FANTASMAGE

Fantasmage, fresas salvajes

  

  

 

Voz, guitarra y batería. Punk, garage, pop, rock’n’roll. Andrés Magán (guitarra, voz) estuvo en Anemone, edita fanzines como Honeybloom o Firecream y diseña portadas y carteles como la de sus discos y de otras bandas gallegas. Daniel Nicolás (batería, voz) formó parte de Indómitos, con un primer disco en vinilo editado por El Beasto Records, y, también, de otras bandas como March, Noon o Los Arenas. Ambos formaron hace unos meses Fantasmage en Vigo, grabaron una primera y aclamada maqueta y acaban de editar su primer álbum con Discos Humeantes.

 

¿Cuándo entráis en contacto entre vosotros y cuándo empezasteis a ver que podíais hacer algo en común?

             – Nuestros anteriores grupos, Indómitos y Anenome, compartieron escenario más de una vez porque teníamos cosas en común y estábamos a gusto juntos. Después de un par de conversaciones nocturnas, Andrés y yo (Nico) decidimos juntarnos en el local de ensayo para aporrear instrumentos un poquito y descargar energía. Cuando esos grupos se separaron definitivamente, empezamos a quedar más a menudo y a tomárnoslo un poco más en serio, hasta que nos ofrecieron bolos y ya no había vuelta atrás.

 

¿Cuáles eran las intenciones al formar la banda: algún artista de referencia, algún sonido en concreto? ¿Podría ser No Age una referencia clara?

– La intención era hacer algo muy directo, sencillo y con mucha energía, y los dos queríamos volver a los instrumentos con los que estamos más cómodos, Andrés a la guitarra y yo a la batería. También nos molaba la idea de hacer canciones contando solo con dos instrumentos y voces, y poco a poco fueron saliendo cosas. No Age puede ser una referencia entre muchísimas otras; a la hora de crear Fantasmage nos fijamos en bandas que con un formato mínimo consiguen mucho: Gories, Lightning Bolt, los primeros Blues Explosion, Ty Segall o Beat Happening, pero también en muchísimos otros rollos del punk, garage, pop…

 

¿Estaba claro el sonido desde el principio o se fue gestando poco a poco?

– Estaba claro desde el principio que iba a ser crudo y con caña, pero al ir ensayando y tocando también la cosa mejora, vemos lo que podemos hacer y lo que no, y vamos aprendiendo truquitos de sonido. 

 

¿Fue teloneando a Davila 666 vuestro primer concierto?

– Sí. Abel Dobarro, un buen colega que organiza conciertos por Galicia, los trajo a Vigo y necesitaba un telonero, por lo que nos ofrecimos y accedió. Todavía no teníamos nada parecido a una canción y quedaba un mes, pero se fio de nosotros y al final salió guay, hicimos muchas canciones en poco tiempo y muchas ya quedaron en el repertorio hasta ahora.

 

 

Grabasteis una primera maqueta con cuatro canciones. ¿Os sorprendió su acogida y las expectativas que levantaba?

– Un poco sí, pero también es cosa de Internet que corre la voz muy rápido. Lo bueno es que dimos muchos conciertos por Galicia y la gente vio la cosa real, que es lo que nos interesa.

 

¿Cuándo entra en el horizonte Discos Humeantes? ¿Habíais pensado en la autoedición o no hubo tiempo siquiera?

– Pues la verdad es que el contacto con Pablo de Discos Humeantes fue bastante rápido, no hubo mucho tiempo para planear. Un par de días después de colgarla en bandcamp nos escribió diciendo que quería sacarnos algo, lo que fuera, le daba igual porque le molaba. En principio iba a ser un single, pero vimos que teníamos bastante material para un LP, y Pablo accedió encantado. Para nosotros fue perfecto, un sello que ya nos gustaba de antes nos quería editar un LP, cuando ni siquiera nos habíamos planteado sacar nada. 

 

Ahora que aparece vuestro debut, ¿cómo os sentís, cómo lo estáis viviendo?

– Pues estamos encantados, la acogida ha sido muy buena y en Discos Humeantes se está muy a gusto porque podemos hacer lo que nos dé la gana. Lo que queremos ahora es tocar por ahí para que los que hayan disfrutado del disco lo hagan también con el directo.

 

¿Fue todo grabado en analógico? ¿Había algún tipo de regla o decisión en cuanto al sonido o al tipo de grabación?

– Hay una mezcla de analógico y digital. Con los pocos medios de los que disponíamos, confiábamos en Manu y su paciencia para conseguir lo que buscábamos, que era un sonido garajero pero un pelín más rock, más potente que en la maqueta, que tira más a lo-fi. También la masterización en plan vintage de Ángel Kaplan le dio un plus al sonido. En cuanto a reglas, no somos nada puristas con el sonido o material a utilizar, de hecho nos apesta la idea de que una banda de rock siga un manual. Si una guitarra cutre suena como nos gusta, perfecto, y lo mismo se aplica a los medios de los que disponemos.

 

Vuestra maqueta fue grabada por vuestro amigo Manu G. Sanz y ahora repita en la producción de vuestro álbum debut. ¿Por qué? ¿Es el tercer miembro de Fantasmage, un componente en la sombra?

