Ellos mismos hacen la introducción. “Siempre es difícil mirar hacia atrás y ver que todo lo que has hecho es de tu gusto, y en el caso de nuestra discografía aún más. La Kinky Beat grabó su primer disco cuando apenas teníamos un año de vida y en aquel momento era el material del que disponíamos. Está claro que nunca vamos a renegar del trabajo que hemos hecho y que gracias a él hoy estamos aquí, pero es lógico que a lo largo de estos cinco años la banda haya evolucionado muchísimo y ahora puedo decir que estamos mucho más definidos y cómodos con lo que hacemos. Siempre estamos en una continua búsqueda y creo que eso es positivo. Eso es la evolución, ¿no?”
¿Qué
te suena algo esa canción? ¿Dónde la habrás escuchado antes? ¿Puede que
fuera otra parecida? Sí, claro, ya la identificas. ¡Vaya cara...! Pues bien, a
lo largo de la historia del rock lo de utilizar la música de otros para crear
canciones que se firman como propias ha sido, digámoslo así, bastante
habitual. Llámalo influencias u homenaje, en el mejor de los casos, o pirateo o
plagio en el supuesto más común, eso sin tener en cuenta el tan concurrente
sampleado o muestreo de los últimos tiempos, más difícil de identificar aún.
El
caso más conocido tuvo por protagonista a George Harrison. Su “My Sweet
Lord” tomaba algo más que una nota del “He’s So Fine” de The Chiffons,
quedando en evidencia por una clara condena judicial. Parece que no le importó
lo más mínimo, ya que en su haber constan al menos otros tres casos
flagrantes: su “What Is Life” remite a “Keep On Running” de Spencer
Davis Group, “Long, Long, Long” a “Sad Eyed Lady Of The Lowlands” de Bob
Dylan, y “When We Was Fab” a “Can’t Get It Out Of My Head” de la E.L.O.,
aunque en este caso el propio líder de este grupo, Jeff Lyne, tiene que haber
sido cómplice interesado, ya que él mismo produjo aquellas grabación –además
de compartir proyecto con Harrison en The Traveling Wilburys-.
Ya
en tiempos de los Beatles se comentaba que “Come Together” le debía mucho a
“You Can’t Catch Me” de Chuck Berry. Y en el single de resurrección de
los de Liverpool en los 90, “Free As A Bird”, compuesto a partir de una
maqueta de John Lennon, quedaba claro que éste había escuchado “Remember (Walking
In The Sand) de The Shangri-Las’s.
Sus
colegas de generación al otro lado del Atlántico, los Beach Boys, le deben un
par de canciones a otra gente: “Surfin’ Safari” a “Sweet Little Sixteen”,
de Chuck Berry, y “Student Demonstration Time” a “Riot In Cell Block
Number 9”, de Leiber y Stoller, popularizada por The Coasters. En la dirección
inversa, su “Never Learn Not To Love” tuvo el dudoso honor de inspirar
“Cease To Exit” del psicópata Charles Manson, con lo que queda claro que,
además, debes tener muy en cuenta las posibles repercusiones en el futuro de lo
que compones hoy.
A juicio
Según
la jurisprudencia, para declarar que una canción plagia a otra tiene que haber
un número mínimo de compases idénticos. Los casos más recordados son
aquellos que tienen sentencia judicial por el medio, con lo que la copia se
vuelve algo evidente que salpica a su autor para siempre. Michael Jackson lo ha
vivido en un par de ocasiones. Por “Wanna Be Starting Something” tuvo que
pagarle derechos de autor a Manu Dibango: “Soul Makossa”, una de las
canciones africanas más rítmicas, era la canción plagiada. Más extraño aún
es dónde buscó la inspiración para otra de sus creaciones: según un juez
italiano, “Will You Be There” es una copia de “I cigni di balaka” de...
¡Albano y Romina Power!.
