ELVIS COSTELLO, 10 canciones escogidas

10 canciones escogidas de Elvis Costello

 

 

“Las canciones son lo más importante. Quiero que signifiquen algo para la gente”, aseguró en su día Elvis Costello en la primera entrevista concedida tras la edición de su debut en 1977. “No quiero decir con ello que quiero que tengan que tener un significado. Es simplemente que una buena parte del rock se ha distanciado de la gente. Se ha convertido en ballet o algo así. El ballet es solo para quien puede permitirse pagar por asistir a una representación, no para todos. No puedes ver ballet en tu pub local”.

 

Tras repasar la semana pasada 10 de sus temas que fueron éxito al ser editadas como single, hoy repasamos otros 10 que no llegaron a las listas, pero que merecen ser destacados entre los cientos que ha grabado. Parte de esta información se encuentra –y se puede completar– en el libro Elvis Costello. El hombre que pudo reinar. Podrían haber sido otras diez distintas, pero estas son imprescindibles. Sirva esta revisión para recordarlo y desearle nuestros deseos de una pronta recuperación ahora que se ha retirado de los estudios de grabación y de los escenarios para luchar contra un cáncer.

 

 

1 “Less than Zero” (My Aim Is True, 25-3-1977)

 

Cuando la grabó, Elvis Costello todavía trabajaba como técnico de ordenadores para la firma de cosméticos Elizabeth Arden. En ella cuenta un momento en la vida de una joven pareja que mantienen relaciones sexuales en la casa de los padres de uno de ellos cuando se ven interrumpidos por la aparición en la pantalla de su televisor del líder fascista británico de los años 30 Oswald Mosley junto a su hermana, hablando de sus días de camisas negras en el extremo este de Londres y del regreso a la primera plana de la escena política del Frente Nacional en los años 70. Costello quiso reflejar la ira que sintió cuando vio a aquel fascista, que moriría tres años después, en la televisión. Pero lo hizo desde un enfoque novedoso, al equiparar sus tendencias políticas con las perversiones de un bellaco que comete actos de depravación sexual con familiares y menores.

 

 

2 “Alison” (My Aim Is True, 25-3-1977)

 

En una lista publicada en su día por la revista Rolling Stone, Alison aparecía entre las siete canciones más claramente malinterpretadas de la historia. En el caso de “Alison” muchos la han tomado por una ‘murder ballad’ (‘balada de asesinatos’) en la cual Costello asumiría el papel de un amante despechado que se imagina matando a su ex. Sin embargo, la letra del que fue su segundo single y dio título a su álbum de debut habla realmente de la traición y la desesperación, en un texto con el que el protagonista recuerda a una ex que ha sido pareja de algunos amigos del narrador y ahora está casada, pero no se trata de un asesinato como muchos han especulado. Aunque Costello se ha negado a identificar a la destinataria de sus dardos envenenados, ha dejado caer algunas pistas para saber el origen de la canción, reconociendo que se inspiró en una cajera de un supermercado y añadiendo que “se podría destruir mucho contando de más”.

 

 

3 “Mystery Dance” (My Aim Is True, 25-3-1977)

 

Su sonido, que evoca el primigenio rock’n’roll, envuelve un texto, entre piadoso, realista y humorístico, de un joven atrapado entre el deseo sexual de su primera vez, la frustración de no haber dado la talla y la confusión que se desprende de una situación en la que tanto él como su pareja están dispuestos pero no saben cómo llevarlo a cabo. Su protagonista ha escogido con cuidado su ropa, se ha peinado siguiendo los patrones de la época y seguramente ha intentado dar los pases de bailes adecuados en algún club al que ha acudido con su nueva pareja. Después, hundido una vez constatado el fracaso de su primer encuentro sexual, no culpa a su pareja, a sus padres o a la sociedad por sus dificultades e inexperiencia, lo que sería la reacción más habitual, sino que se da cuenta de su inseguridad y de que sus expectativas eran demasiado altas.

 

 

4 “(The Angels Wanna Wear My) Red Shoes” (My Aim Is True, 25-3-1977)

 

Fue a mediados de 1976, en unas vacaciones de su trabajo en su oficina de Londres, cuando Costello tomó un tren a Liverpool para visitar a su madre. En los últimos diez minutos antes de llegar a su parada, Liverpool Lime Street, concibió una frase, “los ángeles quieren ponerse mis zapatos rojos”, y decidió que tenía un estribillo. En esos diez minutos acabo un relato surrealista sobre un plantón por parte de una mujer y la aparición de ángeles terrenales con alas oxidadas que ofrecen al cantante la inmortalidad a cambio de su calzado, en una oferta de pacto similar a la leyenda que rodea al músico Robert Johnson, quien supuestamente vendió su alma al diablo para poder tocar blues como nadie. La mujer, nada impresionada con ese trato, lo abandona marchando con otro hombre. Curiosamente, Costello había vivido una situación similar en el mismo tren, tres años antes, cuando una joven lo había rechazado dejándolo por un militar.

