DORIAN 2009

Dorian, oráculo espectacular

 

 

 

Con El futuro no es de nadie y canciones como “Cualquier otra parte” dejaron atrás años de intentar tener una repercusión en la escena independiente estatal y no llegar más allá de unos cuantos enterados. Ahora, Mark (portavoz del grupo en esta ocasión), Belly, Bart y Jordi, tras unos meses turbulentos en los que compaginaron la gira interminable del anterior disco y la grabación del siguiente, editan La ciudad subterránea, un disco ambicioso y grande en su sonido y sus canciones.

 

¿Cómo vivisteis la explosión comercial de vuestro segundo disco?

– Yo no lo llamaría ‘explosión comercial’; eso es más bien para la gente tipo Miguel Bosé o El Canto del Loco, que juegan el juego de la industria sin escrúpulos. Lo que sí es cierto es que El futuro no es de nadie fue el disco que colocó a Dorian en la escena musical, y que nos permitió empezar a llenar salas y festivales después de haber luchado durante años.

 

¿Y la gira a la que se le iba añadiendo conciertos, que continuaba y no terminaba nunca?

– La gira se alargó mucho y acabamos haciendo 138 conciertos. Por un lado, nos sentíamos unos privilegiados por estar recibiendo tanta atención y por poder ganarnos la vida con la música pero, por otro lado, empezábamos a sentir la necesidad de tomar unas pequeñas vacaciones y también de hacer temas nuevos, crear música por el puro placer de crearla y no tener que estar siempre fuera de casa. 

 

 ¿Cómo llevasteis eso en relación a la grabación del nuevo álbum? ¿Hubo momentos difíciles para el grupo en este período, en que lo quisisteis dejar o peligró vuestra estabilidad personal?

– El final de la gira se solapó con los primeros meses de grabación y producción de La ciudad subterránea y eso creó una situación de colapso en la banda. Trabajábamos en Dorian siete días a la semana, literalmente, y al final casi saltamos por lo aires. Por mucho que te guste lo que haces, tienes que tomarte tus descansos, porque sino las ideas no fluyen. Yo lo pasé bastante mal, la verdad, porque me quedé sin energía de forma crónica. Resulta que llevábamos dos años y medio trabajando sin parar y no nos habíamos dado cuenta. Todo había pasado tan rápido…Y de repente el cuerpo dijo basta.

 

¿Salió el grupo reforzado de todo ello?

            Por supuesto. Pasamos por momentos muy delicados pero Dorian es sobre todo un grupo de amigos. Hemos pasado juntos por auténticas calamidades, sobre todo en lo inicios, y nunca nos hemos separado. Seguimos siendo los mismos que empezamos hace seis años, y esto es porque tenemos un grado de compromiso muy fuerte con este grupo.

 

¿Qué es lo que pretendíais a la hora de grabar el nuevo álbum y que queríais evitar?

Lo primero que hicimos fue coger la mochila de la presión y arrojarla por la ventana. Empezamos a dejar que las canciones fueran llegando, sin interferencias, sin forzar las cosas, una tras otra, que es el único modo de hacer buenos temas. Queríamos que el disco sonara muy potente, grueso y definido, y eso nos llevo meses de trabajo en el estudio.

 

La entrada del disco es bestial, con una de vuestras mejores canciones: “Simulacro de emergencia”. ¿Qué nos podéis contar de ella?

            “Simulacro de emergencia” habla de dos amigos que han crecido juntos. En un momento dado de sus vidas les llega la hora de decidir si toman el camino fácil o el camino difícil. Resulta que uno de los dos decide tomar el camino fácil, el cómodo, pero que a su vez es el más aburrido, el camino de la rutina, de la muerte en vida, así que el otro se despide de él para siempre. Habla de ser fiel a tus principios a lo largo de tu vida, cosa que es muy complicada pero no imposible.

 

¿Por qué recuperáis “Solar” de vuestro primer álbum?

            Se trata de una de nuestras canciones favoritas. Disfrutamos mucho tocándola en directo, así que hacia el final de la gira anterior empezamos a tocarla para cerrar los conciertos con una versión distinta a la original, algo más oscura y potente. Nos gustaba tanto que decidimos incorporarla al nuevo disco porque encajaba a la perfección con su espíritu.