No
fueron los únicos en sacar tajada. En los últimos tiempos, k d Lang consiguió
suculentos derechos de autor por considerar su señoría que “Has Anybody Seen
My Baby” de los Rolling Stones era idéntica a su “Constant Craving”. Más
o menos la historia se repitió para un tal Guy Thomas, compositor de
“Conviction Of The Heart”, que interpretara Kenny Loggins, al estimar otro
juez que Garth Brooks tenía de sobra esa melodía en mente cuando compuso su
exitoso “Standing Outside The Fire”.
Oasis
intentaron disimular lo evidente escondiendo “Step Out” en una cara B, después
de que algunos periodistas que recibieron una copia de adelanto de (What’s
The Story) Morning Glory? descubrieran su asombroso parecido con
“Uptight” de Stevie Wonder. No hubo suerte: éste los demandó y obtuvo su
parte del botín. Algo similar sucedió cuando los Isley Brothers descubrieron
que “Love Is A Wonderful Thing” de Michael Bolton no sólo tenía el mismo título
que un antiguo tema suyo, sino que eran idénticas. Un juez, después de la
demanda de rigor, les dio la razón, y la verdad es que no tuvo que romperse la
cabeza para emitir su veredicto.
Puestos en evidencia
Hay
otros casos que son también indiscutibles, o al menos eso piensa una inmensa
mayoría, aunque, que sepamos, no han llegado a denunciarse. Tal vez los
plagiados estaban demasiado ocupados o no quisieran poner en aprietos a sus
pupilos, o puede incluso que creyeran que ya tenían bastante con los derechos
del tema original. Viene de antiguo: ya Tommy Roe hizo de “Sheila” un
segundo “Peggy Sue”, de Buddy Holly, los propios Isley Brothers recrearon la
mítica “La Bamba”, famosa gracias a Richie Valens, en su “Twist &
Shout” y Steve Miller hicieron lo propio en su “Rockin’ Me” con “All
Right Now” de Free.
“Rappers
Delight” de Sugar Hill Gang, piedra fundacional del rap, le debía todo a
“Good Times” de Chic, tanto que estos últimos acabaron interpretando las
dos en directo como una sola canción. “Ghost Busters”, el único éxito de
Ray Parker gracias a la banda sonora del mismo nombre, era una derivación de
“Pop Music” de M. Incluso The Jam en “Start” no tuvieron reparos en
fusilar “Taxman” de los Beatles.
Más
recientes son los casos de “Disco 2000” de Pulp, idéntica a “Gloria” de
Umberto Tozzi, “By Your Side” de Sade, sospechosamente parecida a “Whiter
Shade Of Pale” de Procol Harum, y “Rock DJ” de Robbie Williams, con la
misma base que “It’s Ecstasy When You Lay Down Next To Me” de Barry White.
Los que pasaron
desapercibidos
Otros son menos conocidos, puede que
por la menor relevancia de alguna de las dos canciones, pero el caso es que
escuchadas con atención se descubre el verdadero origen de algunas. “Wish You
Were Here” puede haber sido la canción que acercó a Pink Floyd a las mayorías,
aunque el mérito habrá que otorgárselo a “Almost Independence Day” de Van
Morrison, editada tres años antes, y con la que guarda bastantes semejanzas.
Nick
Lowe y Dave Edmunds no engañaban a nadie cuando, hablando de su grupo Rockpile,
reconocían la influencia de los primeros tiempos del rock’n’roll. Su “I
Knew The Bride When She Used To Rock And Roll” le debe su existencia a “You
Never Can Tell” de Chuck Berry. Don Dixon, reputado músico del nuevo rock
americano de los 80, también conocía bien su tradición musical: para su
“Southside Girl” hizo uso y abuso de “Needles & Pins” de The
Searchers.
