Espíritus en la oscuridad

Andreu Cunill: Espíritus en la oscuridad. Viaje a la era soul (66 rpm)

 

 

 

 

“Fue el cambiar Oh Lord por Oh Baby”. Según Bobby Blue Bland, cuando el góspel sufrió un proceso de secularización, que lo llevó del altar a los clubes, se convirtió en la música soul. Andreu Cunill, autor de este libro, lo recoge y añade, de su cosecha, que “soul es la utilización de ese lenguaje musical y de esa energía comunal para dirigirse a un público sin connotaciones religiosas”, señalando además la santa trinidad de sus orígenes: “I’ve Got a Woman” de Ray Charles (1954), “Please, Please, Please Me” de James Brown & the Famous Flames (1955) y “You Send Me”, de Sam Cooke (1957).

 

En esas primeras páginas, el autor no solo nos sitúa en un lugar y una época hoy consideradas como la era del soul clásico, definiendo y acotando el contenido de su libro, sino que explica las razones que le empujaron a embarcarse en tamaño reto: los viajes familiares en un R9 camino de la costa catalana escuchando por primera vez a Otis Redding. Tras el soul canónico, llegó el soul por descubrir, gracias a un disco de Doris Duke, I’m a Loser.

 

Ahí fue cuando Cunill se dio cuenta de que nadie había recopilado en un libro los grandes discos del soul perdidos, algo similar a lo que Juan Vitoria hizo hace unos años con los grandes álbumes olvidados del rock en Discos ocultos: 350 obras maestras de la música contemporánea por descubrir (Avantpress, 2005).

 

En la portada de este libro no se hace mención a que son precisamente esos discos desconocidos para el gran público los seleccionados, así que conviene dejar claro cuanto antes, para que nadie se lleve un desengaño, que no se encuentran aquí los ya citados o Marvin Gaye, Stevie Wonder o Aretha Franklin, a no ser citados en las entradas correspondientes a otros artistas.

 

Una vez registrado ese dato, aquí hay mucho oro en bruto por exhumar y catar. Son, en total, 150 discos desmenuzados uno por uno a página por entrada, con su portada y dos amplios párrafos que, a grandes rasgos, podríamos resumir en un primero ubicando a su responsable y un segundo dedicado al álbum en cuestión.

 

A buen seguro que ni el más acérrimo seguidor del soul los habrá escuchado todos y, para los demás -la inmensa mayoría-, hay muchos nombres por conocer y tesoros ignotos que se revelarán ahora en toda su magnitud. Sí, nos pueden sonar artistas como Allen Toussaint, Ann Peebles, Bettie Swan, Betty Davis, Billy Paul, Billy Preston, Buddy Miles, Candi Staton, Donny Hathaway, Edwin Starr, Fontella Bass, Irma Thomas, Mary Wells, Terry Callier o The Meters (no tanto los discos elegidos, probablemente), pero ya  es más difícil que conozcamos a Black Merda, Bobby Boyd Congress, Bunny Sigler, Clyde King, Doby Gray, Fugi, Kim Tolliver, Maxayn, Ponderosa Twins Plus One, The Stovall Sisters o The Wild Tchopitoulas, por poner solo unos pocos ejemplos.

 

Se agradece a Cunill que no haya elegido el más frío y sencillo sistema de poner estos 150 álbumes uno detrás de otro, en orden alfabético o cronológico, y que se haya trabajado en su lugar seis capítulos según la ubicación geográfica de los protagonistas, cinco en distintas zonas de los Estados Unidos y otro para aquellos que grabaron en el exilio, generalmente en el Reino Unido.

 

Seguramente haya quien crea que pueden haber quedado fuera otros artistas de otras latitudes, pero al menos Cunill se mantiene fiel a los orígenes. Otro elemento acertado es no haberse cerrado únicamente a los artistas de color y, aunque son contados, también hay algún blanco que merece el honor de estar en estas páginas.

 

El último criterio que le ha servido al autor para acotar su obra es el temporal. Aquí estamos hablando de la época clásica del soul, aunque haya habido últimamente una recuperación de su sonido por figuras actuales (Amy Winehouse, Black Joe Lewis, Nick Waterhouse, Eli ‘Paperboy’ Reed, Jesse Dee…) o reviviendo la carrera de veteranos hasta ahora ignorados (Lee Fields, Sharon Jones, Charles Bradley, Sonny Knight, Bettye LaVette…). Según argumenta, solo se ocupa de las décadas de los 60 y 70, su auge y caída, dejando una posible segunda parte a la pluma de otro autor.

 

Con un prólogo de Swamp Dogg y un epílogo de Eduardo Ranedo con unas cuantas verdades incontestables, este es, desde ya, un volumen de referencia no solo en España -no ha sido posible encontrar nada similar editado en el extranjero-, que sirve para ir más allá de los nombres de siempre y, sobre todo, para aventurarse en las páginas menos conocidas, aunque igualmente relevantes y gratificantes, del soul.

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