Son uno de los proyectos más personales del Estado. Con su primera maqueta ganaron varios festivales, entre ellos el convocado por el Festival de Benicassim. Después vinieron dos discos intensos y eléctricos -El Columpio Asesino (2003) y De mi sangre a tus cuchillas (2006)-. Ahora, con menos ferocidad, pero igual intensidad, y un sonido muy especial, editan La gallina, un álbum que presentan el sábado 24 en la Sala Karma de Pontevedra.
De
nuevo los Beatles. Antes de ellos, y al menos en el mundo del pop, nadie conocía
la música de la India, un continente en sí mismo, con sus mil millones de
habitantes. “Norwegian Wood”, de su disco Rubber
Soul de diciembre del 65, contenía un sitar interpretado por George
Harrison. Los meses siguientes vieron a los cuatro de Liverpool retirados en
distintas comunidades de la India y nada, ni siquiera su música, fue lo mismo a
partir de ese momento.
Desde entonces veteranos como Ravi Shankar pudieron pasear su sonido por
escenarios de todo el mundo. De todas formas, tendría que llegar la electrónica
en los ochenta y pasar aún unos años hasta que la fusión entre los sonidos más
actuales y la tradición india se convirtieran en una –deliciosa- realidad.
Peter Gabriel lo intuyó e incluyó en su catálogo al artista de más
proyección en toda la historia del subcontinente indio, Nusrat Fateh Ali Khan,
quien, con esa pequeña ayuda, extendió el virus del sufismo paquistaní por
todo el mundo, hasta su muerte en agosto del 97.
Michael
Brook le produjo en 1991 su aclamado álbum Mustt Mustt. La remezcla que Massive Attack hicieron del tema que le
daba título puede ser considerada como la carta de naturaleza de una fusión
que durante los 90 se estaba haciendo con las pistas de baile más
especializadas.
Joi, Vas, Talvin Singh, Trilok Gurtu, Black Star Liner, Jasi Uttal,
Future Soundz Of India, Earthtribe, Fun-Damental, Cornershop, State Of Bengal...,
todos ellos nombres que configuran ese sonido a medio camino entre los ritmos
indios y la electrónica más carnosa. Llamémosle bhangra,
asian underground, eastern
uprising o ethno-techno, el caso
es que estos artistas han dado a la luz parte de los sonidos más excitantes de
los últimos años.
Los aromas orientales, ninguneados en el pasado por la prepotente cultura
occidental, gozan en los últimos tiempos del certificado de
lo moderno. Al menos ahora los músicos nacidos al este de Londres o dentro
de las comunidades indias de la capital británica ya no son considerados bichos
raros, y sus discos son algo más que el apunte exótico de una colección que
se precie.
Outcaste, fundado en el 94, se ha convertido en la discográfica con el
catálogo más completo de nueva música anglo-india, distribuido en nuestro
Estado desde hace unos meses.
El
mejor acercamiento a una idea global de lo que representan estos sonidos son los
tres recopilatorios editados hasta el momento por el sello: Untouchable
Outcaste Beats, Outcaste Too
Untouchable y Outcaste New Breed UK.
Ahí están recogidos los más interesantes experimentos en la unión del
folklore indostánico con las propuestas electrónicas, junto a nombres de más
relevancia como Cornershop, Trilok Gurtu o Shri y Nitin Sawhney, los dos pesos
pesados de Outcaste.
Shri
nació en Bombay y allí aprendió el arte clásico de la tabla, el instrumento
de percusión más omnipresente en la música hindú. Sus contactos con el jazz
y la música occidental le permitieron inventar un bajo eléctrico muy
particular con el que ha desarrollado un estilo único de interpretación.
Su
primer álbum, titulado Drum The Bass (1997)
y producido por Nitin Sawhney, muestra las posibilidades que ofrecen las técnicas
de interpretación hindúes al mezclarse con la tecnología occidental. Su
segundo disco, Dancing Drum (1998),
realizado en colaboración con el yemení Badmarsh, significa un paso adelante
en la evolución de los ritmos globales.
Pero
quien mejor sirve al sello Outcastees el inquieto Nitin Sawhney. Desde pequeño canalizó su
creatividad a través de la música, estudiando piano, guitarra flamenca e
intentando encontrar la relación entre el jazz-rock y la música clásica india
que escuchaba en casa.
Aunque
el impulso definitivo a sus experimentos fue la colaboración comoteclista con The James Taylor Quartet, que le introdujo en la escena de
los clubes de baile y por la que entró en contacto con Talvin Singh,
percusionista de Courtney Pine, con quien formó el Tihai Trio, un ente
imaginativo que abrió el camino al usar tecnología digital en la tradición acústica
de la música india.
Desde
que en 1994 publicara su primer disco, Spirit Dance, ha editado otros tres con el sello Outcaste: Migration
(1995), Displacing The Priest (1996) y Beyond
Skin (1999), además del recopilatorio Introducing,
una introducción elaborada para el mercado español.
Lo más sobresaliente es que su evolución le ha llevado a situarse por encima
de la fusión de la que un día partió, para llegar a un vocabulario propio que
se extiende a cada paso. La paleta de Nitin Sawhney conserva aquella mezclas de
colores primarios –sonidos ancestrales de la India y ritmos contemporáneos-,que ahora conviven con guitarras flamencas, jungle,
tablas, drum’n’bass, rap,
canción bengalí, ritmos latinos y el hipnótico juego de voces de cantantes
como Devinder Sighs, Denise Anogyu o Jayanta Bose. Más que un simple ambiente
exótico, sus canciones son un reconfortante ejercicio para el cuerpo y para la
mente.