FANNY Y ALEXANDER 2009

Fanny+Alexander, sastres a medida

 

“Son una banda indie gallega con base en Compostela a la que le gusta poner a prueba en cada una de sus canciones los límites del pop más canónico, saltando del pop acústico a la indietronica más arriesgada, del chamber-pop orquestado al más shoegazer y espacial, del sintético pop electrónico al más folkie y desnudo. Una actitud rupturista que comienza con la fidelidad al principio punk do Do It Yourself -autoproduciendo sus discos y realizando sus propios videoclips y material gráfico-, continúa con un compromiso con el copyleft y acaba con la explotación a conciencia de la infinita paleta de sonidos que proporcionan las nuevas tecnologías. En definitiva, poniendo los mecanismos para la contemporaneización de la nueva música pop gallega a base de mezclar estilos, reglas y etiquetas”.

 

Mejor definición -la que ellos mismos dan- imposible, así que para qué intentarlo. Fanny+Alexander (o, lo que es lo mismo, Noel Feáns y Efi Arias) llegan a su tercer disco, Alfaias, en plenitud de facultades. Noel nos lo presenta, repasando al tiempo el estado de la industria y la escena hoy en día.

 

Para empezar, ¿en qué diríais que se nota la evolución en este disco respecto a los dos anteriores?

– Sobre todo en cuanto a la accesibilidad de la música: en este disco creo que casi encontramos el equilibrio ideal entre hacer canciones que puedan interesar tanto al melómano más exigente como al más casual. Hay temas de pop muy canónico como “Tardes de domingo” o “Na febre dos incendios”, pero también hay temas que son puro concepto, experimentando con estilos diversos, que funcionan exactamente igual de bien, o eso intentamos, y pueden llegar a gustar cualquiera. Ésa era la idea: explorar las diversas sensibilidades del pop sin perder el espíritu inquieto y experimentador con que nació Fanny+Alexander.

 

¿Vuelve a ser una colección de canciones con textos de poemas o habéis pensado o encontrado algún elemento en común detrás?

– Sí, el factor generacional es clave. A nivel musical, fuimos tocando todos los palos de la música indie de las dos últimas décadas, con multitud de homenajes no demasiado evidentes, desde Belle & Sebastian a Slowdive, pasando por Tindersticks o New Order. Buena parte de nuestro acervo musical está presente de una manera u otra. Y a nivel lírico, exactamente igual: todos los autores son de nuestra generación, nacidos en los 70 y primeros 80, por lo que hay un hilo invisible entre temáticas y estilos que da bastante unidad a las letras.

 

Lo que no he conseguido es ver el significado del título en relación al contenido. ¿Podéis explicarlo?

– Inicialmente queríamos titularlo O alfaiate -el sastre- ya que es así como nos sentimos a la hora de hacer música, juntando remiendos, botones y telas de orígenes muy diversos para hacer una prenda nueva y original. Lo que pasa es que lo de sastre nos sonaba demasiado folkie, así que decidimos sintetizarlo en Alfaias, literalmente alhajas, pero también cualquier cosa que salga de las manos de un sastre, fruto de su corta y pega. Además, hace poco supimos que en Brasil llaman alafaias también a un instrumento de percusión muy parecido al tamboril gallego, así que mejor aun.

 

Así que el chaval de la portada estaba escuchando el disco de debut de Yes, ¿no? ¿Os gusta ese disco? -No sé si sabíais que la portada original salió censurada en España-.

– No lo sabíamos, la verdad. La foto nos enamoró desde el primer momento y que su autor -Ed Uthman- la hubiese publicado bajo licencia copyleft nos pareció un regalo del cielo. Lo de que era el primero de Yes lo supimos después, y aunque no somos especialmente fans del rock progresivo, sí que compartimos esa libertad formal a la hora de producir música, así que en el fondo no es una mala opción. De todas maneras, siendo la foto de 1971, casi preferiríamos que hubiese sido el Hunky Dory de Bowie, el Who's Next de The Who o el What's Going On de Marvin Gaye (risas).

 

¿Qué os planteáis a la hora de elegir un texto y de qué huís conscientemente?

– En este nuevo disco escogimos primero a los autores y, después, sus textos, principalmente para poder acotar lo máximo posible el denominador común generacional. Evidentemente, conocíamos sus obras de antemano, por lo que jugamos con ventaja y no corríamos el riesgo de tener que adaptar un texto que pareciese salido del Rexurdimento, que es lo que intentamos evitar esencialmente, ya que siempre buscamos textos que sean tan modernos en tono, estilo y temática como la música que los va a arropar.

