IGGY POP

Iggy Pop, iguana reflexiva

Iggy Pop -James Osterberg en su pasaporte- se ha puesto a reflexionar una vez pasados los 50, como demuestra su último disco, Avenue B, editado hace unos meses. En su caso, después de décadas de hacer el salvaje por los escenarios de medio mundo, se puede hablar de madurez. En sus palabras, aquello de cada cosa a su momento cobra total vigencia.

– ¿Ha llegado el momento de la reflexión al entrar en los 50, como parece demostrar tu nuevo disco?

– Es muy reflexivo, sí. Parece que estaba pensando “oh, no, aquí estoy sólo otra vez. Los 50 son un buen número redondo, suena bien cuando lo lees y se refiere a la épica de una vida. Estaba viviendo entre mi viejo domicilio en Nueva York, mi nueva casa en Miami y México, que es mi hogar espiritual donde me alejo de toda esa mierda…  

– ¿También ha pesado la soledad?

– No estaba demasiado apegado a un lugar. Pasé dos tercios de las noches de esos últimos meses solo, durmiendo con mi guitarra acústica. El resto del tiempo tonteaba, obteniendo distintos niveles de satisfacción.  

– ¿Y te has reencontrado con la música en la intimidad y con los sonidos más tranquilos como forma de expresión?

– Me había vuelto tan profesional con los años que era difícil para mí escuchar música simplemente por placer, para compañía, para consuelo. Recuerdo cómo me sucedió. Decía “esto es lo que la gente hace con toda esta basura. Si no puedo dormir a las dos de la mañana, tal vez pueda poner un disco de Miles Davis y olvidar en qué pienso”. También recurría mucho a Frank Sinatra y Antonio Carlos Jobim. Y, aunque algo menos, a Serge Gainsbourg y el material reciente de Nick Cave. Cosas que tenía minusvaloradas. Con mucha melodía, textos realmente claros, que no dependían del volumen para venderse. Y me dije que tenía que hacer algo que pudiera hacerme levantar y caminar por la habitación sin usar el ruido como un resorte. 

– En el disco queda claro que te relacionas mejor con mujeres de otros países.

– ¡No puedo aguantar a los americanos! Y eso es algo terrible porque yo soy un maldito americano. Es como una válvula de escape. Aunque en muchas de estas canciones hablo conmigo mismo: la mayor relación que este tipo tiene cuando canta es consigo mismo. Y parece que piensa que vale la pena componer sobre ello. Supongo que tiene problemas. Pero hay que buscar una forma de terapia. Le puse mis canciones a una polaca y me dijo que le parecían palabras auténticas. Le puse a una italiana realmente salvaje mis canciones más bestias y le gustaron. Después le puse éstas y le gustaron mucho más. Dijo que en la voz se reflejaba humanidad. Algunos han dicho que es exhibicionista,  demasiado personal. Ni siquiera lo pensé. Creía que era decente, bueno y acertado. Así me sentí. 

– ¿Hay entonces diferencia entre el Iggy Pop bestia en escena y el James que ahora habla de forma tan personal?

– No diría que hay un abismo entre los dos. Simplemente creo que hay formas distintas de interpretar ciertas cosas. Y hay ciertas cosas que son apropiadas en el escenario pero que no me valen para mi vida diaria. No valdría de nada asaltar a la encargada del servicio de habitaciones de este hotel. Sería malgastar el tiempo. En los dos extremos hay una mente rígida controlándolo todo. Y funciona igual para mí tanto si estoy trabajándome un escenario como si estoy echando un ojo a un libro de arte o mirando una nube. Me parece que el uno alimenta al otro. Vivo muy tranquilamente y de una forma conservadora, y hago un poco el salvaje de vez en cuando. 

– ¿Echarías de menos al Iggy salvaje si lo aparcases definitivamente?

– Supongo. Si me dedicase a tener más descendencia que mi hijo Eric, algo en lo que pienso a menudo, acabaría con la intensidad que he puesto en mi carrera, mi música. Un reto sería aprender más idiomas: latín, griego… He aprendido el español bastante bien últimamente. Lo hablo en Miami, aunque los cubanos se ríen de mí. Paso mucho tiempo en Sudamérica y tengo muchas amigas allí, así que no me queda más remedio. Me gusta escapar del inglés, de todo lo que significa y todo a lo que te lleva. Voy a lugares más cálidos, donde hay ritmos diferentes. 

¿Encuentras esa mezcla de placer y dignidad que dices que las canciones buscan?

– Supongo que ando entre los dos extremos. Tienes delante hablándote al mismo tiempo a un rebelde y a un contable.  

– ¿Es importante ser digno?

          – Sí, porque si no te arriesgas al ridículo. Y una vez que caes en el ridículo, puede ser sublime a título personal, pero la sociedad no te perdona. El mundo se te echará encima. No podrás salir de ello. 

– ¿Pero tú no eras el que no se preocupaba por el qué dirán?

          – ¿Qué? ¡Seguro que sí! Siempre lo he hecho. Tienes que hacerlo, ¿sabes? Puedes tirar de tantas cuerdas como quieras pero estate seguro de que serás juzgado y de que se te hará responsable. ¡Totalmente! Hay muchas formas de tratar con la gente, pero hay reglas que conviene no romper. Ahora soy más duro, es más difícil bajarme la guardia. Pero la basura puede venir de cualquier parte: tu madre, tu padre, tu novia, tu colega… Me separé antes de trabajar en este disco y ya estaba catalogado como un nuevo soltero. ¡Ahí estaba, disponible de nuevo! Y no sabía qué hacer con ello. Así que fui arreglando mis cosas poco a poco, improvisando. Todavía estoy un tanto desorientado, pero con un horizonte mucho más grande ahora delante de mí.

Xavier Valiño

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