“Quería abrirlle unha boutique á miña muller; sempre lle gustou a lencería e o encaixe de Camariñas... Eu, sen embargo, que sempre fun un freudiano do extrarradio, gran amante do queixo de tetilla, falei con Carminha, a miña esposa e mentora, para destinar os cartos da tenda de novidades textís a viño e punk, mantendo o nome da boutique inalterado. Novedades Carminha somos tres, un pouco oligofrénicos pero boa xente. Gústannos os vinilos e os casetes por igual. Ademais somos o grupo favorito de Marichalar...” Así se presentan eles.
Hace
ahora poco más de 30 años se publicó Tropicalia, el punto de partida para la completa transformación de
la música brasileña y su conquista del mundo. Palabras que antes eran sólo
brasileñas ahora forman parte del vocabulario internacional:
samba, bossa nova, lambada... La música brasileira es la Música del Mundo
por excelencia, reconocida e influyente en todos los países, tal vez porque
hunde sus raíces en etnias africanas, europeas e indias, con una infinita
variedad de melodías y ritmos regionales.
Hay
una canción que, al igual un buen puñado más, resume a la perfección cómo
la música brasileña ha conseguido hace ya mucho tiempo traspasar sus fronteras
y permanecer a la vez fiel a sus raíces. Se trata de "Aquarela do
Brasil", de Ary Barroso, la auténtica marca registrada del país en el ámbito
mundial. En los años 40, traducida convenientemente al inglés, sirvió como
presentación de Carmen Miranda en una de sus primeras películas en Hollywood,
antes de su conquista definitiva,y
en los 80 le dio la idea para la película Brazil
a su director Terry Gilliam, además de servir de punto de partida para su banda
sonora.
Todos
la conocen como Música Popular Brasileira, habitualmente reducida a las siglas
MPB, una música estrechamente relacionada con los ritmos africanos, los sones
cubanos y el jazz norteamericano. Pero es la variedad de estilos de las
diferentes regiones lo que hace posible la existencia de una cantidad infinita
de artistas y sonidos.
Rio
de Janeiro tenía ya en el siglo XIX el choro y en el siguiente surgió el samba desde las favelas.
Más tarde llegó la bossa nova desde
los barrios de las clases medias que tenían vistas a las playas de Ipanema,
Leblón o Copacabana.
El
diez de julio de 1958, en uno de los estudios de la ciudad, se grabó un disco
de 78 revoluciones por minuto con el tema “Chega de saudade”, de Antonio
Carlos Jobim y Vinicius de Moraes. En el reverso del mismo se registró el tema
“Bim Bom”. Ése fue el punto de partida de la gran
contribución de Rio a la música internacional: la bossa nova, que comenzó en los apartamentos de los elegantes
barrios de Ipanema para acabar paseándose por los clubes nocturnos de
Copacabana.
La
bossa nova fue el primer estilo de música
popular inventado a partir de la colaboración de dos hombres: Joao Gilberto y
Antonio Carlos Jobim, un músico de conservatorio que se dedicaba a recorrer
noche tras noche los bares de su ciudad. Durante un par de gloriosos años Jobim,
Gilberto y un pequeño grupo de músicos -Chico Buarque, Luiz Bonfá, Carlos
Lyra, Baden Powell y, sobre todo, Vinicius de Moraes-, se dedicaron afanosamente
a construir su sonido intimista, llegando a poner en duda la preponderancia del
samba en Rio. En 1959 su éxito traspasó fronteras con la versión que Astrud
Gilberto hizo de "A Garota de Ipanema".
Lo
que trajo la bossa nova de novedoso fueron cuatro factores preponderantes, además
de la interpretación más coloquial: melodía, armonía, poesía y ritmo. Después,
la principal razón de su éxito tuvo que ver con el interés de músicos de jazz
norteamericanos como Stan Getz, Charlie Byrd, Duke Ellington o Ella Fitzgerald
que la exportaron al mundo ayudados por la influencia de su mercado.
La
exportación también trajo consigo el mayor problema de la bossa
nova: su simplificación, las producciones orquestales y la banalización de
sus estructuras y de sus arreglos hasta convertirla en el fondo ideal para el
hilo musical. Jobim llegó a confesar sentirse perseguido por las infinitas
versiones de "A Garota de Ipanema", la mayoría de las cuales se
dedicaron a eliminar todos los elementos que tenía la bossa
en su forma original.
Aunque,
debajo de todas estas razones comerciales, lo que había era una auténtica sed
de música urbana sofisticada entre las clases más pudientes de Rio, que
encontraron en los ritmos lentos e innovadores de Jobim su auténtico reflejo.
El nexo de unión con la siguiente generación fue Edu Lobo, al mezclar las
estructuras de la bossa nova con
ritmos más africanos o nordestinos.
En los 60, durante el período de la dictadura, de las guerrillas urbanas y del
deseo de cambiar el sistema político, surgieron los tropicalistas -Caetano
Veloso, Gilberto Gil, Gal Costa, Maria Bethania...-, mezclando música
internacional como la batida latina o
el rock con los ritmos nacionales, acelerándolos y tratando las letras con más
atención.
Lo
que se recoge en la colección de cuatro compactos titulada 40
años de bossa nova, recientemente editada por el sello Discmedi, son
precisamente las canciones de aquellos primeros tiempos, y muchas de ellas no en
su versión más predecible, con lo que gana en interés al recuperar
grabaciones oscuras que sólo ven la luz ahora, después de un amplio y
concienzudo trabajo de búsqueda en el fondo de catálogo de distintos sellos.
Por
si fuera poco, o alguien no saciase su sed de clásicos brasileños, se editan
también dos cajas con cuatro discos cada una en las que se recogen las históricas
grabaciones de Vinicius de Moraes con Toquinho, así como las primeras
producciones de Chico Buarque de Hollanda. Absolutamente imprescindibles para
comprender la evolución de la música del siglo XX.