GEORGE HARRISON: ASÍ SE HIZO BRAINWASHED

 

George Harrison: Así se hizo Brainwashed


Give me plenty of that guitar!(¡Qué suene esa guitarra!)

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Con esta sencilla petición, a buen seguro expresada con su característica sonrisa, George Harrison anuncia el comienzo de Brainwashed, el maravilloso álbum en el que estaba trabajando cuando le sorprendió la muerte en noviembre de 2001. Y es que Brainwashed muestra gran parte de ese talento a la guitarra que convirtió a George Harrison en una influencia decisiva para todas las generaciones de músicos que vinieron después de él. Líneas melódicas y cortes bellamente cincelados, enérgicos rasgueos acústicos… Todo ello tiene cabida más que de sobra en los doce temas que componen el disco.

 Pero este álbum es algo más que buenas interpretaciones musicales. Se trata de una afirmación personalísima de un hombre muy reservado, que refleja la intimidad que fue alimentando con preguntas que le asaltaron desde que empezó a componer como miembro de los Beatles: ¿Quién soy? ¿Qué hago aquí? ¿Adónde voy?  

No queda duda de la profundidad de las convicciones espirituales de Harrison, y Brainwashed no hace más que dejarlo claro de nuevo. En sus últimos años, Harrison tuvo que afrontar la inminencia de su muerte, experiencia que asienta las bases de este disco, aunque no de una forma morbosamente explícita y reveladora. Más bien como si los acontecimientos vividos en sus últimos años hubieran conferido una gravedad inevitable a los temas en los que Harrison llevaba décadas reflexionando. Cuando la muerte dejó de ser un problema filosófico, a pesar de sentirla en cada momento y en cada latido, George Harrison compuso estos temas.  

No llegó a terminarlos, aunque sí los grabó. Harrison siempre había tenido la intención de que Jeff Lynne le ayudara a completar el proyecto, algo que Lynne tuvo que hacer por sí solo bajo la atenta mirada de Dhani, el hijo de 24 años de Harrison. En 1987, Lynne co-produjo el disco en solitario de Harrison, Cloud Nine; fueron compañeros en The Traveling Wilburys; trabajó con él en “Free as a Bird” y “Real Love” para la antología de los Beatles y, no menos importante, fue uno de sus mejores amigos. El único hijo de Harrison, Dhani, colaboró estrechamente junto a su padre en la elaboración de este trabajo, durante los procesos de composición y grabación. En algunos casos, Harrison dio instrucciones a su hijo acerca de cómo le gustaría que tomaran cuerpo los temas. En otros, preparó bocetos de los arreglos para dejar claro el camino que tenían que seguir las canciones.  

Resulta por tanto imposible imaginar dos personas más cualificadas que Dhani y Lynne para llevar a buen término la idea que tenía Harrison del disco. Aun así, cualquier colaboración, especialmente si se produce de forma parcialmente póstuma, requiere tomar algunas decisiones sensatas. “Llevaba dos o tres años comentando a George que deberíamos terminar las canciones”, explica Lynne. “Él me decía: ‘Me gustaría que las acabaras tú’. Hablamos de ello y me dijo que no quería que el disco fuera pijo. Lo que quería, en realidad, era como una especie de maqueta. “Pero las canciones merecían algo más, porque son maravillosas, al menos a mí me lo parece”, continúa Lynne. “Pensé que si las dejaba tan toscas como a él le habría gustado, no funcionarían. Quería que fuesen lo mejor posible, y creo que dimos con el justo medio.” Entonces se dirige directamente a su viejo amigo: “De modo que lo siento, George”, explica con cariño. “Las hice un pelín más pijas de lo que querías. Pero pensé que era una forma de hacerles justicia.”  

Es la especie de tira y afloja que quizás Lynne y Harrison hubiesen tenido en el estudio de haber vivido Harrison. Y Dhani se mostró de acuerdo con la dirección propuesta por Lynne. “El álbum se habría terminado igualmente de este modo: Jeff habría echado una mano a mi padre y yo habría ayudado en la producción final”, explica Dhani. “Nos limitamos a ceñirnos al plan, pero mi padre murió y se complicó más aún nuestra labor.” El disco se remató en el estudio que tiene Lynne en su casa de California, durante un periodo que se alargó seis meses. Hay que decir que al principio Harrison rondó las sesiones con su ausencia. “Recuerdo que llegué de Inglaterra y Jeff y yo nos pusimos a grabar las guitarras la primera noche”, recuerda Dhani. “Fue de lo más surrealista. No dejaba de mirar alrededor, buscando a mi padre: Eh… ¿Está bien así?’ Pero no contestaba nadie.”  