Por su parte, Haircut 100 dieron buena cuenta en “Favourite Shirt” de
“I Zimbra” de Talking Heads. Oasis fueron aún más lejos: de uno de los
componentes de los Monty Python, Niel Innes, utilizaron su canción-chiste
“How Sweet To Be An Idiot” para su single del 94 “Whatever”, que tampoco
apareció en ninguno de sus discos de larga duración. Y su admirado Paul Weller
hizo algo parecido en un par de ocasiones, aunque fuera menos evidente que en la
ya comentada “Taxman”: al frente de The Jam recuperó un oscuro éxito del northern
soul, “So Is Love” de Worl Column, como “Transglobal Express”,
mientras que ya en solitario reconvirtió “10538 Overture” de la E.L.O. en
su “Changing Man”.
Los
caraduras
A
algunos homenajear o copiar no les parece suficiente. Más bien, una vez que han
tomado una canción de otros sin acreditarlos, ¿para qué esconderse? Así que
no se preocupan ni por cambiarle el título a la canción, pensando que los
originales son tan poco conocidos que nadie los descubrirá.
Z
Z Top titularon “Thunderbird” a una canción homónima de The Nightcaps que,
por si no quedara claro, calcaron nota por nota, aunque sin acreditar a sus
autores. No fue la primer vez, aunque al menos con “La Grange” habían
tenido el detalle de renombrar otra de sus copias, en este caso del “Boogie
Chillen” de John Lee Hooker.
En este tipo de plagios, los más
reincidentes han sido los Rolling Stones. En dos ocasiones distintas tomaron dos
canciones diferentes de Robert Johnson, “Love In Vain” y “Stop Breakin’
Down”, y las firmaron como suyas. Años después se justificaron aludiendo que
creían que se trataba de canciones tradicionales del blues. No fue la última
ocasión: en los 80 titularon “She’s So Cold” a una canción firmada como
suya y que era idéntica a la que antes había editado Willie Nile con el mismo
título.
Boney
M tomaron “By The Rivers Of Babylon” completa, incluido el título, de un
viejo éxito reggae de The Melodians. The Alarm hicieron lo propio con “The
Bells Of Rhymney”, que compusiera Idis Davies y popularizaran The Byrds. En su
caso la justificación fue mucho más simple: se habían olvidado de poner los
nombres de los autores reales. ¡Vaya olvido!
Casos
curiosos:
Quedan
para el final aquellos casos que merecen una atención especial por lo singular
del asunto. Que un autor se denuncie a sí mismo no sucede nunca. Mejor dicho,
casi nunca, ya que John Fogerty demandó a John Fogerty porque “The Old Man
Down The Road”, de su carrera en solitario en los 80, era similar a “Run
Through The Jungle”, de su etapa con Creedence Clearwater Revival. Más bien
fue cosa de los abogados que representaban a cada una de las compañías que tenían
los derechos sobre las canciones, dándosele la razón al final a la parte
demandante. Lo cierto es que este cuento se les puede aplicar a muchos. ¿Los
Ramones demandando a los Ramones por lo parecido de sus píldoras punk?
En
un par de ocasiones se ha mencionado el parecido de dos canciones diferentes con
un único precedente. Así en “Food For Thought” de UB40 y en “Mary Mary”
de Inner Circle muchos creyeron ver una reposición del éxito “Hotel
California” de The Eagles. Y en “Der Komisar” de Falco -After The Fire en
su versión en inglés- y “U Can’t Touch This” de MC Hammer quedaba muy
claro que no eran más que reinterpretaciones de “Super Freak” de Rick
James.
A
uno de los grupos más imprevisibles de la historia del rock, KLF, no les pareció
suficiente una canción, así que construyeron todo su álbum What The Fuck
Is Going On sobre la base de “Dancing Queen” de Abba, por toda la cara.
A los suecos no les hizo la más mínima gracia que a los británicos, auténticos
fustigadores del negocio musical, y no pararon hasta retirar el disco de las
tiendas.
La
lista es interminable. Casi todos los casos aquí recogidos son incuestionables.
Hay muchos más y así seguirá siendo por siempre, aunque tampoco es que haya
que creerse a pie juntillas todo lo que se dice: de ser así podríamos hacer
caso a los comentarios que dicen que Bruce Springsteen copió “Streets Of
Philadelphia” de... ¡“La carretera” de Julio Iglesias!