EDÉN

Edén

Mia Hansen-Love (Abordar)

 

Es una historia recurrente, la de jóvenes que quieren serlo eternamente, sin responsabilidades, que se niegan a crecer y se enfrentan a la incomprensión de los adultos. En el cine suele retratarse, especialmente en el caso de los rockeros, con el ascenso y caída de sus protagonistas, mostrando el inexorable paso del tiempo y la llegada a la madurez.

 

Edén cuenta en el guion con el hermano de la directora, Sven Love, quien lo vivió en primera persona como DJ de música house (garage, concretamente) en la misma época en la que surgió Daft Punk, que serían casi los únicos que triunfarían. En el periplo que cubre, 20 años desde principios de los 90, parece que sus personajes no evolucionan, ni siquiera físicamente, mientras viven totalmente inmersos en la música, alejados de la realidad. Hasta que llega un suceso que muestra las debilidades del protagonista, que marca el momento en que debe cambiar.

 

Sí, hay éxtasis y adición, noches de fiesta (imágenes un tanto redundantes) y viajes por el mundo, relaciones esporádicas… Sin embargo, su directora escapa al esquema habitual tratándolo con una aparente frialdad analítica, como un relato desapasionado que incide en el vacío y la falta de compromiso de quienes allí estuvieron.

 

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