DIAMOND DOGS LIVE

Diamond Dogs en concierto 

  

 

 

 

Los nórdicos llegan a sus 20 años con una nueva gira que les sirve, también, para presentar su nuevo álbum, Set Fire to It All. El título parece indicar que la banda tiene ganas de prenderle fuego al mundo, de dejarlo todo atrás, de mandar su historia -o la de los demás- a paseo. 

 

No sé si será el caso o los si tendremos paseándose por los escenarios dentro de 30 años, como los Stones. Pero algo en esta gira suena a fin de ciclo, quizás a final de aventura. En la banda ya solo quedan dos de sus fundadores, su vocalista Sulo -el incombustible Sulo, ¡cómo no!- y el teclista Henrik “Duke of Honk” Widen. Eso no quita que por el grupo hayan pasado una parte de los mejores músicos escandinavos de rock de los últimos años.

 

 

Sulo, todavía sobrado de carisma, no puede pretender mantener la misma energía de antaño sobre el escenario -aunque le pone actitud-: pide a su bajista que cante alguna de las notas a las que no llega, deja a la banda sobre el escenario haciendo jams (de lo mejor del concierto; sonaban como un power-trío de blues-rock de los 70) o sopesa y pregunta abiertamente antes de lanzarse si aguantaría su peso un baúl que le serviría para encaramarse a un estrado de madera de los laterales -la verdad, esto se hace por impulso sin pensárselo dos veces o no se hace, al menos en público-.

  

 

  

 

Tampoco el teclado echa chispas, ese teclado que podría erigirse en el estandarte del grupo, como si de Ian McLagan se tratase, y el sonido se resiente por ello. La guitarra suena mal sonorizada, no sucia, puede que también haya demasiado saxofón, pero al menos el bajista Martin Tronsson y el batería Johannes Nordell sí mantienen el tipo; a este último, el más joven de todos, incluso le permiten lucirse en una canción a solas con su guitarra que, la verdad sea dicha, tampoco contribuye a mantener la cadencia del concierto.

 

 

Y aun así, Diamond Dogs recordaron a ratos porque hace unos años eran una de las mejores bandas de boogie rock del planeta, en la onda de los mejores Faces (no su versión descafeinada con Mick Hucknall como cantante, claro). Esas casi dos horas tuvieron, en su parte final, el arranque necesario para levantar al público y recordar que, al menos en Suecia, nunca tuvieron prejuicios a la hora de rememorar aquellos años y hacerlo francamente bien.

 

 

 

(Sala Capitol, Santiago, 25-2-2012. Público: Media entrada. Promotor: Sweet Nocturna)

 

  

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