GLASVEGAS

Glasvegas, el señor de la arena

 

 

 

 

 

Tres años después del lanzamiento del single “Daddy’s Gone”, que publicaron en 2007 a través del sello independiente Sane Man Recordings, y de la creación del grupo (un cuarteto formado por el antiguo jugador de fútbol profesional James Allan y otros tres jóvenes de clase obrera, concretamente su primo Rab Allan como guitarrista, Paul Donoghue al bajo y Caroline McKay en la batería), forjado en las calles de Dalmarnock, en Glasgow, Glasvegas llegó a ser descrito por Alan McGee, el dueño del sello discográfico al que pertenecía el grupo Oasis, como “la banda escocesa más importante de la historia”.

 

 

Después de su primer álbum y la gira que le siguió, el grupo decidió tomarse un respiro y se marcharon a California, donde instalaron un estudio en una enorme casa en la playa. “Cuando estábamos de gira, me daba cuenta de que en Los Ángeles siempre me sentía como en casa”, afirma James, “seguramente porque cuando era pequeño veía muchas películas y series ambientadas en California, entre ellas Karate Kid y Teen Wolf, sobre todo la escena en la que Michael J Fox se sube al techo de su Wolfmobile mientras canta “Surfin’ USA”. Me parecía como si California se encontrara en un planeta totalmente distinto del lugar en el que crecí. Hasta que firmamos un contrato discográfico, nunca había salido de Glasgow, así que el hecho de tener una casa en la playa en la que podíamos hacer lo que nos diera la gana me pareció una auténtica fantasía llena de rock’n’roll. Además, sabía que me apetecía pasarme algún tiempo mirando al mar”.

 

El 2009 resultó ser un año increíble y caótico a la vez, un año en el que James desapareció durante cinco días y se perdió la entrega del premio Mercury al que Glasvegas fue nominado. “Las entregas de premios siempre son bastante aburridas”, asegura, “así que en vez de quedarme me marché a Nueva York. No me lo pensé mucho, soy así de malvado”.

 

El grupo también decidió cancelar su participación en el festival musical Coachella debido al enorme cansancio al que se enfrentaba James, y cuando James se quedó sin voz anularon el último concierto de la tercera gira en la que participaban con Kings of Leon. “Me encontraba fatal, y es algo que probablemente vuelva a ocurrirme alguna otra vez, porque el nivel de actividad al que nos enfrentamos es algo increíble, algo muy poco saludable. Supongo que llevamos nuestras fuerzas al límite por lo mucho que nos gusta lo que hacemos”, afirma.

 

Santa Mónica se convirtió en la medicina que estaban necesitando. James trabajó mucho componiendo, preparando y grabando las maquetas de las once canciones que más tarde se incluirían en el que ya es su nuevo álbum Euphoric Heartbreak. James trabajaba en la entreplanta de la casa de la playa, inspirado emocional y musicalmente (y también a la hora de escribir las letras de las canciones) por un montón de influencias muy diferentes, desde Blade Runner, todo un clásico del cine de ciencia-ficción que se rodó en 1982, la banda sonora que compuso Vangelis para la película, el tema “Ebb Tide” de los Righteous Brothers, el famoso “Mr. Sandman” compuesto por The Chordettes o el simple sonido del mar.

 

“También me inspiró el sol al atardecer”, añade James. “Ese momento resultaba la parte más luminosa del día, como si fuera un toque de neón o una preciosa luz fluorescente. Recuerdo que solía decirle a Rab: “Mira, tío, que puesta de sol tan bonita, y lo mejor de todo es que mañana habrá otra”, y Rab me contestaba: “Sí, pero no será la misma puesta de sol, será otra distinta”. Creo que es la frase más romántica que Rab ha pronunciado en toda su vida”.

 

 

 

 

 

James compuso la música de las canciones primero en su mente, mientras paseaba por la playa. Ese era el momento en que las ideas acudían a él como si fueran una lluvia de meteoritos procedentes del espacio, tal como ocurrió con uno de los temas más épicos del álbum, “Euphoria, Take My Hand”. Concretamente, la canción se le ocurrió a James cuando unos fuegos artificiales estallaron justo encima de él y después cayeron al mar. “Fue como si el sol cayera en llamas al agua”, recuerda con una sonrisa. “Todo era muy luminoso y brillante, y durante unos momentos me parecía que el agua bailaba al ritmo de la música. Pensaba que era imposible que pudiéramos componer canciones así si hubiéramos estado en algún otro sitio. Fue lo mismo que ocurrió cuando grabamos el disco de navidad en Transilvania. No habría quedado así si lo hubiéramos grabado en cualquier otro lugar. Tenía que nacer allí”.

 

El resultado de tanta inspiración es una música repleta de aires espectrales, marcadamente eufóricos y de impresionante belleza, como si alguien hubiera acelerado la banda sonora de la serie Twin Peaks, de David Lynch y la hubiera pasado por un filtro para añadirle un estilo que nos recuerda a las visiones musicales de Echo & the Bunnymen, Joy Division, la época más gótica de los Pet Shop Boys y los éxitos que consiguió Brian Eno en 2008 con Coldplay.

 

Durante los cinco meses que duró la creación de las canciones, los cuatro componentes del grupo sacaron provecho de las experiencias y sensaciones que habían experimentado durante los dos años anteriores (“tuvimos tiempo suficiente para mirarnos al espejo y hacernos unas cuantas preguntas”). Fue también entonces cuando Caroline McKay decidió que su relación con Glasvegas había llegado al final. Seguramente Caroline fue víctima del éxito del grupo.

