GRINDERMAN

Grinderman, la trituradora sónica

 

Últimamente todo ha sido un poco demasiado pulcro y ordenado, ¿no crees? Fresco, caras recién afeitadas, sonrisas, apretones de manos, cortes de pelo, promesas… Y todo el tiempo las ratas infestan la infraestructura y el planeta se va al infierno. Quizá estemos esperando por alguna especie de profecía, esperando a ver a unos ejemplares enfadados de fuego y azufre salir supurando y mostrarse, gimiendo palabras profanas de sabiduría con un bajo que golpea los oídos, baterías apocalípticas, bouzouki irlandés amplificado y jodida guitarra eléctrica. ¿Qué te parece?

 

Entra en Grinderman: Nick, Warren, Martyn y Jim. Malhablados, ruidosos, peludos, y condenadamente viejos para saber bien por dónde se andan. La historia comienza, por supuesto, dentro del proceso de trabajo de otra banda más refinada: Nick Cave And The Bad Seeds. A principios del 2004, cuando Nick Cave llevó a un pequeño equipo de los Bad Seeds -el violinista Warren Ellis, el batería Jim Sclavunos y el bajista Martyn Casey- al pequeño estudio Misère en París para una sesión y componer, establecieron de forma efectiva un nuevo proceso de trabajo y composición para la banda.

 

Más que componer canciones él solo con el piano de la oficina y presentárselas luego a la banda, Cave empezó a sacar las letras del aire teniendo cerca a Ellis, Sclavunos y Casey, un trío intuitivo. Cuando se amplió al personal al completo de los Bad Seeds, el resultado fue Abattoir Blues/The Lyre Of Orpheus, un álbum doble con un sonido crudo y orgánico, que se cuenta entre lo mejor de su producción.

 

Dar seguimiento a eso puede que no fuese precisamente fácil. Bueno, no exactamente… Al habla Nick Cave. “Bueno, saltaron ciertas alarmas personalmente para mí con esa palabra ‘obra maestra’, como algunos lo calificaron. Parecía un buen momento para lanzar las cosas al aire y crear un poco de confusión”.

 

Warren Ellis lo corrobora: “Recuerdo cuando hicimos lo de Woyzcek en el 2005, la partitura para la producción de la Compañía islandesa de Teatro Vestuport de la visionaria obra maestra inacabada de George Buchner. Teníamos todos aquellos tipos de música distintos y pensamos que sería genial si pudiésemos reunir una banda en la que poder hacer lo que se quisiese sin restricciones ni reglas”.

 

Nick: “Ya no podía escribir más que una cierta cantidad en la oficina… Con aquella pequeña sesión en París con Warren, Jim y Marty para Lyre of Orpheus… De repente era tan fácil sacar una canción, porque tenías el bajo y la batería detrás de todo y te encuentras cantando de una forma distinta. Tu mente trabaja de una forma completamente distinta… Porque soy un cabrón miserable cuando trabajo yo solo”.

 

Los cuatro decidieron hacer un disco muy barato y rápido, llamándose… Vortex. Resultó que ya había otros dieciocho Vortexes que existían antes. Pero también tenían una canción titulada “Grinderman”, un blues en la tradición del “Grinder Man” de John Lee Hooker y del “Grinder Man Blues” de Memphis Slim, aunque escorada hacia la sala de máquinas gimiente del infierno. “El nombre parecía encajar con la banda”, asegura Cave, teniendo en cuenta que Grinderman significa algo así como hombre trituradora. “Resumía el tipo de música que estábamos haciendo. Trituramos”.

 

Así que, en medio de sus ocupadas agendas, estos cuatro veteranos alquilaron los estudios Metrópolis para las maquetas de los Grinderman en febrero de 2006. El álbum se grabó en seis días en los estudios RAK en marzo y, después, volvieron a Metrópolis para otros tres días de trabajo en octubre. El objetivo era, supuestamente, liberar a los Bad Seeds de sus grilletes de servidumbre santificada por el arte y disponerse a una picaresca sin leyes a clavo ardiente a través de la maldita basura pedregosa del mundo moderno.

