FEIST

Feist, al fin sola

 

         Feist se ha convertido en una de las sorpresas más agradables de los últimos tiempos. Su segundo disco y el primero que se edita a nivel internacional, Let It Die, se asemeja a esas pinturas incompletas que dejan espacio para que uno mismo llene los espacios en blanco. Entre el folk, el doo-wop y unos minimales arreglos pop de ahora mismo, su poder emocional es más grande de lo que se podría esperar de una recién llegada. Pero es que la canadiense tiene detrás una larga trayectoria. Ella misma nos lo cuenta.  

         “Mi primer concierto fue como telonera de los Ramones en un festival al aire libre cuando mi banda punk del instituto ganó un concurso,” asegura Feist. “Tocamos juntos durante cinco años. Después me mudé de Calgary a Toronto para que me tratase un médico especializado en problemas relacionados con la música, tras perder mi voz en mi primera gira por todo Canadá cuando tenía 19 años. No conocía a nadie en Toronto y pasé seis meses en un sótano con un cuatro pistas. Como me habían dicho que no cantase, me compré una guitarra.”  

No tardó en encontrar compañeros. “Un par de años después era la guitarrista de un grupo de rock en Canadá que abría los conciertos para el grupo más famoso del país, The Tragically Hip, en escenarios en los que nos enfrentábamos a multitudes de 40.000 personas. El mismo año, en 1999, edité mi primer disco en solitario, álbum que vendía al bajar del escenario en los conciertos, aunque tocaba en lugares mucho más pequeños, por supuesto.”  

En aquellos tiempos empezó a relacionarse con gente que, después, tendrían su relevancia en el pop de los últimos tiempos. “Entonces, en el 2000, mi compañera de piso Peaches grabó su disco Teaches Of Peaches, que se convertiría en un disco de culto. Canté en aquel disco e intervine en sus conciertos en Toronto y Europa. Me llamaba Bitch Lap-Lap y hacía rap muy malo con una marioneta de calcetín mientras iba vestida con ropa cubana de aerobic. ¡Imagínate!”  

No fue la única que conoció entonces. “La casa en la que Peaches y yo vivíamos se llamaba la 701 e hicimos llaves para gente como Mocky o Gonzales. Todos nosotros hemos estado tocando juntos en formaciones muy diversas durante estos años.”  

Con Gonzales la colaboración fue más habitual. “Después canté en el disco de Gonzales Uber Alles del 2000 e hice las giras europeas con él mientras empezaba a trabajar en mis canciones. Por aquel entonces, algunos viejos amigos y yo buscamos una forma de aguantar el brutal e interminable invierno canadiense, así que organizamos un concierto para un mes después con la idea de componer todas las canciones en ese tiempo.”  

Así fue. En un mes estaban listas las canciones, pero no había nombre para el grupo. “Para aquel concierto nos llamamos Broken Social Scene, porque dos de los tíos habían grabado un disco instrumental con ese nombre el año anterior y pensaban que nunca tocarían aquellas canciones en directo. Seguí dando conciertos con Gonzales y, mientras, grabé las voces del disco de Broken Social Scene, con los que también empecé a dar conciertos.”  

Pero lo que Feist buscaba era darle continuidad a lo que había sido su primer disco. “En medio de las giras del 2002 y 2003 con Gonzales empezamos a grabar algunas canciones de mis maquetas caseras en París con el productor de Manu Chao, Renaud Letang. Tres canciones de aquellas sesiones que llamé “las maquetas rojas” están en Let It Die.”  

Ahora, con su segundo disco editado por los canales convencionales en todo el mundo, Feist ya es lo suficientemente conocida. Aún así, no ha dejado de colaborar con otros en los últimos meses. “Es cierto. Estoy en el disco Republic Of Two de Kings Of Convenience, hago un dúo con Mocky en su nuevo disco Are And Be, he escrito un dueto con Jane Birkin que aparecerá en su próximo álbum y estoy empezando a grabar el nuevo disco de Broken Social Scene.”  

Tal vez todas estas relaciones sean ya lo de menos, porque lo importante es su propio disco. Let It Die es un disco que acompaña de la habitación al bar y se convierte en la banda sonora de ambos estados de ánimo. Es un disco que evoca con nostalgia una época en la que los cantantes mezclaban todos los estilos, estuvieran o no de moda. Es su privacidad compartida y tu propia vida la que estás mirando.

Xavier Valiño

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