Backstreet Boys. No fue la única similitud: no eran
exactamente músicos cuando fueron descubiertos, sino punks creativos y
comprometidos. Ésa es, justamente, la naturaleza de los Sex Pistols: fueron un
dechado de contradicciones.
Poco
después de unirse al resto de compañeros -que no eran otros que Sid Vicious,
Glen Matlock, Paul Cook y Steve Jones- en lo que sería esta nueva aventura,
John Lydon cambió su nombre por el de Johnny Roten -Juanito Podrido-. En 1977,
después de la más famosa aparición de un grupo en un programa de televisión,
en la que sustituían a los previstos -y más políticamente correctos- Queen,
los Sex Pistols lanzaron su único disco mientras el grupo existió, Never
Mind The Bollocks, el álbum que puso a temblar el adormecido sistema y que
sentaría para siempre el catálogo del perfecto punk.
Aquel
disco tomó por sorpresa las listas rompiendo muchos de los tabúes establecidos
y atacando a varias vacas sagradas, llegando a insultar a la Reina del Imperio
Británico en “Good Save The Queen”. En un acto de rebelión política, el
grupo de anarquistas reconvertido a banda de rock editó aquel single
coincidiendo con el Jubileo de la Reina Isabel. Las tensiones se desataron y había
que tomar postura: o se estaba con ellos o se les despreciaba.
Never
Mind The Bollocks, con sus
escasos 40 minutos, todavía mantiene toda su fuerza. Grabado entre marzo y
junio del 77, en una época en la que no era fácil ser los Sex Pistols
-censurados en una parte del país, bloqueados en la otra, atrapados entre las
decisiones erráticas de Malcom McLaren-, no deja de ser un milagro que el álbum
agitara las conciencia de la sociedad bienpensante de entonces. Más aún si
tenemos en cuenta la ineptitud en el bajo de Sid Vicious, que sólo grabó un
par de temas, y la presión que sentían sobre sus personas para reinventar el
rock’n’roll.
En
su momento, el crítico de la revista Rolling Stone definió el disco “como
dos trenes de metro desbocados que chocan bajo toneladas de barro.” No iba muy
descaminado, pero se olvidó, sin duda, de la astuta observación de su
productor Chris Thomas, cuando afirmó que los Sex Pistols eran como los Who.
Otro
de sus colaboradores en el estudio de grabación, Dave Goodman, afirmó que
“los Sex Pistols son un grupo que han representado un paso de gigante en la
historia de la música, como los Beatles, Elvis Presley o Beethoven.” Aunque
la audacia de la manifestación invitaba a la controversia, lo cierto es que su
tesis era difícilmente rebatible.
Como
grupo, consiguieron que se desarrollase una escena completamente nueva a su
alrededor y, aunque sus limitaciones como artistas les impidió grabar un disco
tan completo como London Calling de The Clash, todavía permanecen como
la imagen más indeleble de aquel momento. Tan grande es su sombra, que hoy en día
sus sucias huellas están marcadas en todas y cada una de las habitaciones de la
música pop.
Poco
más de veinte meses después de su formación, los Sex Pistols se separaban
debido a múltiples causas. La principal era que un grupo así no se podía
mantener en pie sin entrar en el sistema contra el que despotricaban. Las
razones secundarias habría que buscarlas en las drogas, la incompetencia y una
falta de dirección por parte de su manager.
Su
nihilismo encendió la mecha que prendió en gente como Kurt Cobain, por poner
uno de los ejemplos más evidentes. Grupos de los 90 como Nirvana o Pearl Jam
mostraron con vehemencia su rabia y su desilusión, aunque ya entonces estaba
claro que tales sentimientos pertenecían a los Sex Pistols. Además, en lugar
de quejarse y lamentarse, los Sex Pistols mostraron su furia con una convicción
que nadie puede definir ni negar.
Los
Sex Pistols golpearon la escena de los setenta como ninguna banda antes. Suirreverencia tenía precedentes en los primeros rockers, como Eddie
Cochran, Chuck Berry o Pete Townshend. Desaparecieron tan rápidamente como se
hicieron notorios y la sociedad se encerró en su concha durante la siguiente década.
Seguidores como Frank Black o Bob Mould continuaron su legado en un anonimato
casi completo hasta que a finales de los 80 todo explotó de nuevo. Ya entonces,
cualquier grupo que pretendiese armar ruido con una guitarra eléctrica sólo
podía hacer revival.
Hoy,
25 años después del lanzamiento de Never Mind The Bollocks, sus
canciones siguen manteniendo el mismo impacto que cuando se editaron por primera
vez. En homenaje a esas bodas de plata, se publica un recopilatorio más
titulado Jubilee, The Best Of The Sex Pistols, que no es más que una
colección de todos sus singles en estricto orden cronológico. Aunque decir
nada más en un disco que contiene “God Save The Queen”, “Anarchy In The
UK”, “Pret Vacant”, “Holidays In The Sun” significa quedarse muy
corto.