GHARABULLO

Gharabullo, adáptate o muere

 

 

Gharabullo nació en A Estrada (Pontevedra) “con ínfulas de grandeza e intención canina: morder”, bajo la influencia de bandas como The Velvet Underground, The Wipers o The Cramps para “regurgitar todo sin racionalizarlo”. A su estilo lo denominan ‘rock pelágico visceral’, con influencias del power-pop, la new wave, el after punk, el garage o el noise. Cantando en gallego, español e inglés, acaban de editar un debut homónimo autoeditado que nos presenta su principal impulsor, Xurxo Rodríguez (voz y guitarra), quien forma el grupo junto a Manuel Rodríguez (voz y guitarra), Andrés Nodar (voz y bajo) y Uxío Taboada (batería).

 

Para quien no os conozca, ¿de qué otros proyectos venís cada uno de vosotros?

– Tres de nosotros, Manuel, Sito y yo mismo, estábamos juntos en Esquíos, en la última etapa hasta ahora del grupo. Uxío, nuestro batería, ha tocado con varias bandas de diferentes estilos, y coincidió conmigo en Toldos Ghomes, un grupo santiagués de fugaz existencia.

 

Creo que no lleváis ni un año con esta formación. ¿Cuándo entráis en contacto y cuándo empezasteis a ver que podíais hacer algo en común?

– Pues en principio, yo Xurxo, tenía unos temas que había grabado en mi casa haciéndome cargo de todos los instrumentos y voces bajo el nombre de Velutina, sin más intención que pasar el tiempo y dar salida a paranoias personales. Durante una entrevista para presentar el proyecto en una radio local, la locutora me metió la idea de presentar esos temas en directo y así se lo comenté a quien creía que podía encajar. Al final formamos un grupo nuevo y aprovechamos alguno de aquellos temas junto con otros nuevos, y alguno que tenían los nuevos miembros.

 

¿Cuáles eran las intenciones al formar la banda: algún artista de referencia, algún sonido en concreto?

– No teníamos en mente a ninguna referencia ni ningún sonido en concreto, tal vez, alejarnos de lo anteriormente hecho en Esquíos o en otras bandas. Si que pensamos en utilizar diferentes voces, en abrirnos a cualquier cosa sin restringirnos a ningún estilo en concreto. Lo demás fue dejarse llevar por lo que cada uno llevaba dentro.

 

¿Estaba claro el sonido desde el principio o se fue gestando poco a poco?

– No lo teníamos claro. Lo que sí, no queríamos repetir anteriores experiencias sónicas y, tampoco, guiarnos por referencias, digamos, actualmente en boga en el mundo del rock. También hablamos de cantar en todos los idiomas que nos apeteciera… O intentar no hacer versiones obvias, aunque al final caímos con alguna.

 

Al ser un proyecto surgido sin planteárselo previamente, para dar salida a canciones que tenía Xurxo, ¿fue fácil encontrar un mínimo común denominador entre los componentes del grupo? ¿En qué coinciden vuestros gustos y en qué se separan?

– Yo estoy acostumbrado a ser el único o el principal compositor en todos los grupos en los que he estado, pero intento tener en cuenta los gustos de los demás. Y además, cuando tocas un tema con otra gente, cada uno aporta su background, y así tiene que ser. No le damos más vueltas al asunto. Los temas que trajo también cada componente, pues hicimos igual, aportar cada uno lo suyo. Es cierto que todos tenemos en común el gusto por el punk y el garage, aunque tal vez no coincidamos en las mismas bandas. Digamos que el mas punkarra es Uxío, Manolo y yo somos más abiertos (desde la Velvet a metal, indie rock, etc.), quizás por la edad, y a Sito le tira mucho el rollo Terbutalina.

 

Da la impresión de que el disco fue grabado en directo, todos juntos al mismo tiempo. ¿Había algún tipo de regla o decisión en cuanto al sonido o al tipo de grabación? ¿Cómo se planteó para conseguir el sonido que teníais en vuestras cabezas?

– La grabación, mezcla y masterización del disco se completó en ocho horas. Por supuesto, todo fue grabado en directo y todos al unísono excepto algunas voces. Ya en Esquíos operábamos así, por convencimiento de que en algunos estilos esta es la única forma de mostrar fielmente lo que es un grupo en un determinado momento, de capturar su fuerza. Nos fuimos a los Bonham de A Coruña porque conocemos como trabaja de otras grabaciones y es el mejor en esto para nosotros, entrar, colocarse y Bonham: “¡Dale al rec!” En cuanto al sonido, no hay nada premeditado, es el sonido que salió en el estudio. Aunque es cierto que quizás nos quedó un poco más limpio de lo deseado, pero estamos contentos con el resultado.

 

¿Cómo habéis vivido la edición de vuestro debut y cómo ha ido todo desde entonces? ¿Cómo ha sido este tiempo de rodaje del proyecto? Me imagino que es en directo donde la gente os ha podido catar mejor y donde veis y escucháis las reacciones.

