EILEN JEWELL

Eilen Jewell, la casa del sol naciente

 

 

 

Nacida en Idaho, Eilen Jewell se marchó a Los Ángeles tras haber estudiado en Santa Fe, Nuevo México. En la ciudad californiana se curtió tocando en las calles, antes de emprender de nuevo camino hacia Boston, Massachusetts. Tras grabar un disco en directo que le sirvió de maqueta de presentación, Eilen debutó en 2006. Tres discos después, a los que suma un álbum de homenaje a Loretta Lynn y otro con su proyecto The Sacred Shakers, acaba de editar Queen of the Minor Key, un título que hace honor a su música y que podríamos traducir por Reina de las canciones en tono menor. Este viernes se presenta por primera vez en Galicia en la Salason de Cangas.

 

Me gustaría saber, para empezar, qué es lo que te empuja a crear, cuál es la principal razón para iniciar un disco. En concreto, quería saber si hubo algún motivo para el nuevo álbum.

– Hago discos nuevos simplemente por el hecho de tratar de crecer como artista. Con este disco quise correr algún riesgo más. Con cada álbum que edito intento buscar una dirección algo diferente, en un esfuerzo con el que intento evitar acomodarme. Nunca quiero hacer el mismo disco dos veces aunque, por otra parte, tampoco quiero hacer algo simplemente por su novedad. En este nuevo disco todo es material original mío, la primera vez que sucede así desde mi debut, Boundary County, en 2006. Y he contado con dos vocalistas invitados, algo que no había hecho antes. De hecho, escribí los duetos pensando en Zoe Muth y Big Sandy. Soy muy cortada a la hora de colaborar con otros músicos, así que pedírselo fue todo un logro para mí. También he incluido dos instrumentales, y no había escrito ninguno antes; no sabía si podría hacerlo, pero acabé componiendo dos. Cada disco me empuja un poco en nuevas direcciones, algo que es esencial para mí.


¿Notas que tu forma de componer ha evolucionado en estos años?

– Sí, creo que ha evolucionado. Ahora estoy más dispuesta a esforzarme para que todo salga bien. Antes solía escribir de forma que todo lo que salía lo hacía de forma consciente, y el resultado podía funcionar o no. Ahora he aprendido cómo perseguir una visión concreta e intentar ajustarla para sacar lo que quiero de ella.

 
Tengo entendido que en el caso de Queen of Minor Key las canciones se compusieron en una pequeña cabaña en las montañas de Idaho. ¿Era necesario ese aislamiento?

– El proceso de composición tenía que ser diferente esta vez en relación con los anteriores, simplemente por necesidad. Cada año que pasa me siento menos inclinada a escribir estando de gira. Me distraen más y más los innumerables detalles de los que me tengo que hacer cargo, que siguen incrementándose exponencialmente y no muestran señales de parar. Con toda esa logística con la que tratar, no hay tiempo alguno para la creatividad. Así que acabé por descubrir que necesito aislarme para componer. En el pasado me recluía en habitaciones de hoteles de mala muerte cuando no estaba en la carretera, pero hacerlo en un hotel de tu propia ciudad es más que deprimente. Esta vez quise ir a algún sitio que fuese lo suficientemente hermoso como para inspirarme, pero tampoco tan exótico que acabase por distraerme. Así que escogí ese lugar en el centro del estado de Idaho al que solía ir de pequeña, a unas pocas horas de donde crecí. Fue como volver a casa. Me pude centrar perfectamente en lo que quería: no había electricidad, televisión, ordenadores u otros aparatos. Fue fácil concentrarse en componer. Escribí la mayoría de las canciones allí.  


¿Tuvo entonces el lugar una influencia clara en las canciones o ya tenías alguna idea de cómo serían antes de instalarte allí?

– Sí lo tuvo, hasta el punto de que hizo que fuese posible, pero solo un par de canciones del disco están directamente ligadas al hecho de estar allí: “That’s Where I’m Going” y “Home to Me” son, probablemente, las únicas que solo hubiera escrito allí y no existirían de otra forma. Las demás estaban esperando a concretarse, inspiradas por otra gente y hechos de mi vida. Necesitaban la calma y la soledad de un sitio así para hacerse efectivas.

 

 

 

¿Te marcaste algún reto en el disco en cuanto a la producción y los arreglos?

– Este álbum se hizo realidad de una forma bastante fluida. Una vez que las canciones estaban escritas, no recuerdo haber tenido muchas dificultades con él. Simplemente lo disfruté. El único reto fue encontrar el tiempo y la inspiración para escribirlo, pero eso se solucionó rápidamente tan pronto como volví a casa en Idaho.


Como has comentado, una de las novedades son los vocalistas y músicos invitados. ¿Cómo asumiste ese desafío? ¿Y cómo ves ahora los resultados?

– Me encanta como quedaron ambas canciones. Zoe Muth y Big Sandy son dos de mis artistas favoritos, así que no podría imaginarme este disco sin ellos. El reto fue reunir el coraje suficiente como para pedirles que colaborasen conmigo, pero una vez que se lo dije y estuvieron de acuerdo, todo salió perfectamente.


Parece haber algún tipo de humor en el título del disco, Reina de las canciones en tono menor, y en cortes como “Bang Bang”. ¿Por qué te apetecía ahora?

– El humor es algo nuevo para mí en términos de composición. Encuentro mucho más difícil escribir una canción humorística que una triste porque la mayoría de ellas me parecen inútiles o ridículas. Quería comprobar si podía escribir con humor, pero quería que lo que hiciese también fuese relevante de alguna forma, no simplemente absurdo. No estoy segura de haberlo conseguido, pero al menos fue importante para mí intentarlo.


