Lo primero que llama la atención es su voz: el poder vocal que tiene para desafiar escalas, llegando a los tonos más bajos, sensuales y lentos. Pero también tiene soul y, sobre todo, sabe cómo hacer bailar. Sam Sparro posee, además, un don innato para las melodías y reconoce un estribillo poderoso en cuanto lo oye. No hay más que escuchar un single como “Black And Gold” para comprobarlo y saber por qué su primer disco homónimo es un éxito planetario.
“No soy realmente una
profesional de nada”, sentenció un buen día Laurie Anderson. “Bueno, tal
vez haya hecho de contar cuentos mi profesión. Toda la música y las imágenes
son simplemente formas de contar historias”.
De alguna manera,
“cuenta cuentos” no parece la forma más apropiada de describir una carrera
que ha comprendido arte visual, música, fotografía, literatura o vídeo, eso
sin hacer referencia a sus numerosos monólogos cómicos sobre el escenario.
Laurie Anderson ha
llevado el arte de la representación a los públicos mayoritarios y ha traído
bastante de la cultura pop al terreno de la vanguardia. De hecho, toda su
carrera puede ser vista bajo la perspectiva de alguien que pone fin a las
barreras, que trabaja con objetos cotidianos para convertirlos en entes extraños,
creaciones nuevas, y que descubre lo extraordinario que hay en lo común.
Un micrófono detrás de
su oreja, pegado a unas gafas de sol, hace de la cabeza de la artista un
instrumento percusivo con un sonido
propio y distintivo. Una simple frase preguntando por una dirección lleva a un
paisaje surreal que no ha sido construido aún. El contestador automático de un
teléfono parece tener su propia mente. Un músico toca el violín mientras
lleva un par de patines recubiertos de hielo. Cuando el hielo se derrite, el
espectáculo finaliza.
Hay muy poco en la
cultura americana que haya escapado al ojo cuestionador de Laurie Anderson. La
televisión. Los deportes. La celebridad. Los medios de comunicación. Los
colonizadores y los indígenas. Y no nos olvidemos de esos temas universales:
religión, política, dinero, poder, relaciones entre hombres y mujeres.
Una buena parte del éxito
de Laurie Anderson es que cuanto más examina un tópico desde un ángulo –si
es más extraño, mejor-, menos parece tener una respuesta apropiada. Sus
propias palabras lo atestiguan: “Quiero producir imágenes que hagan que la
gente se pregunte un montón de cosas. No soy una moralista que golpee una mesa
y le diga a la gente lo que hay que hacer. Así no funciona nunca. Pero estoy
interesada en este mundo y cómo se mueve. Es muy parecido a lo que trata mi
arte”.
Después de infiltrarse
brevemente en las listas de éxito en 1981 con su “O Superman”, Laurie
Anderson tuvo una repercusión mucho mayor que cualquiera de los músicos de
vanguardia de su tiempo. Dejando de lado sus muy contadas incursiones en el
mundo del rock, Laurie Anderson siempre permaneció fiel a lo que se dio en
llamar performance. En sus ambiciosos
montajes multimedia no había sólo música, sino también películas, mimo,
proyecciones, baile y –lo más importante- monólogos y lenguaje hablado, la
esencia de su trabajo.
Aquel “O Superman” no
una canción cualquiera: se trataba de un single de once minutos construido
alrededor de bucles electrónicos que contenían una letra opaca, medio
recitada, medio cantada, con una voz tratada electrónicamente, que se convirtió
en una de las rarezas más imposibles que jamás hayan visitado las listas de éxito.
A partir de ahí llegaron
los discos Big Science, sacado de un
proyecto mucho más ambicioso -el espectáculo multimedia de siete horas United
States-, Mister Heartbreaker, United
States Live, Home Of The Brave, Strange
Angels, Bright Red, The Ugly One With
Jewels y Puppet Motel.
Talk
Normal: The Laurie Anderson Anthology recoge 35 de sus mejores momentos que van desde el
material más artístico hasta los
temas más pop de su trayectoria. Partiendo de “O Superman” el primer disco
equipara Big Science con sus más
profundos e hipnóticos temas, como “From The Air” o “Born, Never Asked”.
“Sharkey’s Day”, “Excellent Birds” y “Langue D’Amour”, todos del
más melódico y emocional Mister
Heartbreaker cierran este primer compacto.
El segundo disco escoge
los mejores momentos de la banda sonora de Home
Of The Brave –entre ellos, “Smoke Rings” y “Language Is A Virus”-
e incluye seis cortes de su discomás
basado en las canciones, Strange Angels.
La antología se cierra con un pequeño repaso a las viñetas de su último
trabajo, incluyendo “The Night Flight From Houston” y “The End Of The
World”.
Aunque esta antología
tiene tanta entidad que oscurece la personalidad de cada uno de sus discos, Talk
Normal recoge una buena parte de los temas recurrentes de Laurie Anderson.
Para los nuevos oyentes que busquen algo más que el más representativo de sus
discos, Big Science, esta colección es un buen punto de partida.