Son uno de los proyectos más personales del Estado. Con su primera maqueta ganaron varios festivales, entre ellos el convocado por el Festival de Benicassim. Después vinieron dos discos intensos y eléctricos -El Columpio Asesino (2003) y De mi sangre a tus cuchillas (2006)-. Ahora, con menos ferocidad, pero igual intensidad, y un sonido muy especial, editan La gallina, un álbum que presentan el sábado 24 en la Sala Karma de Pontevedra.
Toda
la carrera de Springsteen se podría resumir en su intento de reflejar los sueños
y las decepciones de la clase obrera blanca y urbana de Norteamérica. Su
resultado, único en la cultura popular de nuestro tiempo, ofrece un estudio de
más de tres décadas sobre cómo les ha fallado el sueño americano a tantos de
los que creían en él.
Los
discos cuentan esa historia: del optimismo juvenil de Born To Run, en el
que la libertad no estaba más que a un paseo en coche de distancia, a los últimos
álbumes, en los que Springsteen medita acerca de qué sucede cuando el viaje
hacia la felicidad lleva simplemente a otra ciudad sin salida.
Su
música ha venido ofreciendo tanto una reflexión como una respuesta al destino
cambiante de su país. Cuando la recesión llegó con Reegan, él ofreció su
cara más oscura en Nebraska; una década más tarde recogió la odisea
de los nuevos inmigrantes en The Ghost Of Tom Joad.
Aunque
unánimemente aplaudidos por la crítica, estos dos discos eminentemente acústicos
no tuvieron la respuesta comercial del rock populista -y malentendido- de Born
In The USA. Así que, mientras otros artistas prosperaban con propuestas
menos complicadas, Bruce Springsteen optó por desaparecer de la escena pública.
Sólo cuando volvió a reunir a su grupo, la E Street Band, a finales de los 90
para una nueva gira exitosa, se empezó a hablar de la posibilidad de grabar un
nuevo disco.
Y
eso sucedió el año pasado con The Rising, un disco que sonaba familiar y, al mismo tiempo, distinto a todo lo que había editado antes, debido,
sobre todo, a algo totalmente imprevisible. Había rastros de The River, Darkness
On The Edge Of Town y Lucky Town, pero ese álbum era algo más que la
suma de su pasado.
La
Norteamérica que describía en ese disco no era aquella en la que la autopista está llena de héroes
rotos, sino que ahora las calles se encontraban desiertas, los árboles ardiendo
y el cielo venía cargado con humo oscuro. Algo terrible les había sucedido a los
personajes sin nombre que vagaban traumatizados por sus quince canciones. Se habían
encontrado todo aquello que querían golpeado y desvaneciéndose después de una
tragedia. Puede que la tragedia no tuviera un nombre, pero sí tenía una fecha: el
once de septiembre.
Eso
fue lo que marcó sus últimas canciones. Springsteen
fue uno más de los millones que vieron el terror desplegarse delante de sus
incrédulos ojos: dos aviones de pasajeros estrellados contra dos torres simbólicas,
un tercero intentando derribar el principal edificio del poder militar y un
cuarto saboteado por sus pasajeros -o derribado por el poder establecido- antes de acabar desintegrándose contra un
destino incierto. Muchos de los muertos eran trabajadores que despegaban o se
dirigían a Nueva York; ésa era la gente de Springsteen.
The
Rising era un disco escrito
con el humo, el fuego, los escombros, los heridos y los muertos del once de
septiembre fundidos en la mente del escritor mientras trataba de imaginarse qué
es lo básico y lo verdaderamente importante de este mundo.
Ésa
ha sido siempre su forma de intentar ayudar, de mostrar lo que ha aprendido al servicio de su
país, algo que ahora vuelve a quedar claro con la edición de The Essential,
una caja con dos compactos con lo mejor de su trayectoria y uno extra de
inéditos igual de reveladores. Springsteen nunca ha señalado con el dedo ni ha
entrado en la polémica; si alguien busca una crítica
a la política exterior de los Estados Unidos, que siga buscando. Springsteen,
como siempre, está interesado en el lado humano, reflejándolo en canciones que
hablan de intentar algo, la pérdida consiguiente y sus consecuencias.
Después
de tantos años desde la edición de Born To Run, nos encontramos con un
autor que sigue aferrándose a la idea de que, amando con toda la locura del alma, aún
es posible convivir con la tristeza, sólo que lo que antes estaba imbuido del
romanticismo de un espíritu joven, últimamente se manifiesta a través de una voz que
muestra una urgencia desesperada.
Su
patriotismo siempre ha servido para celebrar la comunión y la conexión entre
la gente. Si en el principio de su trayectoria la amenaza era la recesión, en
los últimos años lo es el terrorismo y el
odio religioso. En ambos casos, el camino hacia la recuperación y la redención
es el mismo: darse cuenta de que no somos nadie sin los demás.
“En
la oscuridad habrá palabras escondidas que brillen.” No son versos de The
Rising; fueron escritas hace 24 años para Darkness On The Edge Of Town,
aunque pueden valer perfectamente para cualquier momento de la trayectoria que
resume The Essential, un álbum que demuestra que Bruce Springsteen
siempre intenta ofrecer luz e inspiración en medio de la
oscuridad. El rock’n’roll
no puede salvar vidas, claro, pero si puede pretender inspirar confianza y ofrecer un
refugio. Como argumento de la importancia de la música en tiempos difíciles, The
Essential es único.