Comenzó con su hermano Tote King en un disco acreditado a ambos cuando casi no alcanzaba la mayoría de edad. Después, en el 2004 llegaría su debut, La selva, al que seguiría una época de inestabilidad. Ahora, perfectamente asentado como una de las mayores realidades del hip hop en castellano, llega su segundo disco, Sangre.
Las
míticas sesiones de la radio pública británica nacieron como consecuencia de
varias anomalías: la estrechez de miras de los responsables de la radio pública
británica, las restricciones impuestas por los sindicatos de músicos y la
imaginación de un puñado de amantes del rock, dispuestos a salvar cualquier
obstáculo con tal de hacerse un hueco en la programación.
Durante
los años cincuenta, la escena musical londinense era un páramo, mimética sin
más de las listas de éxitos estadounidenses. Las editoras controlaban férreamente
el negocio, gracias a un acuerdo con la BBC -que operaba entonces en régimen de
monopolio-, a la que pagaban cuotas fijas para que sus canciones fueran apoyadas
y publicitadas más allá de su calidad intrínseca.
A
principios de los sesenta, con la tremenda explosión musical juvenil propiciada
por los Beatles y sus coetáneos, la situación empezó a cambiar, aunque el
rock’n’roll aún padecía severas restricciones en las ondas. Como medida
proteccionista, el poderoso Sindicato de Músicos obligó a racionar la emisión
de canciones pregrabadas en singles comerciales a tan sólo 82 horas semanales.
Todo
lo que se emitiese por las ondas, con excepción de esas 82 horas, debía
registrarse en los propios estudios radiofónicos. Por lo tanto, los aficionados
británicos tuvieron que escuchar los primeros grandes éxitos del pop en
versiones descafeinadas, interpretadas específicamente para la radio por
orquestas de baile y cantantes anónimos, sin duda de intachable
profesionalidad, pero ajenos por completo al espíritu vitalista y rompedor de
esas canciones.
Ante
ese panorama desolador, los representantes más avispados decidieron pasar
enseguida al contraataque, buscando el resquicio por donde agujerear un sistema
en apariencia tan rígido. No por casualidad, Brian Epstein fue uno de los
primeros en encontrarlo: si la BBC exigía canciones registradas expresamente
para la radio, los Beatles las harían, tanto en directo como en estudio. Ése
fue le germen de las legendarias sesiones de la BBC, un auténtico filón
durante años para el mercado de los discos piratas, hasta su edición regular
en primorosos volúmenes digitales, a mediados de los noventa.
Gran
parte de ese mérito se debe, sin duda, al locutor John Peel. Junto a Bernie
Andrews, legendario productor de muchas de las sesiones para la BBC de The
Beatles, el personaje más importante de la historia musical de la emisora británica
es John Peel, un hombre que empezó a labrar su leyenda a mediados de los años
sesenta en los micrófonos de la emisora ilegal Radio London.
En
su programa Perfumed Garden (Jardín perfumado) programaba rock marginal
norteamericano y sonidos locales tan extravagantes para la época como los de la
Incredible String Band. Por aquel entonces, John Peel dirigía, además, el
sello Dandelion, refugio de artistas irreverentes como Bridget St. John,
Clifford T. Ward, Medicine Head y el Gene Vincent de sus últimos años.
Cuando
Radio London fue obligada a cerrar, John Peelencontró trabajo como conserje de un zoológico. Por suerte, de allí le
rescató Clive Selwood, que utilizó toda su influencia como directivo de la
compañía Elektra para que le encomendasen la dirección de un programa en la
flamante nueva cadena pública, Radio 1.
Enseguida,
la gestión de Selwwood se revelaría providencial: desde su micrófono, John
Peel apoyó a debutantes como Jimi Hendrix y descubrió a artistas como Marc
Bolan, aún al frente de Tyrannosaurus Rex, incluso contra las instrucciones de
los propios directivos de la cadena, que le reprocharon que pusiera aquella música,
porque “cualquiera puede darse cuenta de que esos T. Rex no van a llegar a
ninguna parte.”
Más
tarde, ya en los 80, volvió a hacer uso de su olfato dando su primera
oportunidad a bandas como Siousxsie And The Banshees, The Smiths, Sonic Youth y
muchos más, a quienes inmortalizó en decenas de grabaciones únicas,
registradas expresamente para su espacio.
Estas
sesiones, que ahora se editan, tienen un valor excepcional. Mayor sorpresa
representa, aún, saber que se encuentran disponibles en el mercado español,
poco receptivo ante grabaciones tan excepcionales como éstas.
En
una primera entrega, aparecida hace escasos meses, tuvimos la oportunidad de
disfrutar de grabaciones inéditas de pioneros de los 60 de nombres como Small
Faces, Tim Buckley y The Incredible String Band, leyendas de los 70 como Graham
Parker, Kevin Ayers y The Damned, o nombres tan representativos en los 80 y 90
como The Damned o Dinosaur Jr.
Ahora
se publican otra veintena larga de nuevos títulos. Entre ellos, el concierto
que en los 70 dieron tres de los Byrds en su regreso a los escenarios de
Londres. Además, aparecen sesiones de grupos indispensables de los 80 como Joy
División, New Order o The Wedding Present. Hay que recordar, también, que al
margen de esta colección, en los últimos tiempos se han editado las
grabaciones para la BBC de Led Zeppelin, The Who, David Bowie, The Beatles,
Pixies o The Jam.
Eternamente agradecidos le estaremos a la BBC por lo que ha hecho por la
historia del rock. Cada vez que nos encontramos con la marca de origen BBC
Sessions sabemos que no hay posibilidad de equivocarse. Nada parecido se ha
hecho nunca por aquí -aunque si se llegasen a editar los conciertos de Radio 3
o algunas sesiones de sus programas radiofónicos...-