Al final, no obstante, la presencia de Harrison empezó a sentirse de forma más positiva. “Los primeros días era difícil acostumbrarse a su ausencia”, reconoce Lynne mientras toma asiento en la amplia sala de su casa donde grabó algunas de las cuerdas de Brainwashed. “Pero una vez que te metías en el tema y escuchabas la voz, tan imponente, sentías sus vibraciones. Al final, esa extraña sensación se desvaneció y fue como si estuviese presente, guiándonos de algún modo.” Una sola escucha del disco disipará cualquier preocupación de que los temas no plasmen el espíritu de George Harrison. Así lo explica Dhani: “Sería imposible plasmar mejor en un único disco el yo sincero y verdadero de mi padre”. El tema que abre el disco, “Any Road”, es una nueva invocación de Harrison al alegre folk-rock de los Wilburys, con un toque Zen en el estribillo: “If you don’t know where you’re going / Any road will take you there”. En el dulce y ensoñador “Pisces Fish”, Harrison canta “Some days my life, it seems like fiction / Some other days, it’s really quite serene”, estrofas que para Dhani son las claves de la canción, así como la imagen del viaje de su padre por la vida. “La primera parte de su vida fue agotadora como la de nadie”, explica Dhani. “Iba a todas partes y lo hacía todo de la forma más intensa posible. Después, la segunda mitad de su vida, la pasó en el jardín, disfrutando de la naturaleza, plantando árboles y componiendo música. Dos contrastes que constituyeron el equilibrio ideal.” 

El título del fantástico tema instrumental “Marwa Blues” procede de un raga indio, y muestra el virtuosismo de Harrison a la guitarra en todo su apogeo. El tema se desarrolla como una oración por la liberación de este mundo para llegar a un reino de posibilidades místicas infinitas. Por su parte, “Looking for My Life” evoca una realidad más sombría. I never knew that life was loaded”, canta Harrison. “I never knew that things exploded / I only found it out when I was down upon my knees/Looking for my life.” A la hora de hablar acerca del tema, Dhani utiliza el mismo tipo de imágenes que su padre usaba de forma espontánea. “En los últimos años, mi familia ha vivido situaciones muy extrañas”, comenta. “Alguien se coló en nuestra casa e intentó asesinarnos, y después está, por supuesto, la enfermedad de mi padre y el tumulto que se produce cuando los medios se inmiscuyen en tu vida. Pero sólo se puede experimentar tanta alegría como pena se haya sufrido. La pena es como vaciar un bloque de madera, y la pena es lo que lo rellena. Cuanta más pena hayas experimentado, mayor será la alegría que puedas sentir.” 

El antiguo tema de “The Devil and the Deep Blue Sea”, grabado junto a la banda de Jools Holland, muestra a Harrison tocando su adorado ukulele. “Todos los que conocían a mi padre sonríen cuando lo oyen”, explica Dhani. “Así era cuando estaba en casa.” Y en cuanto al primer single del disco, “Stuck Inside a Cloud”, Dhani explica: “El título podría referirse a un velo de ignorancia, algo que todos experimentamos y de lo que intentamos deshacernos a la larga. Te confunde y te estrecha la mente. De hecho, es mi tema preferido. Me encanta. El número preferido de mi padre era el siete; hacía muchas cosas alrededor de ese número. Por eso es el séptimo tema del disco.”  

Por ultimo, Dhani describe el tema que da título a Brainwashed como “la canción más sincera del disco”. Es un catálogo de todos los aspectos de la sociedad que empañan nuestras mentes y nos impiden llegar a verdades mayores. “Los militares te lavan el cerebro”, afirma Dhani. “Lo mismo que las empresas y los medios de comunicación. Y la canción explica que hay una alternativa: pensar por uno mismo y autorealizarse; bueno, y Dios”.  

Este último aspecto se dramatiza emotivamente a medida que el tema se va fundiendo con el sonido del canto de Harrison sobre un zumbido hipnótico. Una nota optimista con la que cerrar el álbum. “Es un canto muy famoso en la India”, comenta Lynne. “A veces lo canta mucha gente junta a la vez. Fue idea de Dhani ponerlo al final, y él mismo ha grabado su voz maravillosamente en una doble pista junto a la de su padre. Su voz es igualita a la de George.” El canto, explica Dhani, era el lavado de cerebro personal de su padre: “Lo tenía grabado desde antes de que yo naciera. Es algo positivo que ofrecer al público como punto final del disco”.  

Cuando Brainwashed estuvo terminado, lo que había empezado como profunda pena y desazón se transformó en algo un tanto redentor y aliviante para los implicados. “Fue como ‘al fin lo van a poder escuchar, es alucinante'”, explica Lynne. “Fue entonces cuando empezó a parecer una experiencia más feliz, una celebración de la vida de George.” El tipo de celebración que los fans de Harrison necesitaban y merecían, y que él mismo hubiese deseado que tuvieran. 

Xavier Valiño

 

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