 

Nick: “Si hubiésemos tenido más de una semana en el estudio no habríamos sabido que hacer con él. Yo sencillamente quería estar en una situación con una banda sin todas las preocupaciones habituales de los Bad Seeds. Nuestro último disco ha ido mejor que cualquier otro disco que hubiéramos hecho nunca, así que sentía que era un buen momento para ser muy libre y natural”.

 

Nacido de letras murmuradas que parecen salidas de cascarones del Bosco en los apocalípticos márgenes casi Hyde del cerebro de Cave, el sonido Grinderman es un gruñido instintivo que también  resucita los demonios del pasado de cada uno de los músicos: el cubo de basura proselitista del Nick Cave época-Birthday Party, la sabiduría noise no-wave de finales de los 70 en Nueva York de Sclavunos, la siniestra reverberación del bajo Triffids de Martyn Casey, más el trabajo sonoro vanguardista de Ellis y su amor juvenil por Black Sabbath.

 

Warren: “La intención era ser algo realmente abierto y liberador, meter esos elementos que normalmente diríamos ‘no sé nada sobre eso’ y seguir adelante. Implacable. Intentábamos expandir la cualidad de básico y elaborarlo”. Nick: “Elaborar la cualidad de básico. Ése podía ser el título del álbum”. Warren: “No quiero insistir sobre esto, pero tener a Nick a la guitarra cambió toda la dinámica y nos llevó a un terreno de juego mucho más rudimentario. ¡Fue fantástico!”

 

Nick: “Hay libertad. Hay una canción, “No Pussy Blues”, que empieza con el sonido de una máquina de escribir -que en realidad no soy yo escribiendo la canción pero casi- y quedó muy bien. Las letras no están arrojadas sin que hay ciertamente una laxitud en términos de lo que dejamos pasar, canciones de una sola toma en las que nadie sabe realmente hacia dónde va la canción”.

 

Jim: “Era como golpear incesantemente”. Marty: “No era conscientemente, con dos dedos de frente, pero recuerdo pensar durante todo el proceso: ‘Esto no está mal para un puñado de viejos chalados’”.

 

Para el productor Nick Launay, los cuatro decidieron volver al hombre que había tras los dos últimos discos de los Bad Seeds, y, lo que es importante, el demonio percusivo del maleficio del PiL de 1981, The Flowers Of Romance. Warren: “El productor consiguió sacar los sonidos buenos. No queríamos ningún obstáculo entre el sonido de la banda y la producción, y Nick Launay era perfecto”. Nick: “No tiene ego”.

 

Perfecto entonces para un álbum en el que cada tema se convierte en una gloriosa máscara de muerte retorcida en su propia intuición desde el primer eructo enchufado de feedback eléctrico y la movilizadora declaración de intenciones de Cave: “Tengo que subir para bajar y volver a empezar todo de nuevo”-. En él, junto al riff eriza-cerebro de Warren Ellis (tocado con mandolina eléctrica), Cave escupe estrofas mánticas sobre un travestido mono-demonio sacado de los deshechos congelados y erigido como nuestra deidad, una cabeza de deidad simia preparada para “bebe pis de pantera / Y jode a las chicas con las que probablemente estás casado”.

 

“No hay ningún significado oscuro en estas canciones…” declara Cave y, como para probar este punto, “No Pussy Blues” escamotea una dulce metáfora y va directo del manifiesto escrito a tu ansioso oído interno, con una máquina de escribir golpeando rítmicamente el eco de los contratiempos de Sclavunos. Así dice la letra de Cave que abre el disco: “Mi cara está acabada / Mi cuerpo ha desaparecido / Y no puedo dejar de pensar / De pie aquí en todo este aplauso / Mirando fijamente a todos los jóvenes y bellos… Que por encima de todo debo amarme a mi mismo”.

