¿Qué puede hacer Paul Weller para que, de nuevo, caigamos rendidos a sus pies? Con The Jam vivimos su mejor etapa, de The Style Council se puede recuperar una buena parte y de su trayectoria en solitario, que abarca ya once discos, hay unos cuantos momentos para el recuerdo, aunque ninguno de esos álbumes en su totalidad sea tan defendible como el recién publicado, 22 Dreams. A sus 50 años lo ha conseguido. Y es que en la variedad está ese as que escondía. Este fin de semana está presentado su disco en Barcelona y Madrid.
“Sé
cómo encajar toda clase de ofertas despiadadas...” (“Postcards
From Downtown”)
Si
alguien nos pidiese que citásemos un artista que abarcase en su obra todo lo
mejor de la música del siglo pasado, no lo deberíamos dudar ni un segundo:
Dayna Kurtz. Y eso que estamos hablando de una mujer que sólo tiene publicado
un disco, Postcards From Dowtown, del año pasado.
¿Cómo
es posible? Ella diría que Postcards From Downtown es su primer álbum,
aunque, si se indaga un poco más, podríamos discutirlo. Hay seguidores que
guardan celosamente alguna grabación en directo; otras se pueden encontrar en páginas
de subastas de Internet. Parece ser que existen, también, diversas casetes de
sesiones registradas con distintos músicos y productores como Bob Power (D'Angelo,
Me'shell N'degeOcello, Erykah Badu) o Craig Street (Cassandra Wilson, Joe Henry,
kd Lang). Además, en la propia web de la cantante hay a la venta una grabación
de un recital titulado Otherwise
Luscious Life.
Todo
esto quiere decir que Dayna Kurtz no es una recién llegada. Es más, lleva más
de diez años dando conciertos y siguiendo la estela de los músicos de antes de
que apareciera el registro sonoro: dar a conocer sus canciones y exponerlas al público.
La edición de discos ha sido, hasta ahora, secundario, ni tan siquiera una
meta.
Esta
mujer, que se define a sí misma como un “animal de carretera” ha pasado
esta última década conociendo las pequeñas salas de conciertos de su país y
sus ciudades, recorriéndolo en coches de segunda mano y enfrentándose a
audiencias ruidosas que no sabían quién era, pero a las que conseguía acallar
desde la primera canción. Ha hecho giras sola y abriendo para otros artistas
como Chris Whitley, Richie Havens, B.B. King o Ladysmith Black Mambazo.
Ya
en 1997, sus compañeros, alertados por lo que se avecinaba, la eligieron mejor
compositora del año y la compañía Bug
Music (Johnny Cash, Ryan Adams, Buddy Guy, Los Lobos, Wilco) se hizo con los
derechos de edición de sus canciones, aunque ella prefirió seguir con sus
recitales o retirada en el molino en el que vive y encuentra inspiración, en
una ciudad al norte del Estado de Jersey.
Si
representa tan bien la música del último siglo, es porque su voz tiene el
calor y el compás de las viejas divas del jazz, como Billie Holiday, Betty
Carter o Nina Simone, del blues, como Bessie Smith, o del soul, como Aretha
Franklin. A ello se le debe añadir el efecto dramático que sólo Tom Waits o
Marianne Faithfull poseen, la belleza de los textos de Suzanne
Vega, el ingenio poético de Leonard Cohen, la intensidad de Jeff Buckley y Van
Morrison, ecos de Patti Smith, Laura Nyro, Joni Mitchell...
Pero,
por mucho que evoque a otros, Dayna Kurtz no suena a nadie más. Además, es una
excelente guitarrista, intercalando sus textos en unas melodías a ratos lánguidas,
en otras ocasiones desgarradas. En los últimos tiempos le ha añadido a sus
canciones el color de una guitarra slide, con lo que sus canciones se han
reforzado.
En
Postcards From Downtown, el álbum que la presenta en sociedad, despliega
todo su arsenal. Desde el estribillo lleno de rabia de “Miss Liberty” al
emocionante blues de “Last Good Taste”, del contagioso vals “Fred Astaire”
a la balada country “Just Like Jack”, Dayna Kurtz utiliza su amplio registro
vocal y su desbordante guitarra para mostrarse en todo su esplendor.
Hasta
ahora Dayna Kurtz puede haber sido el secreto mejor guardado de la música
americana, pero con Postcards From Downtown el secreto se ha revelado en
toda su magnitud a todo aquel que quiera descubrirlo. Lo que hace de este disco
algo tan especial no es sólo su voz y su guitarra, sino su habilidad para
contar historias y para escoger los instrumentos adecuados para que emitan los
sonidos más adecuados en el momento justo. Lo que sitúa a Postcards From
Downtown en una liga diferente es que, como las mejores novelas negras
americanas, puede olerse, saborearse y sentirse.
Está
impregnado de peligro, sexo voraz y personajes desquiciados que protagonizan
cada una de sus postales dando vida a un paisaje de confusión doloroso. La
tensión que se apodera de la atmósfera desde que suena el violonchelo de la
canción que lo abre, “Fred Astaire”, nunca decae. Los protagonistas de sus
canciones se muestran desesperados, buscando alguien o algo a lo que agarrarse,
aunque la mayor parte del tiempo sólo consiguen asirse al fino aire. Algunas
veces, incluso acaban ahogándose con sus botas puestas, como en “Somebody
Leave A Light On.”
Por
suerte, una vez que se ha descubierto parece que no va a volver a desaparecer
durante tanto tiempo. Recientemente acaba de editarse un DVD titulado Postcards
From Ámsterdam que incluye la actuación que el pasado 5 de junio ofreció
en la Sala Paradiso de Ámsterdam. El recital fue grabado por técnicos
holandeses -conviene recordar que, hasta el momento, ése es el país en el que
mejor respuesta encuentra- y, junto a sus habituales Dave Richards al bajo y
Randy Crafton a la batería, aparece el músico holandés Roel Spanjers tocando
teclado y acordeón.
Por
si fuera poco, está recién editado su segundo disco oficial, Beautiful
Yesterday. En él, Dayna Kurtz acude tanto a las canciones compuestas por
ella, emocionantes una vez más, como a las versiones de gente tan distinta como
Leonard Cohen, Prince o Billie Holiday. En todas, tanto las que mejor salen
paradas del envite como aquellas que le quedan más lejanas, sorprende, y eso es
algo de lo que pocos artistas pueden presumir. Por lo tanto, parece viva la llama de contar con amigos,
conocidos y autores de verdad, lejos de los oropeles, y seguir siendo el secreto más estimulante de
la música norteamericana actual sólo al alcance de quien va más allá.