ERYKAH BADU

 ERYKAH BADU: Baduizm

 erykah badu

            La última mujer de color en cruzar la línea hacia el pop mayoritario con sus confesiones desnudas y total control sobre sus creaciones se llamaba Sade. Erykah Badu y su interminable turbante aparecieron de la nada en 1997 con un disco, Baduizm, romántico, susurrado y que tendía el puente definitivo entre el viejo soul y el moderno rhythm’n’blues de bases hip-hop o electrónicas. Después, una vez desbrozado el camino, la senda la continuaron Lauryn Hill –la que más rendimiento comercial le sacó-, Missy Misdemeanor Elliott y, ahora en el 2000, la revelación del año Kelis. 

El impacto del disco fue incluso mayor que el de Anita Baker con su debut Rapture una década antes. Al igual que ella, Erykah Badu usaba su voz impregnada de jazz para distanciarse de sus contemporáneas; sin embargo, al contrario que la fijación con el pop y el soul de Anita Baker, Erykah Badu –cuyo nombre real es Erica Wright- trabajaba con temas cortados según los patrones del hip-hop, que, gracias a la producción de The Roots, magos en el arte de darle a estos ritmos un sonido orgánico, consiguieron unos resultados que aún hoy dejan sin aliento. 

Evidentemente, a una sorpresa de tal calado había que buscarle una referencia que nos situase. Su forma de recitar hizo el trabajo, asimilándola enseguida a la gran Billie Holiday, aunque su forma de darle una personalidad distinta a cada canción acababa por marcar las diferencias. “Next Lifetime” se convierte en uno de los más maduros tratamientos de la infidelidad potencial que se haya grabado jamás. “Other Side Of The Game” habla de los problemas de una mujer con su camello habitual. “4 Leaf Clover” le debe tanto a Gang Starr como a Thelonious Monk. “On & On” juega con la simbología egipcia. El blues de “Afro” transporta al oyente hasta el Nueva York de los años 50. “Drama”, al puro estilo Marvin Gaye, examina el racismo y su impacto en otros conflictos sociales.  

No es de extrañar que una audiencia urbana se encontrase identificase rápidamente con ella, ni que su afro-excentricidad la colocara en una categoría en la que, en  aquel momento, se encontraba absolutamente sola. Su combinación de soul, blues, jazz, rap y hip-hop hicieron de Baduizm todo un hito y, como no podía ser de otra forma, sentó las bases para que otras cantantes femeninas se adentrasen en un nuevo terreno lírico. Erykah Badu le dio un nuevo significado a la palabra diva, en el que la actitud es reemplazada por la sinceridad y el atractivo sexual se encuentra en la sensualidad más íntima.

 

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