 

         ¿Y qué pasa con los Bad Seeds? Nick: “Los Bad Seeds siguen todavía en activo, trabajando. Estoy escribiendo un disco de los Bad Seeds en estos momentos que se grabará el año que viene, pero con esta pequeña banda tenemos una manera determinada de comunicar. Queríamos sonar distintos a los Bad Seeds”. Para ser justos, Grinderman suena distinto a cualquier otro grupo, incluyéndose a sí mismos. Como dijo Memphis Slim allá por 1941: “Mientras todo sea tranquilo y fácil / Mr. Grinder puede ir a su manera”. Es un nuevo día. Que Dios nos ayude a todos.

GRINDERMAN, canción a canción:

 

 

                           

Get It On:

“Esta canción está cantada a través de un loop de mandolina basado en una oscura melodía de laúd del siglo XI”, sugiere Ellis, abriendo juego. “Es un lamento por el mesiánico héroe del rock n’ roll”, declara Cave “y comienza, por supuesto, con una declaración de intenciones”. “Ratones, perros, babuinos, hienas”, dice Marty, en actitud Zen desde una esquina.

 

“Sí, bueno, para mí todos los enemigos de la inspiración adoptan forma de animal”, explica Cave. “Están a nuestro alrededor y, por supuesto, están dentro de nosotros”. “De todos los loops que originalmente te envié, éste fue el primero por el que realmente imploré para que se utilizase”, farfulla Ellis, desde el agujero negro de su barba en forma de pala. “Sí, tritura… trituró…” gruñe Sclavunos, jugando con el significado del nombre de la banda.

 

No Pussy Blues:

          “Mientras nuestros sueños y deseos cuelgan del gancho carnicero del consumismo desenfrenado, y el espejismo y la ilusión y las zapatillas Nike se sirven en la temblorosa vagina de algo femenino increíblemente núbil, “No Pussy Blues” lo cuenta tal como es”, sugiere Cave. “Es el niño de pie con los ojos como platos ante el escaparate de una pastelería, cuando el dueño de la tienda, con sus mangas de plástico, cierra la puerta y da la vuelta al cartel para indicar ‘CERRADO’. Es el aullido en la oscuridad del Hombre Corriente”.

 

“Enmarcado sobre una punzante línea de bajo pornográfica, el mundo contiene la respiración por la embestida del chillido de frustración del wah y agua sucia”, contesta Casey. “No Pussy Blues” continúa en la tradición del blues y su atemporal fascinación por tener sexo…o no”. “Es “Back Door Man”, es “Crawling King Snake”, es “Tiger Man”, declara Ellis. “Es “Shake Rattle and Roll”, dice Sclavunos.

 

Electric Alice:

 

“Electric Alice” muestra a Grinderman como una compacta pequeña unidad que interpreta una pieza de música totalmente improvisada”, murmura alguno de los tres. “Me encanta esta canción”, dice Cave. “Podría estar escuchando esta canción para siempre”, ruborizándose ante su poco frecuente manifestación de franqueza.

 

“¿De qué trata esta canción?” pregunta Ellis, con cara de bobo, su barba a modo de burka invertido. “Es una alucinación, es un sueño, no seas gilipollas”, explica Cave. “Va sobre recuerdos y pérdida y lluvia de plata”.

 

“Por supuesto, cualquier periodista que se precie reconocerá al instante que “Electric Alice” es un guiño reverencial a Alice Coltrane”,  explica Ellis. “Y por supuesto, Larry Young. No había vuelta atrás después de haber escuchado “Lawrence of Newark”, añade Cave. “Sea lo que sea, es un montón de música gloriosa”, declara Casey.

 

Grinderman

 

“La narrativa del álbum continúa con la canción “Grinderman”, la gemela maléfica de “Electric Alice”. Me encanta su depredador loop de simio, el violento e impotente alarde de la voz y su primitiva guitarra”, dice con efusión Sclavunos.