 

 

Se agradece que hayáis ido a por todas, sin miedo al ridículo, haciendo canciones grandiosas, poderosas, incluso grandilocuentes, con estribillos coreables y, al mismo tiempo, que hablan de experiencias personales. ¿Lo veis así?

            Estoy de acuerdo. Cuando llevas a cabo cualquier disciplina artística tienes que olvidarte del “qué dirán” y escuchar lo que te dice el corazón. Sólo así puedes llegar a hacer cosas especiales, y si te equivocas, por lo menos te habrás equivocado haciendo lo que quieras y no copiando lo que hacen otros o yendo detrás de las modas.

 

Los textos son bastante oscuros. ¿Son esas las letras con las que más os identificáis o las que os salen a la hora de componer?

            Sueles componer cuando no estás bien, cuando sientes algún tipo de carencia o te ha pasado algo malo. Entonces la música hace de terapia y te ayuda a sacar lo que llevas dentro. Las letras de La ciudad subterránea tratan de explorar ese lado oscuro y menos amable que todos llevamos dentro.

 

Aun así, estas canciones son perfectas para la pista de baile, ¿no? ¿Cuántos grupos estatales recordáis haciendo algo similar: pop electrónico de canciones cantadas y con melodías?

            ¡Son perfectamente pinchables y en los clubes suenan atronadoras! Algo similar hacen Mendetz y Delorean, que nos encantan. La lástima es que no haya alguno más que también cante en castellano; sería fantástico.

 

¿Ayuda hacer de DJ para saber cómo construir una canción para que funcione y enganche?

            Eso no se aprende pinchando. La prueba es que hay muchos DJs que no crean temas. Lo que sí se aprende es a producir las canciones para hacer que suenen igual de bien en un coche que en un club o en tu casa.

 

Lo que más sorprende es encontrar a un productor del hip-hop como Dive Dibosso contribuyendo al disco. ¿Cómo le presentasteis el sonido que queríais para el disco y cómo fue su aportación?

– Queríamos producirlo con dos profesionales que no vinieran del pop o del rock, para no acabar cayendo en lugares comunes. Dive grabó y produjo toda la parte analógica del disco (guitarras, bajos, voces, etc.) y Alex Ferrer nos ayudó a hacer las bases y a mezclarlo para que sonara tan compacto.

 

¿Dónde situaríais actualmente vuestras referencias e influencias?

            Mucha new wave (The Church, The Sound, Blondie, Radio Futura, Nacha Pop, Depeche Mode) y grupos actuales como MGMT, Cut Copy o el productor Danger Mouse nos gustan mucho.

 

Supongo que de lo que más contentos estáis es de hacer lo que queréis y tener un éxito -relativo-. Es algo difícil de lograr, ¿no? ¿Por qué creéis que tantos se quedan en el intento?

            Lo más difícil es lograrlo sin traicionar tus principios y nosotros lo hemos logrado, cosa de la que nos sentimos muy orgullosos. Cada grupo es un mundo. Yo te diría que la clave para que la gente te escuche es tener personalidad (aunque no seas el mejor músico del mundo)  y buenos temas.

 

Por último, ¿cuál ha sido la mejor anécdota de este tiempo en la música?

            Tenemos bastantes anécdotas curiosas, pero todavía recordamos el día en que todo el backstage del festival de Benicassim estaba acordonado porque Robert Smith de The Cure estaba a punto de salir al escenario. Toda la prensa y los fans esperaban expectantes su salida, incluidos nosotros, cuando Belly, la teclista, que había ido al baño (y, para ello, había tenido que saltarse algún que otro cordón de seguridad), salió triunfal por donde se suponía que tenía que salir Robert Smith. Todo el mundo se puso a aplaudir y a hacerle fotos porque en realidad con el tumulto que se había formado nadie veía nada. Ella no entendía nada y se la veía muy confundida, hasta que la gente de seguridad la sacó de en medio para que, segundos más tarde, apareciera el verdadero Robert Smith. 

 

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