FRANZ FERDINAND

 Franz Ferdinand, el reto del pop

 

         Franz Ferdinand vuelven a España. Después de editar su primer y exitoso disco homónimo, el grupo escocés se paseó por nuestro Estado en varias ocasiones. Ahora, vienen a presentar su segundo álbum, You Could Have It So Much Better, más variado y, también, más directo. Alex Kapranos, su vocalista, nos lo presenta.

 

¿Cómo ha sido la presión para que grabaseis un disco de tanto éxito como el primero?

         – La verdad es que hemos sido nosotros los que hemos presionado más a la compañía de lo que ellos nos han presionado a nosotros. Nos daba la impresión de que a los grupos les lleva mucho hacer discos hoy en día. Se tiran mucho tiempo de gira, así que cuando llegan al estudio están aburridos. En nuestro caso, decidimos que la gira fuera corta para editar un disco cuanto antes. Pero tampoco es que tengamos un manifiesto; la mayor parte de las cosas las hacemos intuitivamente. Por ejemplo, con este nuevo disco teníamos claro que no queríamos repetirnos, aunque sin expresar exactamente cómo.

 

¿Cómo ha cambiado el grupo en este disco?

         – Cuando grabamos el primer álbum, sólo habíamos dado unos 30 conciertos; con este disco llevamos ya unos 300. Si antes tenías que decir qué querías hacer con la música, ahora simplemente sucede. Es como trabajar con telepatía: vas más allá de las restricciones del vocabulario de todos los días y llegas a una forma de expresión mucho más pura.

 

Tus letras siempre son crípticas. No es fácil saber de qué hablas. Por ejemplo, “Take Me Out”, vuestro single de mayor éxito, se podría interpretar como un ruego para que inviten a alguien a salir o para que lo maten.

         – No me gustaría darle a la gente una respuesta fácil. Lo que separa las letras y la poesía de la prosa escrita es el hecho de que hay espacio para la interpretación personal. Como fan, me gusta darle mi propio significado a una canción y, sólo más tarde, descubrir de qué va. Como con “Ballad Of A Thin Man” de Bob Dylan: la escuché durante mucho tiempo, y amaba su imaginería, sin saber que hablaba de una persona real. Eso la hace mágica.

 

Parece que en el disco hay una cierta tensión entre la ambición y la avaricia.

         – Supongo que el personaje en “This Boy” es algo así: frío y calculador. Creo que siempre he sentido fascinación por esas personas. Significan todo lo que desprecias, pero siguen siendo intensamente carismáticos. Te encuentras riéndoles los chistes, incluso aunque te odies por hacerlo. El título y la actitud del disco tienen más que ver con no quedarte sentado y sentirte satisfecho.

 

Construyes tus canciones con ironía, ingenio y sofisticación.

         – La gente no ve más que la euforia inicial de la música, sin ir más allá para saber qué pasa en la canción. Pero la historia es esencial para mí. Me gusta escribir de los extremos que sentimos en la vida, pero no de aquellos extremos por los que puedes imaginar que pasa la gente, sino de los extremos de situaciones en los que me he encontrado o en los que he visto a otra gente, los extremos de las vidas corrientes.

 

En ese ámbito no estás muy lejos de Ray Davies, de The Kinks, y en “Walk Away” queda claro.

         – Ray Davies y, por supuesto, su grupo, The Kinks, tenían una gran relación simbólica entre la música y el contenido emocional de las letras. Piensa, por ejemplo, en “Waterloo Sunset”: tiene unos coros geniales y unos cambios en la melodía que le dan una especial importancia.

 

Hasta ahora se os asociaba a una época concreta de los primeros 80. ¿Cómo os lo habéis tomado?

         – Es irónico, pero yo no aguantaba los 80 cuando vivía en esa década. Me gustaba imaginarme en los 60, en los años 20 o, incluso, en el siglo XIX. Pero, simplemente por nuestras pintas se nos asoció a los años 80.

 

Y también por la música. Acuérdate de todos los comentarios y comparaciones con XTC o Gang Of Tour.

         – Ya, aunque nunca habíamos oído a Gang Of Four hasta que los nombraron en las críticas de nuestro primer disco. Después los escuchamos y descubrimos a una banda enorme, con una aproximación radical al hecho de hacer música.

 

Ahora, con canciones como “Eleanor Put Your Boots On”, ya empieza a asomar la conexión con The Beatles, que, tengo entendido, se encuentran entre tus mitos.

         – The Beatles fueron algo grande para mí. Mi madre me puso de segundo nombre Paul. Yo solía saltar por toda la habitación mientras escuchaba el ‘disco rojo’, el que recopila sus primeros éxitos. Me hacía sentir eufórico. Era una sensación que no encontré en nada más, ni jugando al fútbol, ni nadando, ni viendo La guerra de las galaxias.

 

En este disco también queda claro que os gusta David Bowie, en especial el de la época de “Boys Keep Swinging”.

         – Sí, lo admiro no sólo por su música, sino por la forma en que ha evolucionado. Si comparas discos como Ziggy Stardust, Low o Young Americans te sorprende pensar que es la misma persona la que hizo toda esa música. Ninguno de sus contemporáneos fue tan inteligente.

 

Otro aspecto que gusta a la gente, aunque no a todo el mundo, claro está, es que Franz Ferdinand quieren llegar a cuanta más gente, mejor.

         – Cuando empecé a tocar en grupos en Glasgow, quería permanecer al margen. No me interesaban las listas de éxitos ni las compañías de discos. Por una parte deseaba llevar la contraria, pero también sentía temor de entrar en la gran maquinaria del pop y que se me mirase como alguien que no está en la onda. ‘¿Eres lo suficientemente bueno? ¿Eres lo suficientemente fuerte?’ El momento en que cambió mi percepción fue cuando me di cuenta que podía enfrentarme al reto del mundo del pop sin traicionar mis principios. Miraba a mis ídolos, ya fueran The Beatles, The Clash o cualquier otro, y veía que fueron capaces de hacer música que era única, y todavía podían competir en el mundo real sin dejar de hacer pop.

Xavier Valiño

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