 

“Bueno gracias, Jim. Igualmente”, responde Cave. “Pero es vulnerable”, comenta Ellis. “Parece una especie de despelleje.” “Es la Pesadilla aumentando a sueño estremecedor”, declara Cave. “Es el monstruo en la sala de máquinas”, sugiere Sclavunos. “Grinderman” es un demonio haiku”, añade Casey, que ha viajado mucho por el Este.

 

 

Depth Charge Ethel

 

“Esta canción trata sobre una chica que conocí cuando era joven. Era una prostituta adicta a las drogas y una de las personas más felices que he conocido nunca. Nació como un número de blues lento, pero nunca me pareció que le hacía justicia a Ethel. Ella era una fuerza de la naturaleza y la canción necesitaba quemar, arder, avanzar y nunca, nunca mirar atrás”, explica Cave.

 

 

Go Tell the Women

 

“Me gusta mucho esta canción”, dice con entusiasmo Ellis, que tiene mucho pelo sobre su cabeza. “Marca el ritmo con los pies al viejo estilo dirigido por tu intrincado trabajo de trastes a lo Clapton, Nick”. “Bueno, gracias Warren. “Go Tell the Women” habla de  sumisión existencial, de nuestra esclavización para progresar y la búsqueda del placer”.

 

“Es ciencia ficción”, declara Casey. “De hecho, Marty, es cualquier cosa menos eso”, contesta Cave. “Es un blues hablante, con los pies firmemente anclados en el presente”. “Sí, es “Beware, brother, beware!” declara Sclavunos.

 

“Un oyente atento verá que la narrativa del álbum continúa”, observa Ellis, “a diferencia de la tradición del blues”. “El álbum parece contar una historia”, sugiere Jim. “Sí, en el sentido más amplio”, replica Cave.

 

“¿Al estilo The Lamb Lies Down On Broadway de Genesis?” pregunta Marty. “Bueno, sí, aunque difiere en dos cosas: nuestro disco tiene un arco dramático más contundente y, por supuesto, un desenlace más grato y humano”, confirma Cave. “Parece que frases y palabras vuelven una y otra vez a lo largo de las canciones”, apunta Ellis. “Efectivamente”, asevera Cave.

 

 

(I Don’t Need You To) Set Me Free

 

“Estaba intentando encontrar una forma de entrar en lo que quería que tratasen las letras”, cuenta Cave. “Estaba escuchando a John Lee Hooker y escuché estas líneas sepultadas profundamente en una de sus canciones:

 

         “Fui a casa de mi chica

         Y me senté en el descansillo”

 

Y en ese instante, sabía que había encontrado una forma de entrar, ya sabes, al álbum. Es todo lo que se necesita, un modo de entrar. En cuanto a las letras, todo el álbum descansa sobre esas dos líneas”, declara Cave.

 

“¿Qué tiene que ver eso con “Set Me Free”?” pregunta Sclavunos. “Bueno, el protagonista en “Set Me Free” está desconectado de las cosas mientras su ‘otro’ le ha dejado para unirse al mundo”, explica Cave. “El protagonista ya no tiene ningún ‘testigo’, está solo, abandonado a ‘sentarse en el descansillo’, metafóricamente hablando”. “Oh”, replica Jim.

 

“La batería y el bajo son completamente satisfactorias”, declara Warren. “Eso es aplicable a todo el disco. La sección rítmica es realmente sólida y proporciona mucha libertad para que discurran el resto de los instrumentos”.

 

“Si mal no recuerdo, la atención se puso en mantener las canciones lo más cortas y directas posible; la mayoría de ellas salieron de menos de tres minutos y medio”, explica Casey. “Se necesitaba llegar a la esencia de las cosas… rápido”, declara Cave.

 

 

Honey Bee (Let’s Fly To Mars)

 

“Es la Huida a Egipto de María y José, pero ya sabes, re-trabajado”, explica Cave. “Un abrasador viaje en cohete sobrecargado sónicamente”, declara Sclavunos.

