Projecto Mourente, a la felicidad por la electrónica
Empezó como un pasatiempo de Carlos Valcárcel, su factótum, en su habitación. Projecto Mourente editó un primer álbum, Baixo os eucaliptos, como quien no quiere la cosa, sin armar ruido, y poco a poco se fue haciendo un hueco en la escena gallega con su techno-pop bailable. Después se atrevió a dar conciertos. Hoy, con la misma filosofía que antes, pero con mayor repercusión, tiene ya un segundo disco, Kara.o.ke, comparte protagonismo con Yolanda Valcárcel, cuenta con varios invitados y se prepara ya para el directo.
“Un
concierto de rock y un partido de fútbol son los dos un espectáculo, o por
lo menos deberían serlo. Eso depende de todo el chanchullo que hay alrededor:
es un 5% de arte y un 95% de mierda”. Así resumía hace poco Manu Chao -aún
siendo él fanático del Bilbao y el Marsella- una impresión bastante
generalizada sobre el fútbol y el rock, dos mundos con mucho en común.
Evidentemente,
la conexión entre el mundo del rock y el del fútbol es obvia: los más fanáticos
son ahora los más jóvenes, esos que llenan los fondos sur de cada estadio.
En gran parte, ellos son también los que ocupan las primeras filas de los
conciertos en directo, y los músicos muchas veces no hacen más que imitar a
sus seguidores.
Tanto
en uno como en el otro espectáculo, la adrenalina y las ansias tienden a
liberarse, expresándose de forma similar. Con un héroe al fondo, alguien por
quien darlo todo, bien sea un delantero centro o la última estrella del pop.
Además, últimamente los futbolistas están convirtiéndose, muy a su pesar,
en auténticas estrellas del mismo nivel que antes sucedía con las del rock,
por lo menos a nivel internacional. Y si no que se lo pregunten a David Beckam,
Raúl, Luis Figo...
Por
ahora, en estas tierras aún andamos en pañales a la hora de escribir
canciones para apoyar a las selecciones. Es cierto que cada equipo tiene un
himno más o menos oficial y que muchos grupos se dedican a componer canciones
o a tocar los himnos como parte de sus conciertos: así lo hacían ya en los
80 Glutamato Ye-Yé con el del Atlético de Madrid y Siniestro Total con el
del Celta de Vigo.
Pero
de ahí a pensar que grabaciones como la de Rosana en aquel bochornoso
“Quiero estar contigo” junto a los componentes de la selección estatal
española, media un abismo. Ni tan siquiera para eso la Federación Española
de Fútbol tiene un mínimo de gusto, aunque en ello mucho tienen que decir
los intereses de los sellos discográficos. ¡Si ni tan siquiera se les pide
que busquen al grupo más creíble o más en la onda de lo que se hace en la
actualidad, sino que sea un himno contagioso y fácilmente tarareable en los
estadios y que todo el mundo recuerde por la calle!
En
eso los británicos, reyes absolutos en las listas del pop de medio mundo e
inventores del fútbol, llevan una ventaja de años luz. Aún no hace mucho
que pusieron a un grupo de probada reputación, ganada a pulso durante dos décadas
-Echo & The Bunnymen- para componer el himno de su selección, y por si
dudaban de su capacidad de enganche pusieron a cantarlo a su líder, Ian
McCulloch, al lado de las Spice Girls.
En
otra ocasión The Lightning Seeds grabaron , junto a los futbolistas Frank
Skinner y David Baddiel, lo que fue el himno oficial para la Eurocopa de
Naciones del 96, “Three Lions”, que, cómo no, se mantuvo entonces en el número
1 durante las semanas que duró el torneo.
Primal
Scream también grabaron para aquella Eurocopa, por pura diversión -lanzaron
una edición limitada que se mantuvo en las tiendas una semana-, una magnífica
canción titulada nada menos que “The Big Man And The Scream Meet The Barmy
Army Uptown”, repleta de samplers y con la colaboración recitando de
Irvine Welsh, el autor de Trainspotting.
Hasta
entonces, todos coincidían en señalar “World In Motion”, grabada por New
Order en 1990 para los mundiales de aquel año, y que contaba con la
colaboración de la mayoría de los componentes de su selección, como el
mejor himno futbolero grabado, convirtiéndose en un ejemplo modélico de
himno bailable, digno y exitoso.
Aquella
canción coincidió, en el verano de 1990, con otros himnos de selecciones
británicas. Escocia, con la participación de Love & Money, The Silencers
y Deacon Blue aportó “Say It With Pride”, en la que destacaban las gaitas
tradicionales pasadas por el sintetizador. Larry Mullen, de U 2, compuso
entonces el himno irlandés, en el que participaron Clannad y Davy Spillane, y
que contenía trozos de una entrevista con su entrenador a ritmo de hip-hop.
También The Pogues llegaron a grabar para el evento “Jack’s Heroes”,
con la ayuda de los veteranos folclóricos irlandeses The Dubliners.
Este
tipo de canciones, himnos que cuentan con el visto bueno de su Federación o
de su club, o que son adoptados por los hinchas como propios, se remontan ya a
los años 60. Los seguidores del Liverpool fueron los primeros en hacer suya
una canción de una de las bandas que más se paseaban entonces por las listas
de éxito: el “You’ll Never Walk Alone” de Gerry & The Peacemakers.