 

“Vi que lo estaba pasando mal”, recuerda James acerca de su amiga, la cual no tenía ninguna experiencia como batería cuando se incorporó al grupo. “Ella nunca tuvo intención de llegar al nivel que alcanzamos, nunca sintió la necesidad de tocar con U2, de recorrer el mundo para que nuestros discos funcionaran como debían funcionar. Pensamos que era mejor que lo dejara en aquel momento en vez de seguir estando descontenta durante varios años. No tenía sentido. Ahora está mucho más contenta”.

 

A pesar de estar tan ocupados, en la casa de la playa siempre había tiempo suficiente para relajarse tocando rock’n’roll o para recibir las visitas de sus amigos de Los Ángeles. Hasta ocho personas a la vez se lo pasaban en grande en el jacuzzi, hasta tal punto que James llego a dejarse el grifo abierto y la casa entera se inundó. Nos ocurrió dos veces”, recuerda.

 

También asistieron a un buen número de fiestas en Los Ángeles, entre ellas al cumpleaños de su amiga Lisa-Marie Presley, e hicieron un montón de nuevas amistades. Una noche incluso se encontraron por casualidad con la actriz Daryl Hannah, con la cual James entabló una inesperada amistad. “Es una mujer maravillosa que me hace querer ser cada vez mejor persona”. En otra ocasión, durante una visita en casa de la actriz, James conoció a las mascotas de Hannah, un cerdito, un pájaro carpintero y varias gallinas, una de las cuales se llama “Iggy Pop”. La forma en que se conocieron resultó “una casualidad muy rara”, según recuerda James. Además, Daryl Hannah había participado en Blade Runner casi 30 años antes, una de las fuentes de inspiración del ambiente y las canciones del nuevo álbum

 

 

 

 

 

Blade Runner mostraba una idea muy ingenua y directa a la vez acerca de cómo sería el futuro”, afirma James, “con un tono post-apocalíptico. Supongo que también nosotros éramos bastante directos e ingenuos en muchos sentidos. En el punto en que nos encontrábamos, tanto física como mentalmente, las cosas parecían encajar muy bien con esa clase de imágenes, y en el centro de la película se encontraba aquella preciosa música con aires de ensueño, como si fueran lágrimas bajo la lluvia”, afirma James.

 

En 2011, Glasvegas siguen ocupados con una nueva gira mundial. El grupo cuenta ahora con Jonna Lofgren, una nueva batería que curiosamente procede de la ciudad sueca de Boden, con más de cuatro años de experiencia en el mundo de la música, a quien James define como “una auténtica caja de sorpresas que siempre tiene algo nuevo que ofrecernos”.

 

Euphoric Heartbreak incluye un extenso libreto en el que no sólo figuran las letras de las canciones del disco, sino que también cuenta con imágenes relacionadas con los paisajes que rodean las playas de Santa Mónica y con la relación que une a los temas del álbum con la vida personal y profesional del artista holandés Vincent Van Gogh. Tal como James expresó en una ocasión, “nuestra música recuerda la imagen que podemos ver en cuadros como “La noche estrellada” (lo que explica las imágenes del cielo nocturno que incluían otras ilustraciones anteriores)”.

 

La portada del disco incluye una fotografía muy famosa de Marilyn Monroe hecha por George Barris durante el rodaje de la que sería la última e inacabada película de la actriz, Something’s Got To Give. La foto fue tomada en la misma playa en la que el grupo compuso las canciones del álbum, concretamente a tan sólo unos pocos metros de distancia. En esta ocasión James menciona al cuadro “Trigal con Cuervos” de Van Gogh como inspiración, con el cielo cargado de colores y una mezcla de ambientes, un cuadro que representa la elección de diversas opciones, otro de los temas centrales de este álbum tan personal, impactante y renovador.

 

“A veces no tengo muy claro si quiero componer canciones basadas en mis experiencias personales”, afirma James, “pero no puedo evitar que mi vida influya en mi música. En ocasiones pienso: “vaya, no hay forma de evitarlo, tengo un montón de cosas dentro de mí”. Sin embargo, cuando estás en la cama un martes por la noche y piensas: “¿Tiene algún sentido que siga formando parte del grupo?”. Cuando pienso eso me doy cuenta de que efectivamente tiene mucho sentido que siga adelante, entre otras razones porque no me limito a cantar acerca de cualquier cosa, más bien todo lo contrario. En las canciones que canto hay sobre todo sinceridad y autenticidad”.

 

El nuevo álbum, añade, “es dos años mayor y más fuerte que el primero, como si fuera su hermano mayor”, algo que encaja en la época tan caótica desde el punto de vista cultural en la que nos ha tocado vivir. Al fin y al cabo, este no es el mejor momento para crear canciones sin sentido y sin contenido. “Estoy totalmente de acuerdo”, afirma James, “aunque hay que tener en cuenta que compuse estas canciones únicamente para expresar mis propios sentimientos, así que si alguien las escucha o le dedica un poco de tiempo, si decide sumergirse en esos sentimientos, me sentiré el más feliz del mundo. Además de eso, lo que más me interesa es compartir con los demás el rock’n’roll que ofrecemos en nuestros conciertos por todo el mundo”.

 

 

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