DUFFY 2008

Duffy, virando a negro

 

Duffy será toda una estrella, si no lo es en el momento en que leas estas líneas. En pocas semanas va a pasar de ser la pequeña galesa de nombre real Aimee Ann que sólo había realizado un pequeño número de conciertos, sobre todo como telonera de The Magic Numbers, y con una única actuación estelar en la televisión británica en el programa de Jools Holland en la BBC2, a convertirse en uno de los nombres de referencia de este 2008 y de los próximos años.

 

Las noticias sobre su voz, llena de sentimiento, y sobre la belleza y la fuerza de su canción se transmiten ahora mismo boca a boca. En pocos días, encabezará las listas de éxito de medio mundo y seguramente que también en nuestro Estado. Y todo con un único disco, Rockferry, recientemente editado. Curioso para alguien que no tuvo precisamente fácil el acceso a la música, ya que creció en el minúsculo y alejado pueblo costero de Nefyn, en el seno de una familia numerosa de siete hermanos y hermanastros.

 

A pesar de que tuvo que pasar un tiempo en una casa de acogida, después de que la ex-mujer de su padrastro lo intentara matar, Duffy prefiere obviar el incidente. “Nací y pasé mis años de niñez en la costa norte de Gales, en la comunidad de Nefyn, un lugar muy remoto como para dejarte llevar por guerras de estilo o de facciones musicales opuestas. La tienda de discos más cercana requería coger un autobús y sólo tenía un expositor con los discos que están en los primeros puestos de las listas.”

 

Al no tener su propia colección de discos, su primer recuerdo musical es entrar en la cocina de su casa de forma inesperada para encontrarse a su madre y a su padrastro bailando al son de Rod Stewart. Los primeros pasos que dio para definir su identidad personal llegaron cuando le pidió a su padre que le prestara una de sus cintas de VHS del programa de TV de los 60 Ready, Steady, Go! “Actuaban  The Beatles, Rolling Stones, The Walker Brothers, Sandie Shaw y Millie cantando “My Boy Lollipop”. ¡Tan sexy y emocionante! La puse tantas veces que se acabó desintegrando.”

Ésa fue casi su único contacto con el pop en esos primeros años. Siendo una adolescente se presentó a un programa similar a Operación Triunfo de la televisión galesa, en el que quedó segunda. Después, mientras trabajaba de camarera, cantó en clubes de jazz y blues. Intentó una aventura frustrada como cantante en Suiza y acabó editando un EP en galés con tres canciones y colaborando en dos temas del grupo Mint Royale, antes de que dos amigos le presentasen a Jeannette Lee, la persona que iba a cambiar su vida.

 

El productor de su disco Bernard Butler, guitarrista de Suede, entiende que su total falta de conocimientos sobre el mundillo artístico puede haber sido beneficiosa para ella. “Duffy consiguió crecer sin conocer el concepto de lo que estaba de moda o era actual,  de lo que debería gustarle o no, de cómo comportarse o incluso de cómo cantar. Para ella ir a Londres era como un cuento de hadas. Eso ha sido lo mejor: no tenía puntos de referencia ni estaba influenciada por las modas, no conocía a Dusty Springfield y sólo había escuchado una canción de Aretha Franklin.”

 

Durante cuatro años trabajaron para dar forma a su álbum debut. “¿Y qué me dices de venir aquí a componer canciones con un tipo desconocido que le habían recomendado, es decir, yo? Eso le suponía coger dos autobuses y dos trenes, le llevaba todo el día. Después tenía que hacer lo mismo de vuelta a casa, mientras le enseñaba la música que había hecho a señoras de edad avanzada que conocía durante el trayecto. Es harto difícil para el tipo de persona cínica de la industria discográfica asumir lo lejana que ella se encontraba de nuestro mundo, no sólo físicamente sino en todos los sentidos. Así que se trata de una persona que se comporta y canta guiándose de forma instintiva con el corazón. Esto es algo mágico y excepcional.”

 

Duffy conoció a Bernard Butler a través de Jeannette Lee del sello Rough Trade y antigua componente del grupo PIL, quien en agosto de 2004, y tras haber escuchado unas maquetas grabadas en casas de algunos amigos, se convirtió en mentora y manager de la cantante. Para Duffy, tener no sólo una amiga, sino también un punto de referencia y la sensación de seguridad, fueron cruciales para su desarrollo personal y musical al encontrarse en un mundo totalmente ajeno y extraño.

 

“La gente insiste en decirme que he hecho un gran disco. Pero yo no puedo admitir ese comentario, no lo hice sola. Jeannette y yo hicimos “Rockferry” juntas. Ella ha estado junto a mí en cada paso del camino, abriendo mis horizontes, presentándome a personas en las que puedo confiar.” Bernard Butler es, precisamente, una de ellas: tras escribir el delicioso tema “Rockferry” juntos -una canción sin coros, aunque totalmente hipnótica-, al principio del proyecto, trabajaron después en el resto del disco.

 

El disco se abre precisamente con “Rockferry”, la canción que le da título, un tema atmosférico y con un desarrollo  pausado, que fija el ambiente de todas las canciones, una colección que algunos podrán tildar de retro en cuanto al sentimiento -esos ecos a Dusty Springfield, no sólo por su apariencia física, esa onda de grupo con chica al frente-, pero que ella misma se abstiene de definir como clásico. Hay arreglos tan efectivos como los que  Bacharach & David hicieran para Dionne Warwick en sus historias de corazones rotos en los 60 y coros y ganchos como los que lograban los grandes productores de entonces, aunque, por suerte, está lejos de ser un pastiche.

 

En cambio, lo que se descubre es un nuevo talento, una gran voz, que además se ha desarrollado en total aislamiento y no es fruto de una estrategia de mercado o de la influencia de otros grupos o de expertos de la industria. “La gente insiste en preguntarme de dónde viene mi voz y, la verdad, es que no lo sé,” asegura. “¿Porqué tienes tú los ojos de ese color? No tengo respuestas; es la voz que tengo.”

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