– Ja, ja, no es la primera vez que nos preguntan si es el tercer Fantasmage. Qué va, de hecho él lleva una temporada enfrascado en un proyecto flipante, Orphan Tracks, que es una colección de bandas sonoras de películas imaginarias. Pensamos en Manu porque es muy buen amigo nuestro, compartimos gustos con él y tiene una sensibilidad especial para la música. En la maqueta supo encontrar el sonido que buscábamos, así que para el disco contamos con él al momento, porque sabíamos que el resultado nos iba a gustar.

  

  

  

 

¿Se podría decir que este disco va más en la senda marcada por Indómitos que Anemone?

– Tal vez recuerde más a Indómitos sí, porque sigue siendo muy punk y muy minimalista, además de tener un toque de oscuridad (¡no tanto como en Indómitos, que era negrura directamente!). Mucha gente dice que es como Indómitos pero alegre, y tiene un toque pop que estaría más cerca de Anenome.

 

Lo que no me hubiese esperado es una versión de Camilo Sesto. ¿Por qué esta canción? ¿Es mejor hacer versiones de canciones totalmente ajenas al sonido y espíritu de un grupo?

– En la época de Indómitos éramos muy fans de esa canción, y nos mola la idea de transformar canciones de otros géneros a nuestro sonido, más aun si es de alguien tan marciano y a la vez tan rock como Camilo Sesto. No es que sea mejor versionar cosas tan ajenas, pero sí que es muchísimo más divertido y fresco.

 

Teniendo un diseñador en el grupo, está claro que el diseño de la carpeta quedaba en casa. ¿Surgió antes el nombre del grupo? ¿El diseño lo marca el nombre? ¿Qué pretendíais representar?

– El nombre del grupo surgió cuando nos plantearon hacer el primer concierto, pero el diseño no tiene nada que ver con el nombre. El diseño no pretende representar nada en concreto, simplemente se hizo de manera casi automática, es lo que salió al escuchar el disco acabado. Quizás tenga que ver más con el sonido que con el nombre, por eso de los trazos rápidos y la paleta de colores limitada.

 

¿Por qué os tiran tanto las canciones oscuras, envenenadas, distorsionadas, cuando no parece que seáis personas torturadas? ¿Se extirpan así las frustraciones, pesadillas, temores…?

– No sé, cuando tenía 16 años y descubría mogollón de bandas flipantes todas tenían un punto misterioso, de peligro, que incluso asustaba un poco. Para nosotros, eso es el rock, o debería serlo. Los conciertos y grupos que más nos gustan son con los que sentimos ese tipo de cosas, así que en cierto modo es normal que sigamos ese camino. De todas formas, creemos que hacemos una música que te hace sentir bien, sobre todo en directo.

 

¿Podría ser vuestra reacción frente a la sociedad en la que vivimos? ¿Influye en los textos la turbulenta situacn actual?

No somos una banda con pretensiones de hacer comentarios sociales o políticos; a lo mejor si te pones a analizar nuestras letras encuentras cosas de ese tipo, pero eso es porque son un pelín ambiguas. Está claro que estamos en una época rara en general y que también influye en nuestro entorno personal, pero creo que hubiésemos hecho lo mismo si la situación fuese otra. Lo que pretendemos es que la gente se lo pase bien escuchándonos, no queremos hacer nada trascendente. Queremos hacer canciones que molen.

 

¿Por qué Galicia es actualmente el lugar con mayor proliferación de grupos en una onda oscura, como Franc3s, Triángulo de Amor Bizarro, parte de la escena Galician Bizarre…?

– Me imagino que tendrán una idea parecida a la nuestra de lo que es un grupo de rock, ese punto extraño y de negrura. No sé si la mala leche gallega también influye, puede ser, el caso es que desde fuera de Galicia parece que salimos todos de una cueva oscura, y mola mucho. Lo que sí influye es el licor café que nos tiene a todos tarados, a lo mejor es eso.

 

En tiempos de descargas digitales y de crisis de la industria, ¿cuál cris que debe ser el modelo, el objetivo de una banda?

– Depende del tipo de banda que quieras ser. En nuestro caso, y creo que para muchas bandas como nosotros, el objetivo es tocar y tocar en directo, que la gente te vea, sacar material de calidad e intentar moverlo tocando más. ¡La idea es captar adeptos! Y para eso tienes que ofrecer cosas crujientes, pero sin quemarse ni quemar al público.

 

¿Algo que os haya cambiado la visión de la música últimamente o siguen siendo los sonidos, los artistas que descubristeis como adolescentes los que os siguen marcando?

– Yo creo que seguimos un poco los estilos que nos marcaron cuando éramos adolescentes, y a partir de ahí la cosa se va abriendo poco a poco.

 

¿Algún grupo que os haya sorprendido en este tiempo o alguno que veáis trabajando en la misma dirección que vosotros?

– En general los grupos de Discos Humeantes nos flipan, Betunizer o Guadalupe Plata son también muy buenos, y también muchos rollos que se hacen en Galicia como SraSrSra, Orquesta Metamovida, Lobishome o Malandrómeda entre otros… En cuanto a rollos extranjeros, seguimos descubriendo mogollón de cosas chulas, como The Men o White Fence, y rebuscando en el pasado para encontrar joyitas como The Bats o Interstellar Villains.

  

 

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