En este tercer disco ya no hay ningún texto vuestro. ¿Ya no los componéis, no volveréis a hacer otros, hay algunos descartados por ahí o cómo está la cosa?

– Nuestro próximo disco saldrá casi seguro en Navidad y será de versiones, tanto propias -regrabando en formato unplugged algunas de nuestras canciones más conocidas- como ajenas, haciendo versiones en gallego de temas de The Clash, Joy Division, The Cure y otros. Pero para el siguiente a ése, con material nuevo, sí que tenemos pensado volver a escribir letras, que ya va tocando.

 

¿Han evolucionado de alguna forma vuestros gustos musicales en los últimos tiempos?

– Debe ser la edad, pero cada vez suenan más guitarras acústicas y menos eléctricas en nuestros Ipods. Gente como Will Oldham, Elvis Perkins, Yaya Herman Dune o Connor Oberst van desplazando a otras propuestas más aceleradas, sean guitarreras sean electrónicas. De hecho, en este disco se nota bastante, con varios temas 100% acústicos sin rastro de electrónica aparente y un buen número de cortes a menos de 100 BPM. Definitivamente, debe ser la edad (risas).

 

¿Sería posible un Fanny+Alexander sin instrumentación electrónica?

– Sí. De hecho, la idea de ese próximo disco de versiones propias surgió por eso, por darle importancia a las canciones, independientemente del estilo o formato. Queríamos coger algunas de nuestras canciones más electrónicas y desnudarlas, dejarlas en formato acústico y que la canción se defendiese por si sola, más allá de los arreglos electrónicos y la producción elaborada. Si una canción es buena lo va a ser siempre, esté interpretada por un trío punkarra, un cantautor anodino o la Orquesta Sinfónica de Londres. Por eso nos apetece ponerlas a prueba, a ver que hay detrás del vestido.

 

¿Qué tiene que tener para vosotros una perfecta canción pop?

– Esencialmente, melodía. Por supuesto que la letra, el ritmo, la interpretación y los arreglos son importantes, pero lo único que no puede fallar en una canción pop es la melodía. Una melodía que atrape desde la primera escucha y que se te incruste en el cerebro para el resto de tu vida. Puedes olvidar la letra, el título de la canción y hasta el nombre del grupo, pero si una canción es buena, nunca olvidarás la melodía, siempre serás capaz de tararearla. Y eso significa que tu canción pasa a formar parte de la cultura popular, el objetivo de cualquier gran canción pop, que al final acaba transcendiendo a su autor.

 

Vosotros habéis demostrado desde el inicio que permitir la descarga libremente y, al mismo tiempo, hacer una edición comercial son perfectamente compatibles tanto con Fanny+Alexander como con los discos de A Regueifa. ¿Por qué la mayoría de los artistas no lo ven así de claro?

– Igual porque no se paran a mirar con calma el número de discos que se venden hoy en día, con cifras verdaderamente ridículas. El copyleft es una opción ética, artística y hasta política, pero el simple hecho de difundir tu música por cuantos más medios mejor, en el contexto actual es sobre todo una necesidad que responde a motivaciones practicas, ya que la inmensa mayoría ya no compra ni comprará discos. Normalmente los grupos que empiezan lo tienen claro, no tienen nada que perder y saben que poniendo su música a disposición de su público potencial van a ser más conocidos y a conseguir más conciertos y difusión. El problema lo suele tener la gente con experiencia, que sabe lo que es cobrar royalties por no hacer nada y no están dispuestos a renunciar a eso. Pero está claro que ése es un modelo en vías de extinción: gente como Joe Crepúsuculo, que también regala su música llegando a ser mejor disco del año para muchos medios, ha demostrado que se puede llegar a conseguir lo mismo que con una carrera comercial tradicional. Los tiempos no es que estén cambiando, es que ya han cambiado, y el que se quede atrás, simplemente no existe.

 

¿Cuáles serán los próximos retos a los que tendrán que hacer frente los artistas y la industria?

– En mi opinión, mejorar la comercialización digital de los discos. La gente está acostumbrada a bajarse todo lo que quiere y más sin pagar un duro, y eso no lo va a para nadie, pero es muy posible que muchos estuviésemos dispuestos a pagar una tarifa plana mensual para poder hacer lo mismo sabiendo que son ripeos de calidad, con los discos completos con sus letras y sabiendo que parte de lo que pagas revierte en los grupos. El modelo de Itunes, vendiendo los discos al mismo precio o más que en CD, no me parece viable, pero una tarifa plana de descarga ilimitada de discos sí que tendría éxito entre los verdaderos melómanos. No hay nada peor que ponerte a escuchar un disco al que le tenías ganas y que le falten canciones o sea un ripeo de baja calidad.