– En cuanto al directo, por supuesto, es lo que más nos gusta y, de entrada, a pesar de no contar con ningún tipo de apoyo y de no habernos movido demasiado porque esa parte no nos va mucho -y aquí hago un llamamiento a quien quiera llevarnos como management o similar ja, ja-, de entrada nos llamaron de diferentes sitios para tocar, aunque al final no cuajaron muchas de esas oportunidades y decidimos descansar en verano. En cuanto a la salida del disco, pues la verdad alucinamos, siendo una banda sin medios, sin promoción, de un pueblo de Galicia, recibimos atención y buenas críticas en sitios que nunca hubiéramos imaginado, incluso en webs más modernas, que nos pusieron como lanzamiento del mes junto con otras bandas ya consagradas. O rechazar alguna oferta promocional de envergadura, para lo que somos, porque nos parecía muy fuerte así de entrada. Pero en directo vemos que sí, que la gente conecta con nosotros y nosotros con ellos.

 

Veo que habéis hecho versiones de Johnny Cash o Tears for Fears. ¿Alguna más?

– Soy fan de Johnny Cash y siempre me gustó ese tema de Tears for Fears [“Shout”, rebautizada como “Berra”], a pesar de que en esa época yo era un furioso metaleropunkojarcoreta. En realidad, la versión de Cash [“Ring of Fire”] la hacemos sobre la versión de Social Distortion que nos gusta a todos. Seguramente haremos más versiones, pero de momento… that’s all folks!

 

Vuestras canciones distorsionadas, eléctricas, directas, ¿se pueden entender como vuestra reacción frente a la sociedad en la que vivimos? ¿Influye en los textos la turbulenta situación actual?

– Pues creo que esta vez intentamos abstraernos de todo lo que nos rodea y dejar que la música fluyera de nuestras venas directamente al instrumento, sin pasar por el filtro del raciocinio. O sea, que creo que no influyó mucho nada de lo que pasa actualmente. En cuanto a las letras, tampoco, digamos que son temas personales o paranoias, también personales. Si que en determinados temas pues decíamos, “Hostia, esto suena a The Cramps” (me encantan The Cramps) o a quien fuera y eso quizás hiciera que le diéramos más caña al asunto jaja.

 

¿Creéis que las bandas deben reflejar o reaccionar frente a lo que sucede a su alrededor?

– Creo que cada uno debe reaccionar ante lo que desee, y la realidad que nos rodea obviamente es lo que tenemos más a mano; lo que sea siempre que sea sincero. Y lo digo porque me da la impresión de que hay bastante postureo al respecto.

 

¿Y cómo influye en la música ser de A Estrada, en Galicia? ¿Hubiera sido distinto de venir de otro lugar?

– Pensamos, o queremos pensar, que tal vez si viviéramos en un sitio digamos más mediático o céntrico, quizás todo fuera más fácil, pero bueno, “o que non chora, non mama”. Y estar en A Estrada es estar en un sitio como millones de sitios más en los que el apoyo de ayuntamiento es nulo, más bien trabas. Donde no hay sitios para tocar en directo. Y no me quejaría si ese nulo apoyo fuera general, pero no, se apoya y se da facilidades a lo que interesa, por postureo, moda, interés o por absurda ideología, sin olvidar el sempiterno amiguismo.

 

En tiempos de descargas digitales y de crisis de la industria, ¿cuál creéis que debe ser el modelo, el objetivo de vuestra banda?

– Nuestro objetivo es pasarlo bien, ya sea tocando, grabando o lo que sea, y si es posible que cada vez más gente se una, pues genial, y si no, pues seguiremos a lo nuestro igualmente. No creo que la industria esté en crisis, creo que es que finalmente el modelo cambió. Cada vez somos menos los que nos gastamos la pasta en vinilos (aunque sí, hay un revival) o en grabaciones físicas, pero tampoco se trata de imponer nuestro criterio a todo el mundo. La industria cambió, adáptate o muere, ja, ja.

 

¿Algún grupo que os haya sorprendido en este tiempo o alguno que veáis trabajando en la misma dirección que vosotros?

– Pues mismo en A Estrada están Apocalypso, un grupazo de surf-rock que mejora con los años, y que son buenísimos. Nuestro bajista Sito también toca en los muy recomendables Noxo. Más allá, no sabría decirte, pero por ahí están Selvática, Cuchillo de Fuego, Travesti Afgano, Os amigos dos músicos…

 

Supongo que habrá otras músicas que os gustan que no necesariamente tienen que acabar reflejadas en vuestras canciones, ¿no?

– Por supuesto, a mí me mola el jazz, bandas de metal extremo, folk, techno… Y a los demás también les gustan cosas diferentes, pero en principio no creo que se acabe filtrando nada de eso en nuestra música, aunque nunca se sabe.

 

¿Algo que os haya cambiado la visión de la música últimamente o siguen siendo los sonidos, los artistas que descubristeis como adolescentes los que os siguen marcando?

– Qué va. Por suerte, la música tiene esto. Siempre hay algo del estilo que sea que te acaba sorprendiendo y enganchando, ya sea actual o antiguo, ya sea Marisa Monte o cualquier oscuro grupo garagero psicodélico que no conocías y de repente descubres. Yo acabo de descubrir a Flatworms, por ejemplo, y molan.

 

Por último, ¿cuál ha sido la mejor anécdota de este tiempo en la música?

– Pues cuando salió el disco casualmente encontramos un artículo del Diario de Pontevedra que hablaba sobre Putochinomaricón, pero empezaba diciendo que el artículo podría versar sobre el disco que acaba de sacar un grupo de A Estrada llamado Gharabullo. Aún hoy no le encontramos el sentido.

 

 

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