Aquí están. Las preguntas que muchos nunca se atrevieron a preguntarle o, ni tan siquiera, a imaginarse. En las manos de sus fans, Bunbury se muestra como es. Sin más. Sin más intermediarios que la coordinación de Las Líneas del Kaos. Directamente de sus seguidores a su escritorio, por las preguntas discurren tanto su etapa en solitario comosu primera aventura con Héroes del Silencio.
CAMPUS GALICIA ARTÍCULO FESTIVAL INTERNACIONAL DE BENICASSIM 2003
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CAMPUS GALICIA ARTÍCULO FESTIVAL INTERNACIONAL DE BENICASSIM 2003
Festival
Internacional de Benicàssim:
El
color del éxito
Beth Orton y
Blur (Fotos: Manuel
Ángel Martín)
Parece mentira, pero fue así. En el Festival que siempre ha sido el
reducto de la música independiente hecha por blancos para gente de su misma
raza, acabó triunfando un blanco que roba de la música de color. Y, además,
el segundo artista más recordado es ya alguien que, aunque salta de un estilo a
otro sin complejos, cuando engancha más es cuando saca a relucir su vena Prince.
Moby venía a presentar dos discos de éxito, aunque complicados a priori
para su puesta en escena, y acabó erigiéndose en el rey absoluto de la novena
edición del Festival Internacional de Benicassim. Su saqueo a los primeros
discos del blues y el soul del siglo pasado, reciclado a través de una oportuna
humareda electrónica, contó con una portentosa voz de color que le puso alma
para siempre a un festival que nunca tuvo a las raíces del rock como
distintivo.
Beck, por su parte, quiso demostrar que puede con todo lo que le echen y
casi todo le sale bien, incluyendo su popurrí de T.A.T.U., Beyoncé, Nelly y
Justin Timberlake. La dispersión es, a la vez, su mayor virtud y defecto, donde
demuestra su ingenio y su erratismo. En sus recitales y sus discos deja claro lo
inteligente que es adaptando el pasado para marcar el ritmo del futuro. En
directo, al menos esta vez, lo que consiguió es dejar un sabor agridulce al
abrazar tantos estilos diferentes. Tal vez sobrase su interludio folk -que por sí
sólo sí podría justificar otra actuación completamente distinta y válida-
y, de esa forma, redondear un directo apabullante que, por lo de ahora, se queda
en efectista.
A su lado Echo & The Bunnymen demostraron que la veteranía es una
garantía, emparejando “Nothing Last Forever” con el “Walk On The Wild
Side” de Lou Reed y reivindicando un lugar para los clásicos que todavía
tienen mucho que decir. Beth Orton consiguió lo que parecía imposible: mejorar
en directo sus estupendas canciones a base de celofán para su sonido acústico.
Y Beth Gibbons logró con sus frágiles canciones silenciar a miles de personas
con un espectáculo único y arriesgado, uno de esos lujos que el Festival se
permite y que siempre debería conservar -e, incluso, potenciar-.
Esto fue lo que dieron de positivo los artistas que estaban colocados
como cabezas de cartel. Por el contrario, Suede, repitiendo la actuación del año
anterior, y a pesar de contar con una batería de éxitos inapelables, se han
convertido en una caricatura de sí mismos, algo que es sólo achacable a la
actitud de su cantante Brett Anderson, que logra acabar con todo el romanticismo
de sus canciones. Mientras, Placebo y The Jeevas convencían ofreciendo dos
actuaciones festivaleras, aunque en el caso de los primeros sus canciones
pierden enteros con cada disco que publican y los segundos nunca serán
estandarte de la originalidad. Blur consiguió, a la tercera, el mejor de sus
conciertos en la costa de Levante, pero todos eran conscientes de que podía
haber sido mucho mejor.
Entre el resto de los artistas se pueden destacar varios nombres: Tahiti
80, sustentando Wallpaper For The Soul en un delicado colchón pop;
Groove Armada y Moloko dando a la gente cancha para el baile, justo lo que querían;
The Raveonettes, poniendo un poco de vitriolo y guitarras saturadas a un
festival eminentemente pop; 2 Many DJ’s, echándole mucho morro y otro tanto
de cazalla; Calexico, paseando su sonido fronterizo por la edición más
calurosa y asfixiante calor del FIB; The Delgados, con un sonido tan personal
como especial; Badly Drawn Boy, dando un formidable concierto acústico -que
abrió con el “I Want You Back” de los Jackson 5- a pelo con su guitarra y
piano; Death In Vegas, aportando carnalidad y empuje con su intensa psicodelia;
o los gallegos Deluxe, en la más contagiosa de las actuaciones de un grupo
estatal.
Lo más curioso de esta novena edición es que parece haber invertido el
resultado de la anterior. Si en el 2002 el cartel era casi insuperable, este año,
a pesar de los cuatro millones de euros de presupuesto, no consiguió estar a la
altura. Además de que una parte de los artistas más deseados no estaban de
gira, probablemente la organización se ha reservado una parte de esos grandes
nombres para el próximo año, el del décimo aniversario: se habla de REM,
David Bowie, Björk, Coldplay, Pixies, Stone Roses, Morrissey o New Order para un
evento de cuatro días.
Sin embargo, la organización ha mejorado bastante. Si el año pasado
criticábamos la masificación, el problema de los accesos, los servicios dentro
del recinto, la distribución y escasez de los espacios dedicados a la zona de
conciertos y la zona de acampada, este año gran parte de estos problemas han
quedado solucionados.
El éxito de participación fue, de nuevo, total, con muy pocos abonos sin
vender y más de 30.000 personas asistiendo a cada una de las jornadas -una
cuarta parte del extranjero, en especial, franceses, alemanes y británicos-,
cumpliéndose, también, lo asegurado el año pasado de que no se iba a aumentar
el aforo. Al ampliar el área del festival y recolocar parte de los escenarios,
se ha ganado mucho en comodidad. También se ha mejorado algo las zonas de
acampada, aunque siguen sin estar a la altura del resto de infraestructuras del
festival.
Conscientes de todo esto, la organización ha avanzado que se trabajará en la línea
de conseguir un cartel digno del décimo aniversario y en mejorar aún más
todos los servicios, en especial la zona de acampada. La base de público fiel
está ya consolidada y la marca del Festival también; ahora sólo falta hacerlo
más atractivo, manteniendo la línea de independencia que permanece casi
intacta desde sus inicios.