The Ladybug Transistor, buscando la perfecta canción pop
Desde Brooklyn, Nueva York, y con seis discos editados. Asociados al colectivo The Elephant Six, en el que también podemos encuadrar a grupos como The Apples In Stereo, Beulah, The Essex Green, Neutral Milk Hotel, of Montreal o The Olivia Tremor Control, el grupo viene grabando desde su creación en 1995 canciones de pop preciosista, que miran de reojo al jazz, al folk, al soul o a los crooners. Hace poco editaron Can’t Wait Antoher Day, del que nos habla su líder Gary Olson.
El Festival que este año parece será
seguido por una gran parte de los españoles es de por sí una gran curiosidad.
Monumento al kitsch, guarda en sus 46 ediciones un buen montón de anécdotas
para el recuerdo.
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El título más largo de una canción presentada fue el de Alemania en 1964:
“Man Gewohnt Sich So Schnell an das Schone”. El título no pareció
suficiente al resto de los países: consiguieron cero puntos.
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En parte de Europa aún creen que el ganador de la edición de 1968 fue Cliff
Richard, con “Congratulations”, cuando la verdad es que Massiel venció con
“La La La” -palabra repetida hasta 138 veces, el record del Festival-. De
todas formas, tampoco le importó demasiado a Sir Cliff, ya que su canción
vendió más en todos los países de Europa, ¡incluyendo España!
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En la selección previa que se hizo en el Reino Unido para escoger su
representante en 1969 ganó la cantante Lulú. El que menos votos obtuvo fue...
¡Elton John!
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En 1974, mientras realizaban la última prueba, los realizadores se dieron
cuenta que las bragas de la presentadora, Katie Boyle, se veían a través de su
vestido de satén. Unos minutos antes de empezar saltaron al escenario y, ni
cortos ni perezosos, se las quitaron de un tijeretazo.
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El mismo año, Italia retransmitió la ceremonia días más tarde, en diferido,
para evitar que su participación tuviera alguna influencia en un referéndum
sobre el aborto. El título de su canción: “Sí”
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También en 1974, los militares portugueses tenían planeado un golpe de Estado,
y la señal de inicio sería la retransmisión por radio de la canción de aquel
año, “E despois do adeus”, de Paulo de Carvalho. Al año siguiente, un
Capitán del Ejército portugués, Duarde Mendes, fue su representante, con un
tema que se titulaba “Madrugada”, y que celebraba la revolución pacífica
de unos meses antes. Lo que ya no le permitieron fue presentarse de uniforme y
con un arma cargada, tal y como era su intención.
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En 1977 la BBC decidió organizar una fiesta con todos los participantes un par
de días antes, con intención de grabar imágenes para emitir el día del
Festival. No se les ocurrió nada mejor que ofrecer barra libre, así que, dada
la monumental borrachera de la mayoría de los concursantes, no emitieron nada.
Mejor a palo seco.
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El representante sueco de 1978 agarró un cabreo enorme cuando no le dejaron dar
una vuelta para conocer la ciudad anfitriona, París. Como revancha, decidió
cantar en inglés, aunque se olvidó la letra, por lo que los comentaristas
pensaron que estaba borracho. Había practicado más en sueco, claro está.
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Probablemente, el momento más políticamente incorrecto llegó en 1979, cuando
el grupo alemán Dschingis Khan ofreció una oda al conquistador mongol, uno de
los más prolíficos asesinos en masa de la historia. Por si fuera poco, aquella
edición se celebraba en Israel, un país no precisamente receptivo con los
alemanes que celebran a los dictadores genocidas.
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Los italianos -en 1981, 1982 y 1986- y los franceses -en 1982-, decidieron
retirarse del Festival por discrepancias con el nivel de calidad. El portavoz
francés, por ejemplo, aseguró que el Festival era “un monumento descomunal a
la tontería y la mediocridad.” ¿Cómo es que llegaron a tal conclusión? ¿Necesitaron
mucho tiempo y varios informes? Tal vez no fueron lo suficientemente
concluyentes, porque al año siguiente volvieron.
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En 1982, convencidos de que existe un cierto modelo en los ganadores, los
noruegos decidieron presentar una canción compuesta por un ordenador. No
ganaron, pero se supone que se ahorraron los derechos de autor.
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Justo después de la pausa, a la presentadora de 1985, Lill Lindfords, se le cayó
la falda, debido a una punta en el escenario. Más tarde se descubrió que era
una treta para mantener el interés en la ceremonia. Al Comité Organizador no
le pareció precisamente divertido, por lo que decidieron prohibir en sus
estatutos “aquellos errores planeados que no constan en el guión”. El
problema, se intuye, es saber cuáles son planeados y cuáles no.
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El ministro israelí de Ciencia y Desarrollo trató de vetar la participación
de su país en 1987, ya que la letra le parecía “un insulto a nuestra
inteligencia nacional.” El estribillo decía: “Hoopa, hoopa, hoopa, hoola,
hoola, hoola”. ¿Un insulto a la inteligencia? ¡Venga ya!
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Por si aquel primer ministro no se enteró en su día, aquí le traemos algunos
de los títulos presentados, que hablan por sí solos: “Voi-Voi” (Noruega,
1960), “Ringe Dinge” (Holanda, 1967), “Boum Badaboum” (Monaco, 1967),
“La La La” (España, 1968), “Boom Bang-A-Bang” (Reino Unido, 1969),
“Tom Tom Tom” (Finlandia, 1973), “Dinge Dinge Dong” (Holanda, 1975),
“Pump Pump” (Finlandia, 1976), “A-Ba-Ni-Bi” (Israel, 1978),
“Dai-Li-Dou” (Portugal, 1978), “Diggi Loo Diggi Ley” (Suecia, 1984),
“Didai Didai Dai” (Turquía, 1985), “Bana Bana” (Turquía, 1989),
“Diri-Diri” (Grecia, 1994) o “Wadde Hadde Dudde Da” (Alemania, 2000).
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Desde 1989, un patrón extraño pareció marcar las sucesivas ediciones: aquel año,
Yugoslavia ganó por primera vez. Al siguiente, Italia ganó por segunda vez. En
1991 se produjo la tercera victoria de Suecia. Un año más tarde, Irlanda
ganaba por cuarta vez, en 1993 por quinta y en 1994 por sexta vez.
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En 1991, el sueco Ake Bergmann, convencido de que la canción elegida era un
fracaso, prometió a todos sus compatriotas que a todo aquel que gastase más de
600 euros se le reintegraría el importe si su país ganaba. Y ganó. Después
llegó el escándalo nacional, una vez que se declaró en bancarrota por no
poder pagar a sus clientes los 3 millones de euros que les debía.
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El ganador de 1992, el italiano Toto Cutugno, paseó orgulloso su pelo negro y
su traje blanco durante su actuación. Después de conocer el resultado, un
compatriota, con la alegría del momento, le tiró un vaso de cava y el tinte
comenzó a gotear sobre su inmaculado traje.