¿Cuáles son tus canciones en ‘tono menor’ favoritas?

– Siempre me ha gustado “The House of The Rising Sun,” que ha sido grabada por tantos artistas que me sorprendería que a estas alturas no fuese de dominio público. Creo que la que más me gusta es la de The Animals o, tal vez, Bob Dylan. Siempre me gustaron los “Nocturnos” de Chopin desde que era niña e intentaba tocarlos al piano. Creo que fue con Chopin cuando descubrí mi amor por los tonos menores.


Has hecho giras sin descanso desde el 2005. ¿Dónde las disfrutas más?

– Siempre he disfrutado mucho en España; es, sin duda, un punto álgido en las giras europeas. Mis otros lugares favoritos para dar conciertos son Australia, el Reino Unido, Escandinavia, Irlanda, la parte noreste de los Estados Unidos y, por supuesto, Idaho.

 

Está claro que se puede apreciar en este disco tu amor por España, al menos en dos títulos. Supongo que “Radio City” tiene que ver con la tienda discos que te trajo aquí de gira.

– Sí, “Radio City” se titula así por una de nuestras tiendas de discos favoritas del mundo. Siempre recomiendo a todo el mundo que vayan allí si alguna vez están en Madrid. Le debo mucho a la buena gente de Radio City, así que esa canción es mi homenaje a ellos.


¿Y por qué llamar “Kalimotxo” a una de tus canciones?

– Boise, Idaho, de donde soy, tiene una gran comunidad vasca. Uno de mis bares favoritos allí es el Bar Gernika. Es el único bar de los Estados Unidos que yo conozca en el que puedes pedir un kalimotxo y que no te respondan con una mueca de extrañeza. Yo fui quien introdujo al resto del grupo en esa bebida en las giras y, desde que el resto del grupo se dio cuenta de lo que les gustaba, siempre quisimos hacer un tema surf en su honor, una especie de prima-hermana de “Tequila” o “Church Key” de los Revels. Así que al final la echamos a rodar y hemos acabado disfrutando su borrachera.

 

 


En tus canciones se puede apreciar un sonido cinematográfico. ¿Has pensado o te han ofrecido alguna vez escribir canciones para la gran pantalla?

– Algunas de mis canciones han aparecido en televisión, pero hasta ahora no han entrado en ninguna película. Me encantaría tener la posibilidad de escribir música para una película. Soy seguidora de Quentin Tarantino y un montón de gente me ha dicho que mi música les suena a lo que él utilizaría en sus filmes. Espero que lo haga algún día. Estaría totalmente de acuerdo.

 

Cada persona interpreta la música a su manera. Recuerdo un titular que decía: “Eilen Jewell: suena a sexo y café”. ¿Qué te parece?

– Supongo que no hay una única manera de escuchar música. Me pasa incluso con mis canciones favoritas: cada vez que las escucho aprecio algo nuevo. Alguien escucha sexo y café en mis canciones, otra persona, gimnasia y harina de avena… Para mí ya es emocionante que la gente preste atención.


Además de discos con tus propias canciones, has grabado uno entero de homenaje a Loretta Lynn. ¿Crees que con el tiempo se ha ido olvidando su relevancia?

– Me desconcierta pensar que en algunos círculos Loretta Lynn esté considerada como una leyenda, una diosa musical del country, mientras que, por otra parte, hay un montón de gente, especialmente de mi generación, que no sabe quién es. Así que, sí, creo que se merece más.

 

También hiciste un disco de country-gospel con The Sacred Shakers. ¿Tendrá continuidad?

– Llevamos un tiempo hablando de ello, pero no puedo prometer nada todavía.

 

Zoe Muth participa en tu nuevo disco, como ya hemos hablado. En mi caso, siempre he pensado en gente como Dayna Kurtz al escucharte. ¿Cuáles son tus héroes en el mundo de la música y a quiénes has estado escuchando más últimamente?

– Tengo muchos héroes: Hank Williams, Loretta Lynn, Lucinda Williams, Bob Dylan, Billie Holiday, Wanda Jackson…. Últimamente he estado escuchando un montón a Zoe Muth, Big Sandy & His Fly-Rite Boys, grupos de chicas como The Cookies y el último disco de Fred Eaglesmith, Cha Cha Cha.


¿Hubo algún músico, disco o canción que te impulsase a ser músico?

– Lucinda Williams tuvo una gran influencia sobre mí en cuanto a querer ser una cantautora. Y Billie Holiday fue la primera persona que escuché que me hizo querer ser cantante. Cuando tenía 14 años descubrí una casete de ella en la biblioteca pública y me enamoré de su voz. Recuerdo decirme a mí misma que quería llegar a cantar como ella algún día. Por otra parte, Bob Dylan fue quien hizo que quisiese tocar la armónica y la guitarra.


¿Qué es lo que más y menos disfrutas del hecho de dedicarte a esto?

– ¡Me encanta escuchar a mi banda cada noche! Y me cuesta mucho pasar tanto tiempo fuera de casa. Nunca me había considerado una persona hogareña antes y siempre me gustó viajar, pero estoy dándome cuenta que puede existir el síndrome de ‘demasiado viaje’. Tengo un gato que es como un hijo para mí y lo hecho mucho de menos cuando no estoy.


Por último, ¿cuál ha sido la mejor anécdota que recuerdas?

– Cuando abrí el concierto de Loretta Lynn en el Teatro Calvin de Northampton, Massachusetts, cogí mi guitarra y empecé a tocar los primeros acordes de “I Can’t Help It If I’m Still in Love With You” de Hank Williams, y todo el teatro empezó a aplaudir. Fue un momento verdaderamente hermoso.


   

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