Algunas,
incluso, llegaron al número uno en las listas de éxito: “Nice One Cyril”
de Cockered Chorus o “Back Home”, el himno inglés de 1970, relegando al número
2 a la canción pro-irlandesa de Paul McCartney, “Mull Of Kyntire”.
Más
tarde llegaron Queen con su “We Are The Champions”, la más coreada en
cualquier ocasión, y que contó también con una versión a cargo de los
futbolistas Glen Hoddle y Waddle. Del grupo Serious Drinking se recuerda sobre
todo su título, “We’re Gonna Win The Cup In Spain” -”Vamos a ganar la
copa en España”-. Phil Collins grabó “Match Of
The Day” y Colourbox pusieron reggae y dub a “The Official
Colourbox World Cup Theme”. Stock,
Aitken & Waterman, el trío que dominó las listas durante los 80,
compusieron el himno para el Campeonato de 1988, “All The Way”, y New
Order también le dedicaron una canción a dos de sus héroes en “Best &
Marsh”: George Best y Rodney Marsh.
Al
primer toque
Elton
John tal vez se haya visto influido por sus antecedentes familiares. Su padre
y su primo fueron jugadores profesionales. Él mismo logró, como presidente y
accionista mayoritario del club Watford, ascenderlo de la tercera a la primera
división inglesa. Algo parecido al mecenazgo habitual de Rod Stewart con los
clubes y la selección escocesa, aunque en su caso había pasado antes por las
filas delBredfort como jugador
profesional e incluso había hecho una prueba en sus años de adolescencia
para jugar en el Barça.
Otros
no invierten tanto, pero, por ejemplo, Robert Plant es socio vitalicio del
Wolves, aunque llegó a entrenar con el Wolverhampton Wanderers, y a Elvis
Costello le comunican los resultados del Liverpool entre bastidores, cuando su
concierto coincide con algún partido. Los Housemartins solían clasificar sus
conciertos con lenguaje futbolístico (un 2-0 o un 1-3) y titularon su primer
disco con un expresivo London 0-Hull 4 -Hull era el lugar del que venían-.
Colourfield
hacían coincidir sus conciertos con las ciudades en las que jugaba el
Manchester United, del que también son seguidores buena parte de los grupos
de la ciudad, aunque Oasis, se decanten por el Manchester City. Joe Elliot,
vocalista de Deff Leppard, vuela con su padre desde Dublín cada vez que juega
el Sheffield y su afición le cuesta un pastón.
El
ejemplo más patriotero, por difícil que parezca, lo puso Billy Bragg, quien
en la portada de uno de sus singles reprodujo la Copa del Mundo ganada por
Inglaterra en 1966. A Wedding Present no se les ocurrió mejor idea para
homenajear a su ídolo George Best que colocarlo como portada y título de su
disco de debut.
Contrataque
Más
de un jugador sintió la llamada del mundo del rock y, además de correr por
el terreno de juego, también pisaron los estudios de grabación. Kevin Keegan,
una de las mayores leyendas del fútbol mundial, tuvo un éxito en 1979
cantando “Hands Over Heels In Love”. El simpático guardameta Peter
Shilton probó suerte con “Side By Side” y Paul Gascoine, más conocido
como Gazza, con “Fog On The Tyne”. Y la plantilla entera del
Liverpool puso sus voces en “You’ll Never Walk Alone” del disco Meddle
de Pink Floyd.
Menos
fortuna tuvo Maradona colaborando con el dúo Pimpinela, tal vez despistado
por los alucinógenos, aunque más tarde tuvo ocasión de resarcirse junto a
Andrés Calamaro y con la canción que le dedicaron Mano Negra. Rud Gullit,
capitán de la selección holandesa, conocido por sus tirabuzones, tenía su
propia banda de reggae. El cáncer que mató a Bob Marley vino
provocado por una herida mal curada que se hizo jugando al fútbol, su mayor
afición.
Otros,
sin embargo, comenzaron como jugadores y tuvieron que dejarlo, bien por su
manifiesta incapacidad o por tener mayor fortuna en el mundo del pop. Tal es
el caso ya citado de Rod Stewart, Gaz (Happy Mondays, jugador del Manchester
City), Mick Hucknall (Simply Red, jugador del Manchester United), David Essex
(jugador en el Colchester United) o Steve Harris (Iron Maiden, jugador en el
Halifax Town).
Iniciativas
autónomas mantienen la relación viva. Así, el Mariscal Romero se inventó
un buen día la revista Music & Gol, la única en el mundo dedicada al fútbol,
el rock y... ¡las tías en ropa interior! Hace unos años el diario Marca,
entre reportajes en los que Caminero y Rosendo se profesaban admiración
mutua, tuvo tiempo para preparar una recopilación titulada Fantástico
Marca. Y por si no tuviéramos suficiente, sólo queda recordar que
nuestro internacional Julio Iglesias fue, en su día, guardameta del Real
Madrid.
De
todos, Gabinete Caligari fueron los que mejor recogieron en una canción el
mundo del balompié en la “Canción del pollino”: “Nosotros somos gente
normal / hasta que llega el domingo... Pensad que seríamos bastantes / como
para hacer la revolución... Somos de los que no saben, no contestan / con
excepción del uno-equis-dos / somos los que no tienen biblioteca / y somos más
de un millón / bastantes más de un millón”.