 

 

5 “Beyond Belief” (Imperial Bedroom, 2-7-1982)

 

Algo atípico en la trayectoria de Costello, este tema no sigue una estructura tradicional, sino que se trata de una sucesión aparentemente inconexa de sílabas y palabras a todo ritmo, superponiéndose a una producción vagamente psicodélica que penetra profundamente a través de los oídos. La poesía suena tan fascinante que eclipsa el significado. En esencia, Costello se contempla a sí mismo con total honestidad por primera vez. La canción menciona el alcoholismo, intentos de seducción fallidos e incluso la fama, sin preocuparle que su persona se muestre de la forma menos favorecedora posible. Casi se puede entender como la crítica más ácida que había compuesto hasta el momento, siendo además él el protagonista de sus dardos, cuando hasta entonces no se había cortado a la hora de lanzar invectivas contra los demás. Según reconoce en su autobiografía, la canción la sintió como una liberación.

 

 

6 “Shipbuilding” (Punch the Clock, 5-8-1983)

 

Clive Langer se había atascado con una letra para una melodía que consideraba la mejor que había hecho hasta el momento. Coincidió en una fiesta en casa de Nick Lowe con Elvis Costello y le preguntó si estaría dispuesto a componerle un texto. No pudo haber escogido mejor: según Elvis Costello, se trata de la mejor letra que nunca ha escrito. En su texto, Costello habla de la prosperidad que la guerra de las Malvinas llevaría a las poblaciones costeras con astilleros, donde se construirían barcos para reemplazar a los que se hundiesen durante el conflicto. Al mismo tiempo, recuerda que parte de la población de esos lugares acabaría participando en el conflicto y algunos perderían su vida en esos mismos barcos. “Es sólo un rumor que se extiende por la ciudad. Dentro de unas semanas reabrirán los astilleros… y darán las condolencias a los familiares más cercanos una vez más. Es lo único para lo que estamos capacitados. ¿Realmente vale la pena?”.

 

 

7 “I Want You” (Blood & Chocolate, 15-9-1986)

 

“I Want You”, traducible tanto “Te quiero” como “Te deseo”, según la obstinación que se vea en el protagonista por el objeto de su deseo, se abre con una melodía pop folk en la que el autor declara un amor incondicional y eterno por su amada. No se puede ser más directo proclamando la pasión amorosa, pero resulta que no es más que el principio de algo que no acaba más que empezar y que seguirá un curso totalmente inesperado. De repente, un acorde lastimero y seco a los 50 segundos cambia la ambientación y pasamos a un negro peligroso, al manual básico de todo acosador que se consume en la locura devorado por los celos. Cantada directamente a la persona objeto de su obsesión, sus versos se van volviendo cada vez más desagradables y desesperados, mientras la voz canta una y otra vez “I Want You” sin ocultar la ira de pertenecer en cuerpo y alma a alguien que aparentemente no comparte esa pasión.

 

 

8 “Tramp the Dirt Down” (Spike, 6-2-1989)

 

“Tramp the Dirt Town”, el séptimo corte de Spike, era un lamento airado y vitriólico sobre el gobierno de Thatcher y su efecto en la sociedad británica. En él, Costello expresa su deseo de vivir lo suficiente para ver a Margaret Thatcher muerta y se compromete a nada menos que “ponerse encima de su tumba y aplastar la tierra hacia abajo” después de confesar que “nunca había pensado que el ser humano pudiera caer tan bajo”. En sus primeras líneas, su letra recoge una escena típica de un político en campaña como el perfecto relaciones públicas fotografiado besando a un bebé. Nuestro narrador interpreta la instantánea en el periódico del día siguiente como el definitivo acto de traición: un beso para el niño en campaña, que ya lo condenará a muerte más adelante.

 

 

9 “So Like Candy” (Mighty Like a Rose, 14-5-1991)

 

“So Like Candy” hablaba de Bebe Buell, la amante con la que Costello convivió varios años, y no hay más. Su relación fue intensa y tempestuosa. Duró desde 1978 hasta 1979 y, tras la ruptura, volvieron a ella entre 1982 y 1985. El final llegó cuando tuvo un aborto de su hijo en común. Blood & Chocolate (Sangre y chocolate), undécimo disco de Costello en 1986, tenía ya en su nombre un origen relacionado con Bebe Buell: cada vez que tenía su período, ella le pedía una barrita de chocolate. No acabó ahí su influencia en los títulos: “So Like Candy”, el retrato del detritus en que se convierte un hombre abandonado, llevaba el seudónimo que él le puso a ella mientras estuvieron juntos: Candy (traducible como Bombón).

 

 

10 “When I Was Cruel No. 2” (When I Was Cruel, 23-4-2002)

 

Cercano al trip-hop de, por ejemplo, Portishead, aquí Costello nos sitúa en una boda condenada al fracaso de una persona mayor en su cuarto matrimonio, esta vez con una mujer más joven. El punto de vista no deja de ser insólito, al estar narrada desde la perspectiva del músico que acude contratado a la ceremonia protagonizada por magnates borrachos y sus insípidas esposas, pero que se resiste a la tentación de articular sus puntos de vista sobre la farsa. Hasta los versos finales todavía es posible imaginar que el narrador es sólo un músico de banda de la boda, ya que no hace referencia a sí mismo. Es entonces cuando un periodista presente lo descubre y se nos revela que el tema es una alegoría de la carrera de Costello: si en su inicio no se ponía límites a la hora de escribir letras incisivas contra todas las personas e instituciones que le pareciera oportuno (“cuando era cruel”, como bien señala su título), a medida que ha ido madurando sus letras han pasado a ser algo menos beligerantes líricamente, decepcionando por el camino a algunos de sus seguidores de siempre que esperaban que continuara haciéndolo.

 

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