EN CUERPO Y ALMA

En cuerpo y alma

Ildikó Enyedi (Karma)

 

 

Al inicio, con dos ciervos salvajes en un paisaje helado, le siguen imágenes del aséptico –pero brutal, al fin y al cabo– sacrificio de animales en un matadero. Está claro que lo que vamos a presenciar no es un plato de fácil digestión ni un guion que discurra por caminos trillados.

 

La compleja relación involucra en este caso al director de ese matadero con una recién llegada encargada del control de calidad de la carne. Son dos personas solitarias, diferentes al resto de la gente que los rodea, con taras físicas o emocionales: un brazo atrofiado en el caso de él, la incapacidad de relacionarse con otras personas en el caso de ella. Distantes en un principio, poco a poco se van aproximando mientras desempeñan su rutinario trabajo. El catalizador es un robo que les hace descubrir que tienen los mismos sueños.

 

La directora retrata a sus protagonistas con delicadeza y contención, haciéndolos verosímiles a pesar de su singularidad, aunque el personaje femenino pueda parecer exagerado comparado con las representaciones femeninas unidireccionales habituales. Narrada con un control del tempo perfecto por su directora y ciertos pasajes oníricos, la metáfora de los ciervos salvajes acaba por cobrar pleno significado en estas almas gemelas atípicas que conectan a partir de sueños comunes.

 

 

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