42 años y millones de discos vendidos. Tras un pasado punk y radical, en muchos sentidos, Moby ha vuelto su vista hacia la música de baile que, dice, es lo que ha hecho que recupere su fe en la música. Last Night es el disco que lo testifica y puede que no sea un éxito mundial, pero al menos Moby dice estar contento.
Resumen
del 2001: el rock en los tiempos de Napster
Leonard Cohen
En los últimos años no habíamos asistido a una eclosión de grupos que
recuperaran la esencia del rock como en el primer año del siglo XXI. ¿Es éste
el futuro que preveían algunos? Y lo más curioso es que sus máximos valedores
son chavales que no habían nacido cuando los Beatles se separaron; algunos, ni
tan siquiera cuando los Sex Pistols editaron su único disco. Estamos hablando
de The Strokes, cinco residentes de Nueva York que, en el año más negro de la
historia de su ciudad, le han dado a su escena el disco de debut más
interesante en dos décadas.
No
han sido los únicos. Desde Detroit, Jack y Meg Ryan como The White Stripes,
enfundados en un atractivo blanco y rojo, han acercado el sonido garage al
gran público, tiñéndolo, eso sí, de otras muchas influencias, algo similar a
lo que hacen los suecos The Hives. Black Rebel Motorcycle Club, también
norteamericanos, hicieron lo propio con el legado de The Jesus & Mary Chain
o Joy Division.
Por
su parte, Andrew WK se aventura ya como el Meat Loaf del futuro inmediato, con
canciones tan pesadas como contagiosas y con el hedonismo como bandera de su
forma de vida. Pero de todos ellos, quien lleva camino de convertirse en una
estrella creíble es Ryan Adams, un Bruce Springsteen alternativo que no tiene
problemas para codearse con Elton John o Alanis Morissette. Su Gold tiene
todos los números para convertirse en el nuevo Born In The USA,
incluyendo una cita crítica a la bandera en su portada, exactamente igual que
aquel disco histórico.
Otras
muchas bandas mantienen el espíritu del pop de guitarras clásico, retomándolo
justo donde dejaron los Beach Boys o los Beatles. El 2001 ha sido un gran año
para lo que conocemos como power-pop, con discos para el recuerdo de
Weezer, Pernice Brothers, Cosmic Rough Riders, Splitsville, Big Soul –más
cercanos al funk- o El Goodoo.
Aún
más clásicos suenan Travis, con un hermoso y humilde tercer álbum, TheInvisible
Band, que nos retrotrae a las melodías de The Byrds; Starsailor, alabados
por aquellos a quienes siguen –Neil Young y Van Morrison-, aunque lo suyo
tenga más del espíritu de Jeff Buckley; James, a base de perfectos himnos pop;
y, por último, Super Furry Animals, que editaron el trabajo más ambicioso –y
de resultados más sorprendentes- de todo el año, Rings Around The World.
Bob
Dylan encabeza la lista de veteranos en racha creativa en el 2001. Su Love
And Theft, producido por él mismo, deja claro que la sencillez puede
conducir a las cimas más altas. Algo así como lo que Leonard Cohen lleva hasta
las últimas consecuencias en Ten New Songs, despojándose de todo lo
accesorio, aunque en su caso el mérito lo comparte con su colaboradora Sharon
Robinson, compositora, instrumentista y productora del disco. Nick Lowe y Paul
Weller también han incidido en esa línea, a través de una producción
espartana el primero y de recitales acústicos el segundo.
Son,
tal vez, los artistas surgidos durante los 80 y principios de los 90 los más
preocupados por buscar nuevas vías. REM lo llevan intentando una década,
aunque para su disco más conseguido en este tiempo, Reveal, han
recurrido a algún truco de su libro de estilo. The Charlatans insuflaron aires
negros y falsete a su música, consiguiendo el honroso mérito de sonar como los
Rolling Stones de “Miss You”. Mientras New Order, intentando rejuvenecer el
suyo con guitarras saturadas, dejaron parte de su encanto en el camino.
Una
vez más, Björk ha conseguido lo casi imposible: sorprender de nuevo, en esta
ocasión utilizando sonidos domésticos para configurar canciones que deben ser
escuchadas en la intimidad del hogar. Radiohead, profundizando en su faceta
experimental, han logrado atisbar nuevos caminos inexplorados aún y, lo que hoy
suena vanguardista, mañana será una absoluta referencia.
¿Así
que dónde quedó la música electrónica? Relegada a un segundo lugar, al que sólo
el corta y pega de The Avalanches redimió momentáneamente. Cierto es
que Gorillaz tuvieron la máxima repercusión partiendo de la nada, pero
Basement Jaxx y Daft Punk repitieron, y reiteraron, sus momentos de éxito. Lo
de Air, a ritmo de rock sinfónico, sólo tiene una definición: el mayor fiasco
del año.
Al
margen de los circuitos habituales, cabe destacar el momento dulce del rock
francés, con Dominique A y Experience a la cabeza, el aire bucólico de los
noruegos Kings Of Convenience, los nuevos Simon & Garfunkel, y la repercusión
pública de Manu Chao, aún a costa de repetir los esquemas de Clandestino en
Próxima estación: esperanza, su “hermano menor”.
Por
lo demás, el 2001 será recordado como el año en el que Napster, y otros
clones suyos después, permitieron descargar música gratuitamente desde la red.
Evidentemente, ello supuso un aumento de la piratería y un desconcierto de las
compañías discográficas tradicionales, que no han sabido aprovechar las
posibilidades, hoy tan sólo atisbadas, de las nuevas tecnologías. Aunque ésa
es otra historia.