 

“Eso es, exactamente”, afirma Cave. “El narrador es literalmente rechazado hacia la órbita por el horror banal del mundo: el cínico despliegue del miedo como control social (primera estrofa), la matanza de inocentes (segunda estrofa)…”

 

“Esta canción está disparada desde un cañón”, interrumpe Ellis. “Y hay una vigorosa y visceral acción vocal de coros”, advierte Casey, desenrollando su estera de yoga. “Jo, sí”, replica Cave.

 

 

Man In the Moon

 

“Man in the Moon” se pega a “Honey Bee” como una lamprea, ¿no crees?”, sugiere Ellis. “¿Qué es una lamprea?”, pregunta Cave. “Una lamprea es un pez marino del estilo de una anguila que se pega a otros peces aspirando con su boca y agarrando con sus dientes. Se alimenta chupando la sangre y otros fluidos corporales de sus víctimas”, explica Sclavunos.

 

“Bueno, en realidad, “Man in the Moon” se pega a “Honey Bee” con mucha ternura, por la punta de sus dedos”, declara Cave. “Parece como si se fuera a caer en cualquier momento, caerse de la cara del mundo y flotar por siempre en el espacio profundo”.

 

“Como un astronauta perdido”, explica Sclavunos. “Exactamente, Jim. Es una canción de abandono y pérdida”, continúa Cave. “Terreno familiar pues”, dice Marty asumiendo pose de cadáver. “Aunque menos histriónico, más redentor”, expone Cave. “Es simplemente un momento, no la enchilada al completo”.

 

“¿Cómo hiciste todos esos loops tan buenos en el disco?”, pregunta Marty. “Ese es mi puto asunto”, espeta Ellis, sin dejar espacio para la réplica.

 

 

When My Love Comes Down

 

“When My Love Comes Down” como que se pega ella misma a “Man in the Moon” como una lamprea”, sugiere Ellis. “Oh, piérdete”, espeta Cave.

 

“When My Love Comes Down” es un muele densamente estratificado. Construida alrededor de un loop distorsiona-mentes, ritmos implacables y flotantes voces que se rasgan las vestiduras: esto es Grinderman”, declara Sclavunos.

 

“¿Ha experimentado alguien esa maravillosa sensación de estar rodeado de gente, ruido y caos, y aún así tu te sientes como a un millón de kilómetros de distancia?”, pregunta Cave. “¿Qué?” responde Ellis.

 

“When My Love Comes Down” parece plasmar esa sensación de desplazamiento. Es, por un lado, turbulenta y frenética y repleta de protestas sónicas; pero por otro lado, suena como si te llegase desde una gran distancia”. “Es como un remolino… remoto…”, declara Jim, como en sueños.

 

 

Love Bomb

 

“Ingenioso y ágil trabajo de guitarra, Sr. Cave”, sugiere Ellis. “Gracias, Warren, y es un guiño nada disimulado al Miles Davis eléctrico con su batería  y acompañamiento de bajo”, comenta Cave.

 

“Bueno, todo viene de algo”, replica Sclavunos. “Desde luego. Las mismas letras son una toma actualizada de las representaciones del Infierno del Bosco, donde cada figura se consume por los fuegos de su propia angustia. El Infierno de Bosco es la incapacidad del individuo de reconocer el sufrimiento de otros”, declara Cave. “De que un Dios silencioso e indiferente es su único testigo”, dice Casey.

 

“En el vídeo que hicimos para la canción “Grinderman”, el mono, atrapado por las chillonas luces porno, se menea incapaz, mientras que fuera de pantalla, el organillero-triturador de órganos, Dios, el Grinderman, arranca la manivela que le hace bailar. Esto podría parecer una especie de pista”, cuenta Cave.

 

“¿Cuál es la cita textual? ¿”Los molinos de Dios muelen lentamente?”, pregunta Ellis. “Quién sabe, pero es bonito salir con una nota de subida”, declara Cave.

Xavier Valiño

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