GOLPES BAJOS A SANTA COMPAÑA

SELECCIÓN DE DISCOS CLÁSICOS

 GOLPES BAJOS: A Santa Compaña (1984)

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Los comienzos de los 80 fueron en nuestro país época de efervescencia musical y, mientras que la capital hacía ostentación de su movida madrileña, en Galicia tenía lugar por aquel entonces otro peculiar movimiento sísmico, en este caso bautizado como movida viguesa: Siniestro Total, Os Resentidos y Golpes Bajos eran sin duda sus grupos más representativos, llegando incluso algunos de ellos a compartir miembros.  

Ése fue el caso de Germán Coppini, histriónico cantante del primer y delirante trabajo de Siniestro Total (Cuando se come aquí, 1982), formación que abandonó para fundar junto a Teo Cardalda Golpes Bajos, una de las más deliciosas e insólitas anomalías musicales que hayan surgido en este país. Eran especiales porque su estilo resultaba personal, innovador y deslumbrante, y porque tras la vorágine punk de Siniestro, Golpes Bajos suponía el nacimiento de un pop extravagante y sin embargo sensible, romántico y a la vez elegante.

Sus tiernas melodías, las exquisitas cajas de ritmos y, sobre todo, la peculiar voz de Germán Coppini, eran las principales señas de identidad de un grupo que reflejó a través de sus letras toda la angustia existencial de un adolescente inadaptado y solitario; paisajes emocionales en los que temas como la amistad, el amor o la incomprensión resultaban increíblemente cercanos cuando sonaban en la voz de aquel punk reconvertido en poeta introspectivo.

Tras convertirse en cuarteto con la incorporación de Luis García al bajo y de otro extraordinario músico, Pablo Novoa, a la guitarra, Golpes Bajos grabaron un deslumbrante EP de debut, No mires a los ojos de la gente (1983), en el que anticiparon con madurez su original propuesta, retratada a la perfección por la canción que le daba título o por el clásico “Malos tiempos para la lírica”.

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Un año más tarde llegaría A Santa Compaña, atemporal colección de canciones empapadas de su particular universo sonoro, y que contenía magistrales composiciones de la talla de “Hazme un nueve”, “Hansel y Gretel”, “Escenas olvidadas” o “Cena recalentada”, así como la que se convertiría en una de las canciones más populares del cuarteto, “Fiesta de los maniquíes”. Canciones que en su mayoría continúan siendo sinceros retratos emocionales, aunque también hay lugar a metáforas en forma de cuento o leyendas galaicas, e incluso paranoias como “Colecciono Moscas”.

En ese mismo año de 1984, la mítica sala madrileña Rockola les elige mejor grupo musical del año, por encima de toda la pléyade de históricos grupos de la movida. Otro genial trabajo, un mini LP titulado Devocionario, pondría punto y final a su corta carrera musical un año después.

Alguien dijo una vez que Golpes Bajos fueron en cierta medida los Smiths españoles, realizando una curiosa y certera comparación entre los vigueses y la banda británica más carismática de los últimos 30 años; desde luego, algo sí tenían en común: una calidad extraordinaria, una discografía irrepetible y, sobre todo, una influencia imborrable e imperecedera en todos aquellos que caímos bajo su influjo.

Javier Palacios (Publicado en Entremuros)

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