EL PERRO DEL MAR

El perro del mar, guarda el último baile para mí

 

         Algo hay en el agua en Suecia. Sus grupos y solistas lo hacen todo tan fácil que parece mentira que nadie lo haya intentado antes. Si la temporada pasada descubríamos a Jens Lekman, en ésta le toca a Sarah Assbring, más conocida por El perro del mar desde que descubrió a un chucho en la orilla de una playa española cuando estaba acabando de dar forma a su proyecto, el que ahora conocemos con un primer disco de título homónimo.

 

Creo que te diste a conocer gracias a un single con Jens Lekman.

– Hice un single a medias con Jens Lekman, pero ya llevaba mucho tiempo haciendo música antes de contactar con él y había trabajado ya con el nombre de El perro del mar antes de hacer algo juntos, así que no diría que fue mi puerta de entrada al negocio de la música.

 

Si alguien me pregunta cómo suenas, siempre contesto “como una Jens Lekman en femenino”. ¿Te molesta?

– No, pero no coincido exactamente. Creo que tenemos formas diferentes de expresarnos y de componer. Él es más un contador de historias, mientras que yo baso mi expresión lírica en los estados emocionales. En su música él está más en contacto con el exterior, y yo no.

 

¿Qué se puede encontrar en la antología Look! It’s El Perro Del Mar, que no ha sido editada por aquí?

– Son todas las canciones que edité durante un año en diferentes formatos, en compactos autoeditados y en vinilos de ediciones limitadas, así que las reuní para publicarlas en Suecia. Lo que se ha editado en Europa y otros lugares es una versión nueva de esa antología con algunas canciones como “God Knows” añadidas para la ocasión.

 

Dices que te llevó toda tu vida estar preparada para hacer ese primer disco. ¿Es la expresión de todas tus experiencias del pasado?

– Sí, musicalmente lo definiría así. Me da la impresión de que todo lo que había estado haciendo musicalmente hasta que empecé El perro del mar fue un período de educación, pruebas y errores en la búsqueda de mi propia voz.

 

¿Cuándo te diste cuenta de que era el momento de grabar y editar un disco?

– Empecé a grabar en serio a principios de 2004. Me llevó un tiempo construir y reunir ideas, y la mayor parte está basado en teorías que tenía en mi cabeza. Musicalmente quería canciones con una estructura básica y mínima, al igual que con las letras, aunque en cuanto al sonido quería intensificar esa idea y llevarla a otro nivel. De todas formas, no había pensado en editarlas. No anhelaba estar con ninguna compañía y, al principio, pensé en publicarlas yo misma. Entonces conocí a la gente del sello sueco Hybris y decidimos trabajar juntos. Con ellos podía seguir siendo yo misma, tener el control y beneficiarme de los aspectos buenos de tener un sello. El primer CDr fue editado en la primavera de 2004 y se llamaba Baby, I’ve Been In A Bad Place.

 

¿Tuvo algo que ver con el momento en el que te decidiste por el nombre El perro del mar?

– Llegar al nombre fue parte de un proceso de recolectar ideas y crear mi teoría. Tuve una vivida y clara idea de lo que era después de salirme el nombre, y me di cuenta inmediatamente de que iría perfectamente con la música que tenía en mente.

 

¿Pueden convivir en una misma canción la honestidad y la perversidad, la melancolía y el sarcasmo? Tus canciones parecen apropiadas tanto para un buen momento como para uno malo.

– Totalmente. Creo profundamente en que la música tiene que ser multidimensional. La música que solamente expresa un sentimiento tiende a ser vacía y banal. Y es cierto que mis canciones son apropiadas para varios estados de ánimo, exactamente, justo como la vida: puedes verla de una u otra forma, según tu perspectiva de ese momento.

 

¿Hay algunos músicos que crees que logran eso?

– Brian Wilson es un maestro en ese arte. También Burt Bacharach.

 

¿Intentas recrear ese sonido ensoñador y voluptuoso en directo?

– Lo intento, pero es difícil. El ambiente en que se desarrolla un directo es difícil de controlar, de la misma manera que lo es grabar. Pero es, definitivamente, mi ambición llegar a controlarlo.

 

¿Te sientes algo más cómoda con la idea de tocar en directo?

– Sí y no. Tocar en directo siempre será algo completamente diferente a trabajar en un estudio. Y es algo en lo que debo esforzarme más. También puede ser algo peligroso: me dañé los oídos en una prueba de sonido en Río de Janeiro y ahora soy muy sensible al volumen alto…

 

En tus canciones hay bastante orquestación y diferentes instrumentos. ¿Se vuelven más desnudas en directo?

– Indudablemente se vuelven más desnudas cuando las toco en directo, pero también es cierto que las escribí así, por lo que, de alguna manera, tengo una relación más honesta con ellas de esa forma. Es algo distinto.

 

Muchos nombres vienen a la cabeza al escucharte. Te citaré tres: Burt Bacharach, Marine Girls y The Ronettes.

– Me encantan los tres. Fueron una gran inspiración cuando grabé el disco.

 

Por último, hay un buen montón de grupos suecos haciendo buena música. ¿Hasta que punto tiene que ver la ayuda del gobierno sueco o hay algo en el agua que bebéis?

– Puede… Nunca debes menospreciar la importancia del dinero y la seguridad que te da para hacer realidad tus sueños. A mí me dieron becas para estudiar durante años con el objeto de desarrollar mis ideas artísticas y componer mi música. Así que le tengo que dar las gracias a Suecia y a nuestro gobierno por ello.

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