FESTIVAL DO NORTE 2013

Festival do Norte 2013: contra los elementos

 

 

Doce ediciones de Festival do Norte no han servido para consolidar el apoyo público. Cada año hay que partir de cero, tanto que en esta ocasión hubo que esperar hasta un mes antes para confirmar su celebración. Por si fuera poco, la primavera tampoco quiso hacer acto de presencia, y a eso se le sumó una final futbolística. Y, a pesar de todo, sin giras de esos grandes nombres estatales que atraen multitudes, con un cartel más ecléctico -y, por lo tanto, más estimulante-, el público respondió. Puede que no como el año pasado, pero desde luego más de lo previsible dadas las circunstancias.  

 

Tuvo que ser una banda foránea la que lograse que se olvidase todo eso en una hora de la noche del sábado. Toy no parecían los mismos de su debut, como si alguien más peligroso y radical, mucho más interesante, les hubiese usurpado su personalidad. Entre las sombras y la oscuridad, con un sonido enmarañado, largos desarrollos instrumentales, ecos de psicodelia y kraut, los ingleses dieron por válidos todos los grupos extranjeros que pisaron las mismas tablas en ediciones anteriores sin salirse del guión. Justo lo que en esta ocasión representaron Delorentos y The Primitives, ambos haciendo exactamente lo que se esperaba de ellos: pop-rock de toda la vida, con algo de invitación al baile en primero de los casos, e indie-pop guitarrero de pista universitaria de hace dos décadas con los segundos, apoyados en la imagen de una Tracy Tracy que pinta igual que cuando lo dejaron entonces.

 

 

En los límites de lo que siempre ha sido la esencia del festival se mueve Guadalupe Plata, todo un aquelarre sonoro que aun así hipnotizó y arrasó con su blues primitivo sacado de los pantanos del Sur, si es que tal cosa existe, abriendo la noche del sábado el escenario principal. Unas horas después, Triángulo de Amor Bizarro también asolaron el recinto cual invasión vikinga, como si una bomba de neutrones hubiera caído sobre Vilagarcía, con actitud, urgencia y furia en las que se agazapaban sus melodías pop. En este caso, la división de opiniones entre el público era clara, aunque ahí está precisamente el mérito del grupo: crecidos, enrabietados, son lo mejor que le ha podido pasar al rock gallego. Para unanimidades, mejor otros.

 

El triunfo popular en ese escenario se lo llevó Delafé y las Flores Azules, ahora con un espectáculo más sobrio, en consonancia con su nuevo álbum y los últimos acontecimientos por los que han pasado, aunque igualmente bailable y contagioso que antaño. En su caso, la apuesta por hacer algo distinto y -se supone- más personal, manteniéndose dentro de sus propios márgenes, parece haber funcionado.

 

En el segundo escenario, con un sonido que no suele acompañar, esa respuesta popular la consiguió Aerolíneas Federales más que ningún otro grupo. Ninguna canción fue cantada a pleno pulmón durante los dos días como “Non todo é o que parece”. Es el efecto Xabarín, símbolo para toda una generación, al igual que el Festival. Y era lógico que en su gira de regreso tocasen al lado de casa. Resucitados para bien por aclamación popular -aunque haya sido desde Perú-, los cuatro maduros músicos y las vocalistas, más en forma que otros que se inician ahora, bien podían demostrarle más de una cosa a unos cuantos.

 

 

Novedades Carminha lo han aprendido, desde luego, aplicando la misma sorna que Miguel Costas en sus textos, coreados por todos, añadiéndole ganas de mover al respetable y canciones sin mayores complicaciones, perfectas para un festival. En ese escenario tocaba también la gallega Elba Fernández, más conocida como Jane Joyd, en formato de banda completa. A pesar que lo suyo casa más con un auditorio y de que el público casi no dejaba escuchar los momentos de calma, se pudo respirar la tensión de unas canciones que reclaman toda la atención, que no se relajó en ningún momento. Tan exigente como reconfortante.

 

En el mismo escenario, el surf de Pedrito Diablo y los Cadáveras no necesitaba de tanta concentración, y por eso lo destilaron rápidamente en toda su esencia, como un buen trago de tequila cargado. A Tórtel (Jorge Pérez), aun tirando de canciones de esencia acústica y mediterránea, también se le vio contundente, tanto como para repetir en la sesión vermú del día siguiente. Mención especial para un tema especialmente agradecido en directo, “Tórtel lo hace todo sin mirar”.  Por su parte, Sr. Chinarro, feliz con una buena banda detrás respaldándole, de las mejores que ha tenido, estuvo dicharachero (“preferiría hablar que cantar”, aseguró) y repasó algunos buenos momentos como la gran “Babieca” entre otros más prescindibles, justo lo que hay en sus dos últimos discos.

 

De vuelta al escenario grande, resultó loable la energía y electricidad que pusieron La Habitación Roja a esos himnos generacionales suyos, que los tienen -y son ya unos cuantos-, defendidos y compartidos como si fuese la primera vez que los tocaban. Dorian, sin embargo, parecieron disfrutarlo menos que otras veces, como si este pase presentando La velocidad del vacío les pillase al final de una gira; aun así, pocos se resistieron a irse con ellos “A cualquier otra parte”. La misma impresión dieron Dover, recuperando el grunge de hace 15 años de Devil Came To Me: encima del escenario las hermanas Llano eran todo sonrisa, pero solo en determinadas canciones conseguían conectar con quienes asistían a la resurrección de aquel hito de la independencia estatal.

 

 

Por su parte, Xoel López sigue intentando resolver el enigma de cómo trasladar al directo unas canciones magníficas, las de su último disco Atlántico, difíciles para ese tipo de escenarios. Con algunas lo consigue, mientras que otras no pueden evitar acercarse al cantautor que encontraría mejor acomodo en otro lugar, justo lo que aventura sus últimos pasos. Está creciendo como artista y mantiene sus seguidores, que seguro le acompañarán allá donde vaya, musicalmente hablando, lo que es todo un logro nada fácil.

 

Como ya ha sucedido en más de una ocasión, el fin de fiesta lo pusieron We Are Standard, el perfecto cierre bailable, algo que Estereotypo habían intentado horas antes con su rotunda versión de “Love Me Do”. Para el próximo año, en su edición número 13 (un guarismo de no muy buenos augurios) esperemos que sus organizadores no tengan que luchar contra tantos elementos como en esta ocasión. Y, cómo no, todos anhelaremos de nuevo otra sorpresa mayúscula de esas que se recuerdan, justo lo que Toy representaron este año.

 

 

(Recinto exterior FEXDEGA, Vilagarcía de Arousa. 17 y 18 de mayo de 2013)

 

 

 

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