Duffy será toda una estrella, si no lo es en el momento en que leas estas líneas. En pocas semanas va a pasar de ser la pequeña galesa de nombre real Aimee Ann que sólo había realizado un pequeño número de conciertos, sobre todo como telonera de The Magic Numbers, y con una única actuación estelar en la televisión británica en el programa de Jools Holland en la BBC2, a convertirse en uno de los nombres de referencia de este 2008 y de los próximos años.
Los discos recopilatorios son, en su mayor parte, para desconfiar de
ellos. Sus autores –las propias compañías discográficas casi siempre, no
nos engañemos- intentan aplicar una y otra vez la ley del mínimo esfuerzo.
Se trata de álbumes previsibles, con las canciones más conocidas de un
grupo o de un solista, con el simple añadido de un par de temas inéditos, o,
si se trata de incluir a varios artistas, con un nexo en común tan evidente
como poco justificable. Por eso empeños como los de Radical mestizo encierran
un gran mérito y se convierten en todo un logro que debería ser imitado y
convertirse en la regla, y no en su excepción.
Para empezar, conocemos los nombres de sus responsables, algo que en la
práctica totalidad de los casos queda oculto por el simple hecho de que sus
autores son conscientes de que conviene más permanecer en el anonimato si no se
aporta nada.
En este caso, Valentín Ladrero, uno de los responsables del sello
discográfico Fonomusic, se encarga de todo lo relacionado con lo que podríamos
llamar producción, mientras que el experto DJ Floro realiza el trabajo de
selección. Y así debería de ser siempre que no se tenga en cuenta
exclusivamente el criterio comercial: alguien de un sello encargándose del
aspecto industrial mientras alguien que conoce a fondo el tema escoge a quienes
deben estar representados en el disco.
Ya fue así en un primer
volumen, también doble, editado el ano pasado: el trabajo se repartió de la
misma forma y toda la critica coincidió en lo positivo de los resultados, a
pesar de que la selección no pudo contar con algunos nombres imprescindibles.
Este es el sentido de la serie Radical mestizo y de su nueva
entrega dospuntomil: el compromiso y el baile. Hay gente que compone músicasy escribe palabras tan certeras que hacen tambalear nuestras conciencias, y
estos discos están aquí para certificarlo.
Algunas nacen busconas y se encuentran con lo peor de nuestras calles, de
nuestros pueblos, de nuestros gobiernos¼
En el mundo de las mil lenguas que crece en las ciudades de Europa y América, y
a ritmo de ska, batucada, hip-hop, afro, salsa, reggae, rock, jungle o
raggamuffin’, las revoluciones pendientes parecen convertirse en algo mucho más
factible.
Músicas para pensar. Radical y mestizo. Estos dos volúmenes son una
muestra contagiada de conspiración ideológica a través de la fiesta y de la música
popular contemporánea. En ellos se puede encontrar una actitud estética
entresacada de un caleidoscopio multicolor, en el que se fusionan los ritmos y
explota la voz de la independencia, de la contrainformación, de la libertad artística.
Los modelos anglosajones en los países de ascendencia latina empiezan a
tener serios competidores en músicos que intentan reinterpretar esos modelos y
mezclarlos, como si de alquimistas se trataran, con otro tipo de influencias
sonoras sobre el decorado de la opulencia europea y la miseria latinoamericana.
Por eso una propuesta como ésta, abierta y ecléctica, habla, necesariamente,
castellano, gallego, euskera, catalán, francés, portugués, italiano, piamontés...
También dan fe de los sonidos deliciosos que se han exportado, sin
ninguna ayuda, casi de tapadillo, desde determinados territorios, como plagas
fantásticas que se expanden a través del ritmo. Al mismo tiempo, muestran
hambre de cultura y se convierten en espejo de una realidad olvidada, de
inmigrantes ilegales y jóvenes luchando en las selvas de la supervivencia, de
ciudades que se transforman en pasos fronterizos y en laboratorios mestizos de
experimentación musical para artistas abiertos y militantes.
Por eso discos así no son sectarios, ya que detectan empatías
sugerentes, músicas apasionadas y generan o certifican relaciones entre las
bandas que incluyen. Los textos son significativos en todas ellas y la
radicalidad se expresa en su actitud comprometida. Radical que deviene raíz,
sonidos contemporáneos, urbanos, aderezados con evidentes raíces afro-caribeñas,
mostrando un universo periférico, sin presencia en los medios, y
extraordinariamente activo.
Ahora, en su segunda entrega, se agradece la evidente mayor coherencia en
la selección de la treintena de nombres que completan la antología. Para
empezar, se reconoce la labor de los precursores, presentes por fin, en la voz
de Manu Chao y Fermín Muguruza.
La estela de Mano Negra queda clara en Dusminguet, La Bemba Blanch, King
Changó, Sargento García o La Vaca Guano. Y el rap, la voz que más agita las
conciencias, viene identificada por las aportaciones de los vallecanos Hechos
Contra El Decoro, los mexicanos Control Machete, el mozambiqueño General D, los
cubanos Orishas y su colega Nilo o los senegaleses Daara J.
A su lado, aportaciones como las de Sidestepper, Cypress Hill cantando en
castellano, los imprescindibles Diplomáticos de Monte-Alto o la Basque Dub
Foundation muestran un presente palpitante y cálido que huye de los caminos
trillados para despertar, una vez más, las conciencias.