 

¿Y en la escena gallega, que se debe mejorar?

– En estos últimos cuatro años se dieron pasos de gigante para la profesionalización de la música en directo con la Red Gallega de Música en Vivo, lo que debería de ser un ejemplo de por donde tirar. La gente está más hambrienta que nunca de música en directo; sólo es cuestión de crear una oferta estable. Además los ingresos que obtienen los grupos son fundamentales, ya que aunque no den para vivir de la música, sí que dan para dar nuevos pasos en sus carreras, permitiendo la grabación de discos o la producción de videoclips.

 

¿Qué hay que no pueda hacer uno mismo en el mundo de la  música?

– Realmente nada. Uno puede ser músico, productor, ingeniero, mezclador, masterizador, realizador de sus videoclips, promotor y hasta manager de uno mismo sin salir de su dormitorio. Hace años esa polivalencia era impensable, pero ahora vemos infinidad de ejemplos de autogestión que funcionan con éxito. Evidentemente, supone muchísima más carga de trabajo, pero garantiza libertad y control absoluto del proceso creativo, algo fundamental para un artista que respete su obra.
 

¿En algún momento cuando empezabais pensabais que algún día tendrías comentarios en revistas y periódicos importantes, que sonaríais en los programas más seguidos –al margen de las radio-fórmulas, claro-, que tendríais seguidores que antes eran gente a la que admirabais? ¿Qué se siente?

– La verdad es que cada vez que aparecemos en un medio, sea estatal o gallego, no nos deja de sorprender, sobre todo teniendo en cuenta nuestra particular idiosincrasia, ya que somos un grupo que regala su música, graba en su casa, canta en una lengua periférica, apenas da conciertos e invierte cero euros en promoción. Lo bueno de conseguir tener repercusión y llegar a la gente bajo esas coordenadas es que tienes la garantía de que no hay distorsiones comerciales o modas pasajeras por el medio, que lo que llega es la música pura y dura, que estás ahí por tu música y no por motivos accesorios o grandes cantidades invertidas en promoción. Todo un orgullo, aunque a veces de algo de vértigo salir al lado de gente de la que hasta hace no mucho eras fan.

 

Buen momento para demostrarle al nuevo gobierno gallego la importancia del idioma en el arte y en la vida diaria en general, ¿no?

– Sí. Si algo bueno va a traer la catástrofe que va a ser la vuelta al gobierno de la derecha centralista, con sus típicas políticas anticulturales de siempre, es que la cultura gallega va a recuperar espontaneidad, podrá volver a ser alternativa alejada del paraguas del oficialismo, lo que sin duda es muy sano. Ahora mismo los ánimos están muy caldeados con el tema del idioma y la eliminación de toda la programación cultural de los medios de comunicación públicos, y está claro que toda esa indignación se va a traducir en renovadas energías creativas, nuevos proyectos y nuevas iniciativas, que en el fondo siempre van muy ligadas a lo reivindicativo. Por suerte, la escena gallega tiene vida propia, y aunque se carguen las subvenciones a festivales, los programas de TV y radio, los certámenes tipo GZcrea y Nsaio o las Redes de Música en Vivo y de Locales de Ensayo, los grupos van a seguir ahí con más fuerza que nunca. Lo que está claro es que por mucho que desde la nueva Xunta destruyan los apoyos públicos que había a la cultura y música gallega, de poco les va a servir: esto es mucho más grande de lo que pueden imaginar.

 

¿Habrá conciertos con este disco o quedan ya definitivamente descartados?

– Conciertos grandes, casi seguro que no, porque la verdad es que nos vemos incapaces de llevar las nuevas canciones al directo con un mínimo de fidelidad al disco, a menos que fichemos seis o siete músicos, algo que no estamos por la labor. Así que lo que haremos será preparar un formato pequeño, semiacústico, donde las canciones sean lo principal, en un formato más íntimo para locales pequeños. 

 

Por último, ¿cuál ha sido la mejor anécdota en tu experiencia en el mundo de la música?

– Hace poco un amigo nos contó que estaba en un bar y al sonar “Panic” de los Smiths unos chavales que estaban en la barra se pusieron a cantar la letra de “Merda de DJ”, nuestra versión, por encima y por lo que le contaron después se la sabían entera porque la ponían todas las noches en una macrodiscoteca de Rianxo a la que iban siempre. Eso sí, Fanny+Alexander no tenían ni idea de quienes éramos. E imagino que los Smiths tampoco (risas).

 

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