ELVIS COSTELLO

Elvis Costello, hay otros caminos

 

        El mismo día, Elvis Costello publicó The Delivery Man, su nuevo disco rock, y Il Sogno, un álbum sinfónico. Asegura que lo hace porque puede y no le importan las reacciones.

Creo haber entendido que tu nuevo disco rock, The Delivery Man, es una historia de cuatro personajes que pretendes narrar en tres discos.

         – No quería contarlo todo de golpe. Quiero que la gente se enganche a la historia, que se componga su propia versión, porque todo lo que hago busca la imaginación. Ése es el trabajo. No hago discos para hacer bailar a la gente. Hago discos para provocar unas respuestas determinadas, para estimular los sentimientos de la gente.

¿Cuál es la motivación que encuentras para hacer discos así, para enfrentarte a cada nuevo álbum?

         – No quiero repetir una fórmula. Podría escribir “Oliver’s Army 2004” y sería un éxito, pero, ¿qué sentido tendría? Sé que soy diferente de muchos compositores; no es que me considere mejor que nadie, pero sé que soy la mejor versión de mí mismo. 

Además de tu disco rock, te presentas con un álbum de música sinfónica, has escrito canciones para otra gente…

– Los últimos dos años han sido muy productivos, pero no es que antes estuviera exactamente muy atareado. Siempre he conseguido trabajar. No quiero decir que fuera completamente infeliz durante esos años; sería muy irrespetuoso con el pasado. Simplemente llegas a un punto en el que tu vida cambia, y ha cambiado profundamente para mejor en los últimos dos años.  

¿Te encuentras cómodo en esta situación? ¿Te inspira ser feliz?

         – A la gente le encanta esa imagen que algunos se han hecho de mí, el padre de los tipos enfadados que odian a las mujeres, algo que siempre he rechazado. Para ellos es muy incómodo darse cuenta de que soy feliz y, lo que es más, que me puedo dar cuenta de mis errores al llegar a ser feliz. No ha sido fácil conseguirlo, pero es algo mucho más verdadero de lo que la gente está dispuesta a aceptar. 

Tu reciente boda con Diana Krall ha supuesto que ella haya compuesto canciones por primera vez.

         – Se trata de confianza. Creo realmente que todos podemos escribir canciones, sólo que no confiamos en nosotros mismos para hacerlo. Todos podemos cantar y dibujar cuando somos niños. Y, después, se nos quita, nos da miedo, nos inhibimos o tenemos un reparo como adultos que no nos permite hacerlo más. Y una de los grandes aspectos de la música es su libertad. No en el rock como lo conocemos. Pero si en el rock’n’roll más puro. El jazz ciertamente tiene esa libertad. 

Te incomoda que te critiquen por componer música sinfónica.

         – A veces, las acusaciones de vanidad por trabajar en otro campo son tan estúpidas… Se deben, en gran parte, al hecho de que tienes una obra expuesta al público durante mucho tiempo o a que es un trabajo hecho de corazón. A veces te apetece agarrar a alguien por el cuello y decirle: ‘¡Es la vida real!’ Te vuelves muy defensivo con las cosas que quieres. 

¿Qué buscabas al editar Il Sogno?

         – No tengo ninguna gran declaración al respecto. Cada vez que cruzas una frontera, alguien te dice que no lo hagas. Pero ya no me importa lo más mínimo. ¿Por qué lo hago? Porque puedo. Me preguntan si lo hago para parecer más respetable. ¿Qué? ¿Están de broma? Se me ha tomado en serio desde que empecé. Hay maneras mucho más fáciles de que te tomen en serio que escribir para una orquesta. 

¿Y ves alguna relación de tus discos de rock con el pasado?

         – No me preocupa en absoluto la relación que pueda existir entre mi música de ahora y la de mi pasado. Tal vez puedas decir que soy yo, pero espero que no te recuerde a ningún otro momento de mi vida. No siento la más mínima nostalgia por mi pasado. Nunca me gustó ser joven, y creo que ahora mismo me encuentro en una cima de mi vida. Hay algunos discos increíbles que estoy orgulloso de haber hecho. Pero no quiero quedarme anclado en un puñado de canciones porque todavía hay muchas canciones por cantar. 

Eres de los pocos artistas que se van apartando del éxito.   

      – Tuve suerte: aparecí en el momento es que podías ser un artista dentro del negocio y que te reconocieran. Ahora la industria es mucho más impaciente. Tuve todo el éxito que se puede tener. Me puso enfermo. En el 79 ya estaba preparado para dejarlo porque no hay nada más vacío que un montón de adolescentes esperando que les cantes “Oliver’s Army” porque es lo que han visto por televisión. Cada vez que tengo un éxito, se convierte en una maldición, algo con lo que tienes que cargar el resto de tu carrera. Tiene que haber algo más en la vida que haber sido famoso por media docena de canciones. No quise que la bola creciera y creciera, así que tomé un camino diferente. 

¿Hay algún tipo de música que te haya llamado la atención últimamente?

         – La música de baile británica ofrece la mayor variedad, más que cualquier otro género. Escucha A Grand Don’t Come For Free de The Streets. Creo que Mike Skinner continúa la tradición de grandes compositores británicos que va de Ray Davies de los Kinks a Madness o los Specials.

Xavier Valiño

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