Desde 1991, Stereolab viene funcionando con el núcleo principal formado por el compositor y multiinstrumentista Tim Gane y la cantante y letrista Laetitia Sadier. La pareja, que se conoció en un concierto del grupo previo de Tim Gane, McCarthy, ha dado lugar desde entonces no sólo a un matrimonio, un hijo y un divorcio, sino a once discos de larga duración y un montón de grabaciones de menor duración repartidas por varios países y distintos sellos. La cantante francesa del grupo, Laetitia, nos habla del disco Chemical Chords que este viernes presentan en Pontevedra en el Pazo da Cultura.
(Sábado,
15 de noviembre de 2003. Sala: Capitol, Santiago. 400
espectadores)
Y la Sala Capitol se convirtió en un garaje. Se podía
intuir, pero hacía falta comprobarlo. En medio del imponente escenario
surgieron tres chicas malas de Detroit para que las paredes temblasen ante una
pura descarga de rock’n’roll.
Antes,
Mega Purple Sexy Toy Kit interpretaron su papel a la perfección. Hard-rock
clasicote, sin nada que ver con Los Planetas, a quienes -¿irónicamente?-
reconocieron el papel de mejor banda del mundo mundial. Cosas que suceden cuando
el guitarrista pretende ir de simpático. El cantante, más comedido, ofreció
su liturgia de tiempos pretéritos sin desmelenarse como lo haría Robert Plant.
Mientras, desde una esquina, metido en su rol, su teclista reclamó su papel de
máximo valedor del grupo.
Aún
faltaban 15 minutos para la 1 de la madrugada cuandoAmy, Melody y Cathy salieron a escena. A todo trapo. Sin concesiones.
Enfundada en cuero gris, botas de tacón alto y medias enrejadas, su cantante y
guitarrista Amy se desgañitó sobre las tablas y lució madera de guitar-heroe
revolcándose por el suelo -aunque todo estuviese perfectamente medido-.
La
bajista derrochó actitud, sin casi moverse de sus cuatro cuerdas, con el torso
bien estirado. Y la batería Cathy fue de menos a más. Limitada o minimal, según
se quiera ver, acabó aporreando como si en ello le fuera la vida, hinchando su
boca cada vez que se pasaba en el esfuerzo.
Fueron
teloneras de los Cramps, y eso se nota cuando les sale su vena homenaje a los 50
y 60. Podrían recordar a los White Stripes, sobre todo cuando la bajista
abandona su puesto y se quedan solas la guitarrista y la batería. También,
como dijo el maestro Alberto Casal, podían pasar por las Pussycats -¿alguien
recuerda a las de Vigo?- estadounidenses. En cualquier caso, nunca la Capitol, a
pesa de su decoración lujosa, estuvo tan cerca de ser un auténtico garaje.