Después de que la música de sus anteriores discos protagonizara unas cuantas campañas publicitarias, de que Pedro Almodóvar dijera de ellas que “todas sus canciones son joyas”, y que “son como dos gatas cantando en plan Billie Holiday, raras y maravillosas”, de haber desquiciado a la crítica que se debate entre rendirse a sus pies o criticarlas sin piedad, CocoRosie editaban recientemente su disco The Adventures of Ghosthorse and Stillborn. Se trata de una nueva vuelta de tuerca a su disparatadamente deliciosa propuesta que esta noche presentan en Pontevedra.
“Nunca muestres tu corazón en la portada de tu disco si tus
comentarios están hechos sin pensar.” Así se manifestaba en su día Elvis
Costello. Pues bien: o se ha pensado mucho lo que dice en esta ocasión, o ha
cambiado de parecer después de unos cuantos años. North no lleva un
corazón dibujado en la portada, pero el contenido de sus canciones, baladas a
ritmo de jazz nocturno, muestran, más que nunca, el corazón de su autor.
Por
ello, incluso los seguidores de siempre de Elvis Costello, aquellos que se
mantienen fieles al autor a pesar de sus múltiples giros estilísticos en los
últimos tiempos, con discos que van del rock’n’roll a colaboraciones con
cantantes de ópera, se verán sorprendidos por su último álbum.
North
es atípico dentro de su producción por varias razones. Para empezar, se le
puede definir como un álbum conceptual: en escasos 40 minutos, Costello conduce
al oyente a través del final de una relación y el principio de otra.
Evidentemente, conociendo un mínimo de su historia personal, queda claro que se
ha inspirado en el fin de su matrimonio con Cait O’Riordan -antigua componente
de The Pogues- y el posterior cortejo a la que se convertiría en su pareja, la
cantante y pianista de jazz Diana Krall.
En
un giro de 360 grados sobre su disco rock del 2002 - When I Was Cruel-,
Costello abandona su guitarra en diez de los once cortes del álbum y, cuando la
coge, no es precisamente para arremeter con furia. Todas las canciones están
dominadas por el piano tenue de su colaborador desde el primer disco, Steve
Nieve, y embellecidas por una orquesta de cuarenta y ocho instrumentistas,
formado por una sección rítmica, un noneto de trompa y veintiocho
instrumentistas de cuerda.
La
siempre declarada devoción de Costello por los escritores clásicos de
canciones norteamericanos parece haber inspirado el sonido de North: por
las estrías del álbum resuenan los ecos de discos tan relevantes como In
The Wee Small Hours de Frank Sinatra o Lady In Satin de Billie
Holiday.
Ya
había intentando algo similar con ese estilo en Painted From Memory, el
disco compuesto y grabado a medias con Burt Bacharach en 1998, surgido después
de la colaboración de ambos en la canción “God Give Me Strenght” para la
película Grace Of My Heart -Corazón Rebelde-, pero aquel maravilloso
disco se situaba, también, con un pie en el mundo del pop.
Sin embargo, en North Costello se mueve enteramente en el ámbito
de lo que se ha dado en llamar jazz vocal, una tradición que puede ir desde
Chet Baker a la misma Diana Krall. Además, en esta ocasión, todo parece
funcionar a la perfección, en especial porque para expresar su estado de ánimo
Costello opta por desnudar al máximo sus textos y darle a cada una de las
canciones un calor, una vulnerabilidad y una humanidad hasta ahora
insospechadas.
Aunque
la ternura no es algo desconocido en el catálogo de su trabajo, Costello
siempre será conocido por sus vengativas canciones llenas de bilis dedicadas a
las amantes que lo han herido. North debería acabar con esa idea de una
vez por todas. Ahora nos encontramos con una declaración madura y hermosamente
mesurada sobre el dolor de la pérdida y las luminosas posibilidades del
renacimiento amoroso. Puede que se viera venir, pero desde el punto de vista
emocional, éste es el disco más adulto que jamás ha grabado.
El
álbum se divide en dos más o menos en su mitad. Las primeras cinco canciones
se enfrentan a los efectos de una relación que termina: el asombroso momento en
el que uno se da cuenta que todo se acaba, la estupefacción y el insomnio que
le siguen, y el momento en que uno entiende, casi sin aliento, que una estación
ha mudado en el alma. Las últimas seis canciones examinan la aparición de un
nuevo amor: su llegada inesperada, el vértigo y la casi adolescente euforia
consiguiente y el placer de la rendición.
En
otro de esos giros inesperados, Costello mantiene su pluma controlada. En los últimos
años no podía resistirse a una frase enrevesada y barroca, incluso aunque
oscureciera el significado de una canción o diluyera su impacto. Sin embargo,
en North Costello opta por ser directo por encima de todo. Tal vez nadie
esperase oírle cantar algo como “Suspiro por oírte susurrar mi nombre”,
algo que ahora sí se escucha en “Can You Be True?”.
Algunos arreglos son grandiosos, espectaculares, pero nunca ocultan el
sentimiento verdadero; el foco se mantiene siempre sobre la ardiente voz en
registro de barítono de Costello y los teclados a tono de Steve Nieve. Hay
también un par de contribuciones instrumentales: el veterano del jazz Lee
Konitz ofrece un maravilloso saxo alto en “Someone Took The Words Away” y
Lew Soloff contribuye con una trombón a la exuberante “Let Me Tell You About
Her”. En su conjunto, North es uno de esos raros discos que se
disfrutan mejor entre la medianoche y el alba, el momento ideal para estas
confesiones a corazón abierto de Elvis Costello. No hay más que recordar la
respuesta que dio cuando le preguntaron sobre el significado de su título, Norte:
“Allí es hacia dónde me dirijo”.